Tema:Anarquía

Exarcheia, barrio anarquista en Atenas, Grecia.

¿De qué hablamos cuando hablamos de no votar?

Cuando los anarquistas decimos que el voto y la participación en procesos electorales son apenas una expresión limítrofe y mediocre de voluntad política, hablamos en realidad de algo más profundo, y mucho más difícil de comprender para quienes creen que en una figura única y monolítica (llámese candidato, presidente, salvador, partido, color identitario o discursividad aprendida) se encierra alguna posibilidad para las personas comunes.

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Michel Foucault – El lugar común ha desaparecido

El filósofo francés Michel Foucault nos adentra en el momento en el que, de la mano del arte, el significado se diluye.

Michel Foucault. Unattributed.

Michel Foucault. Unattributed.

Hans Magnus Enzensberger – Magro Consuelo

Con profunda mirada anarquista, el poeta alemán Hans Magnus Enzensberger nos adentra en la idea del cinismo como fuerza cultural y como parte irremediable de la condición humana.

Hans Magnus Enzensberger (derecha) con Susan Sontag y Walter Höllerer en abril de 1966, en la reunión del Grupo 47 en Princeton.

Hans Magnus Enzensberger (derecha) con Susan Sontag y Walter Höllerer en abril de 1966, en la reunión del Grupo 47 en Princeton.

Arthur Rimbaud – Vigilia de Embriaguez

El poeta francés Arthur Rimbaud nos narra el carácter liberador, anárquico y transformador del proceso narcótico, luego de tomar hashish por primera vez.

Arthur Rimbaud, aged 17, by Étienne Carjat, probably taken in December 1871.

Arthur Rimbaud, aged 17, by Étienne Carjat, probably taken in December 1871.

Oliverio Girondo – Hay Que Compadecerlos

Oliverio Girondo, poeta argentino embriagado por la alquimia del verbo, nos introduce al irónico problema de la inocencia de las personas políticamente idiotas.

Oliverio Girondo y Norah Lange en El Tigre, Argentina. Ca. 1940. Sin Atribución.

Oliverio Girondo y Norah Lange en El Tigre, Argentina. Ca. 1940. Sin Atribución.

 

Charles Baudelaire – Letanías de Satán

Azar: abro un libro de mi biblioteca y te leo el primer fragmento que aparece. El elogio de la ciencia, la compasión, la templanza, la rebeldía y la belleza (inspiración de Diamanda Galás y muchos otros); un delicado responso para todo lo que cae, de la mano del poeta francés Charles Baudelaire.

Charles Baudelaire par Gaspard-Félix Tournachon Nadar, 1862.

Charles Baudelaire par Gaspard-Félix Tournachon Nadar, 1862.

Mikhail Bakunin – El Gobierno de los Sabios

Azar: abro un libro de mi biblioteca y te leo el primer fragmento que aparece. ¿Deberían las personas más sabias gobernar en las sociedades humanas? Mikhail Bakunin, con su impecable anarquismo, nos explica por qué sería una pésima idea.

Mikhail Bakunin, Unattributed Portrait

Mikhail Bakunin, Unattributed Portrait

Oscar Wilde reclining with Poems, New York, 1882. By Napoleon Sarony.

El Manifiesto Anarquista de Oscar Wilde

De la multitud de textos anarquistas del siglo XIX (el siglo que quizás ofrece la mayor cantidad de referentes para el anarquista escolástico y/o canónico) hay pocos que destaquen por su mirada ecléctica o por su análisis desgarbado. Por el contrario, y a pesar de las afirmaciones de sus detractores contemporáneos, los textos anarquistas “clásicos” suelen ser miradas científicas de hombres ilustrados, sistemáticas y dialécticas, más cercanas a la ciencia política y, por supuesto, a la filosofía;  y no fue sino hasta bien entrado el siglo XX que el anarquismo comenzó a producir textos “a pie de calle” más duraderos y mejor difundidos, ligados al activismo individual e incluso ligados a colectividades o grupos de afinidad.

Es allí donde destaca el texto “El alma del hombre bajo el socialismo” de Oscar Wilde. Aún siendo el producto de un hombre ilustrado y decimonónico, carece del entusiasmo dialéctico de los textos anarquistas de su tiempo y se solaza en una visión utópica fundamentalmente poética y, sobre todo, esencialmente crítica, artística y humanista. Es más el producto de un hombre entusiasmado, de un “agudo simpatizante y observador” (como lo llamaría George Orwell en relación con este texto), y se deleita en divagar por diversos conceptos que le parecen pertinentes de una manera lógica pero también muy personal. Por supuesto es también evidente la influencia de Peter Kropotkin, cuya lectura es bien sabido que antecedió la redacción de este manifiesto.

Así, junto a temas ineludibles del canon anarquista como el estado, la distribución del trabajo, la desobediencia, las prisiones o las diferencias entre el socialismo autoritario y el socialismo utópico, Wilde ingresa temas que no son ni por mucho comunes a los textos anarquistas de su época: el arte, la caridad (un tema sobre el que era muy propenso a escribir), la individualidad, el conformismo, cristo (y el cristianismo), el periodismo y un larguísimo etcétera; lo que da a este texto un carácter a la vez delirante y arrebatador.

Una lectura ineludible para la persona que gusta de la buena literatura o para la persona en busca de visiones aventuradas frente a una realidad cada vez más majadera, cada vez más brutal y, sobre todo, cada vez más alejada de la libertad.

Descarga gratuitamente “El alma del hombre bajo el Socialismo“. También puedes descargarlo desde Archive.Org.

Un mapa del mundo que no incluya Utopía no merece ni mirarse, pues deja fuera el país en el que la Humanidad está siempre desembarcando. Y al desembarcar allí la Humanidad y ver un país mejor, vuelve a poner proa hacia ella.
Oscar Wilde.

Oscar Wilde reclining with Poems, New York, 1882. By Napoleon Sarony.

Oscar Wilde reclining with Poems, New York, 1882. By Napoleon Sarony.

Anotaciones de un hombre ciego 04, por Daniel Iván

El Tornillo como Dios

Ventanas abiertas a la manera inerte de las heridas, se abaten
al impulso y al tiempo, solitarias, en espera de mejores días
o de augurios milimétricos o de la morada propicia para sus olvidos.

Obsecadas, virulentas, parturientas y llenas hasta la espuma
de adjetivos y coartadas, deslizantes, agonizantes, paralizantes
y con una síncopa que recuerda cierta ardiente levedad.

Se les adivina dispuestas al calor acumulativo de la carne,
tanto como al frío burgeois de la astronomía o el matadero,
solidarias como son ante el inabarcable sufrimiento propio.

Es sólo una etapa, les condena así la fascinante opinión pública,
que no se cansa de publicar edictos y homilías ni de parir brillos
que justifiquen para el mundo a los suicidas y a los impuestos.

Es tal la necedad de las nubes, es tal la precisión de los cirujanos.
Ante la perfección matemática de los errores no queda más
que la perfecta mansedad de la épica o del aplauso. Un otoño de la voz.

Brota así la flor del silencio y la trepidación, la genealogía del fuego,
la forma negra y angular de una idea colectiva del paraíso y, a tiempo,
las formas exactas del mundo como debería pensarse en plenitud.

Marciales y provinciales y utópicos, anárquicos y ferozmente autoritarios,
desgranan una forma del conocimiento que alude sólo a su necesidad
de aplauso y homenaje y frotación; a su forma sepulcral de la alegría.

Se evitan así la vergüenza de cometer anatemas y adulterios,
de abrir ventanas a la duda o a la praxis, de exponerse a la verdad o al sol,
enterados como están de la naturaleza traidora y triangular de la vida y sus parajes.

Superfluos y navegantes, hojas llenas de líneas de astrolabio,
muestran al mundo una capacidad irreductible para la parábola,
para el mecanismo dentado y para el tornillo como dios.

No se ahogan ni de broma, no naufragan ni ante una flota hundida.
Una bandera se agita en sus manos, que se asumen sin bandera.
Hacen antorchas del árbol caído tanto como hacen proyectiles del aire que pasa.

Hay algo cómico entonces en todo lo que niegan, en todo lo que expanden,
sacerdotes supremos de una religión de tenedores, sirvientes de la ruina;
algo de ruina en sus saludos, algo de razón inerte en sus plegarias.

Aposentos a medida de todo lo que odian, recintos para la calma criminal,
como en el regazo de un violador se aposenta usualmente un moralista.
Se les talla en la roca la forma galante de las erosiones que los hace eternos.

Aristocráticos para lo burocrático, pierna suelta para el sueño y el insomnio;
buscan perlas abismales a la luz opaca de lo único seguro en ellos: sombra,
atenuada por el fulgor de consignas aprendidas con académica memoria.

Y corremos así al reproche, ingenuos: una forma verborrágica
de lo insignificante. A la luz de lo que se deja ver, dubitativo y estertor,
a lo que haya para decir habría que callarlo de antemano.

Inacabados, motivos de lo inacabado, parcialmente angélicos y elocuentes.
Fibra de un tejido tan nuevo que envejece al contacto con la luz.

Forma de ser o forma de morir, alegato cadavérico: tropiezo en general.
espuma del idilio que al matarnos nos contiene y acelera. Velocidad.

Trago amargo de esta elocuencia. Ámbar de día gris y subrepticio

O tal vez es sólo la delicada rapidez de este derrumbe.

Anotaciones de un hombre ciego 04, por Daniel Iván

Anotaciones de un hombre ciego 04, por Daniel Iván

Antonio Sant'Elia. Studio per centrale elettrica.

Hemos estado dialogando con el futuro

Guerras semánticas, construcción del logos y territorialidad del internet (decimonovena parte)

Este artículo fue publicado originalmente en la revista mexicana “etcétera” en febrero del 2017.

Creemos en el futuro. Hemos creído en él como la única fe que nos queda.

Si bien es verdad que el futuro es incognoscible e invisible, no todo lo incognoscible e invisible contiene el futuro o le pertenece. Lo incognoscible y no evidente contiene al mismo tiempo todo aquello que espera ocurrir, lo inminente y lo irresuelto, pero también aquello que ha estado allí, persistente en su ocultamiento, alejado del teatro de lo cognoscible y por lo tanto incapaz de colocarse en nuestro pasado o en nuestro presente. El futuro está cifrado en sus consecuencias y en su arquitectura tanto como el pasado lo está en sus motivaciones y en su intelecto profundo, ambos sólo cognoscibles a través de los ojos de la ideología y, por lo tanto, artífices de alguna de las formas de la miopía o del engaño deliberado. El futuro por su parte es un nivelador del imaginario y, por lo tanto, trasciende a lo ideológico en tanto sólo puede servir como materia de desengaño: aún las ideologías más sólidas se muerden la cola cuando afirman haberse adelantado a su tiempo, haber anticipado los resultados de la realidad, los de la quiniela deportiva o los vericuetos de la historia por venir.

Posiblemente sea por esa naturaleza de “desengaño” que solemos atribuir al presente que aplazamos permanentemente la llegada del futuro. El presente nunca contiene la sensación de arribo sino de peripecia, nunca tiene el color de lo concretado sino de lo inminente y, en ese sentido, todo está siempre por ocurrir y su ocurrencia pasa casi siempre desapercibida, tal vez porque no nos ocurre a nosotros, tal vez porque no ocurre como lo habíamos anticipado o tal vez porque nos ocurre en lo cotidiano y lo cotidiano nos es invisible.

Nuestra concepción del futuro, particularmente en el pensamiento contemporáneo (posmoderno, si se quiere), acude a una permanente ubicación de su concreción y de su ocurrencia en los niveles del pensamiento, de la materia y del tiempo; es decir en la poiesis, particularmente en el sentido heideggeriano de devenir verificable, de arribo a un estado no transitorio, de florecimiento. Y nos hemos educado para mirar a la tecnología como la vara con la que medimos esa trasformación, ese arribo, quizás como consecuencia de una idea maquinal heredada de la era industrial, quizás porque el pensamiento humano se sirvió de la invención como materialización del ingenio para fundamentar su vanagloria.

Ya sea que la tecnología nos afecte con su relumbrón en las sociedades hiper-tecnológicas, ya sea que nos sorprenda sentados sobre un atado de paja en el medio del impávido tercer mundo, la tecnología es quizás, al mismo tiempo que nos afecta profundamente, una de las cosas que somos más susceptibles de asimilar; no importa si lo hacemos a través de una convulsa veneración o de una profunda indiferencia. “Toda tecnología está destinada al aburrimiento”, me murmura cada tanto la mujer a la que amo, mientras se ríe del fracaso comercial de los últimos modelos de Iphone; y yo asiento pensando que quizás la dependencia que tenemos de lo tecnológico no sea, ciertamente, sino una de las formas más totales del aburrimiento. No deja de recordarme a esa pedantería culterana que venera al libro pero que no lee, a esa agresiva preocupación por el medio ambiente que avanza montada en su camioneta 4×4, a todo humanismo sujeto a las veleidades de una agenda. No deja de recordar, pues, a la ideología.

Pienso en todo lo que no ha arribado, en toda esa poiesis incumplida; no importa si la desilusión nos viene desde la vena cyberpunk que añora los paisajes lugarcomunescos de “Blade Runner”, o desde el grosero materialismo no dialéctico que añora los tenis autoajustables o las patinetas y los autos voladores de “Back to the Future”. Pienso en todas las colonias espaciales que no han sido y que no serán, en los futurismos fascistoides que soñaban mundos ordenados en una paz milimétrica y sin convulsiones, en los estados mundiales de Huxley o Wells. Una quiniela perdida, quizás no por todo lo que no ocurrió ni va a ocurrir, sino aún más por lo que ya ocurre y somos incapaces de ver, por lo que ya ha llegado y tan pronto como ha arribado nos ha aburrido, borrándose así del mapa de nuestra sorpresa y de nuestra idea de futuro.

Quizás lo que no está ocurriendo es nuestra mente, nuestra comprensión de las cosas. Quizás somos nosotros los que no llegamos ni en el pensamiento, ni en la materia, ni en el tiempo, a un futuro que ya está, que ocurrió, que nos supera.

Hace poco, Sarah Nyberg[1] dejó entrever las posibilidades del diálogo político dirigido por bots a través de un experimento llamado “@arguetron”; un dispositivo programado en Javascript que, usando la librería Tracery (un pedazo de código que rastrea trend topics y los términos semánticos ligados a ellos), genera de manera automática tweets que buscan provocar particularmente a los miembros de los grupos de la derecha más recalcitrante y que jugó de manera muy intensa durante las elecciones presidenciales estadounidenses. El bot tiene varias particularidades pero la más sobresaliente es la de que sus “opiniones” autogeneradas son casi siempre neutrales y se asemejan mucho a las que sostendría una persona, digamos, políticamente correcta en el presente contexto mundial. Otra particularidad es la de que el total de sus interacciones (las que tuvo antes de ser revelado el hecho de que se trata de un bot, lo que llevó al experimento a decaer irremediablemente y a ser sólo continuado por algunos despistados que no se han enterado) fueron intercambios con personas intensamente ligadas a los más bajos fondos de la derecha ultra nacionalista y partidaria de la supremacía blanca estadounidense. La izquierda liberal o radical no pareció mínimamente interesada en el bot, ni siquiera para defenderla (el bot adoptó el nombre “Liz” para su personaje digital) de los durísimos ataques que los neo nazis le prodigaban.

@arguetron tenía clarísimo que no podía agredir ni confrontar: únicamente replicar, argüir, sin responder de modo alguno a los crescendos emocionales de sus adversarios, lo que la hacía aún más irritante y, por supuesto, lo que provocaba que las discusiones se prologaran a veces por semanas enteras en argumentos cíclicos, repetitivos, extenuantemente previsibles, siendo siempre los participantes humanos quienes abandonaban por cansancio.

¿Una unidad de código ganando un debate político en la esfera pública humana? Podríamos aceptar el argumento de que el bot no le ganó precisamente a la parte más brillante de la humanidad, ni a la que se espera más articulada o instruida pero, ¿qué nos dice que @arguetron haya sido capaz de la más neutral de las correcciones políticas, qué nos dice que sus argumentos le vengan como anillo al dedo a todas las ideologías que hoy delinean lo que entendemos como “el humanismo”?

¿Nos estará diciendo algo o, en todo caso, es sólo una forma del silencio?

¿Es, quizás, el futuro mirándonos llegar y no llegando?

Daniel Iván
www.danielivan.com

[1] Sarah Nyberg es una cyberactivista transexual muy popular y controvertida a quien, entre otras cosas, se le atribuye un gran poder por sus opiniones críticas en las discusiones Gamergate –un trend topic mundial que discute problemas de sexismo, agresividad y exclusión en la industria de los video juegos– y a quien, al mismo tiempo, se le ha acusado de pederastia por la publicación de registros de conversaciones en salas de chat de los años noventa. Nyberg es para muchos la definición misma de los horrores que subyacen en los rincones más oscuros de internet y para muchos otros una especie de nuevo Aaron Swartz (uno de los niños prodigio de la última generación de codificadores).

Antonio Sant'Elia. Studio per centrale elettrica.

Antonio Sant’Elia. Studio per centrale elettrica.