¿Cómo podría dejar de serlo? Uno de los mayores crímenes de estado cometidos en México, la matanza del 2 de Octubre de 1968, sigue siendo hoy, octubre del 2006, uno de los más grandes motivos de desaliento, de lectura entre líneas, de rabia y entrevero, de la realidad mexicana.

Es imposible comprender el presente de México sin revisar ese día y sus resultados. Sin soslayar el hecho incontrovertible de que los responsables de ese horror siguen libres, durmiendo en sus casas, esperando a morir de viejos. Es imposible no recordar que la suprema corte de “justicia” de este país nos regaló -o les regaló- la infame certeza de que sus crímenes “han caducado”. ¿Cómo caduca una vergüenza y un crimen de esa magnitud? ¿Cómo caducan esos muchachos y muchachas muertos, vejados, humillados? ¿Cómo puede caducar la muerte del espíritu de una nación? ¿Tiene fecha de caducidad la justicia, tienen “dead line” el espíritu humano y la dignidad?

Aunque no haya respuesta posible a esas preguntas (porque no hay quien, con rostro visible, pueda contestarlas), uno no puede dejar de pensar en lo que, en retrospectiva, le ha significado ese día a este país. Más allá de marchas conmemorativas -a las que siempre hay que ir, aunque sean poco menos que, como dijo el poeta, un recuento de los muertos que somos-, pienso que, de manera más profunda, el mapa de la izquierda mexicana nos puede decir mucho más del fardo infame que esa fecha, 2 de octubre de 1968, le ha impuesto a las luchas que han sido, desde entonces, en este país.

Por supuesto, la desolación no honra pero sí ennumera (y claro, levanta ámpula y estadística). Y si ver a Elena Poniatowska asuzando a las huestes pejelagartistas, no contra el capital o contra el gobierno espurio o contra los grandes intereses económicos, sino contra el SubComandante Marcos, no es una de las cosas más desoladoras que le hayan pasado a la izquierda “iluminati” de este país, no sé que chingados pueda ser. Lo que de historia y movimiento ha perdido la izquierda mexicana -sin duda pérdida mucho más clara, infamemente clara, luego del pasado 2 de julio y, peor aún, luego del pasado 16 de septiembre del 2006, en la “convención nacional democrática”-, es indiscutiblemente el peor homenaje para nuestros muertos, los del 68 y los de la muerte chiquita en tantos absurdos, en tantos Acteales, Pasta de Conchos, Atencos, etc. Porque esos también se murieron.

Dentro de 2 años se cumplirán 40 años de este evento. Ya se estarán organizando las comisiones para la conmemoración y se estarán viendo las formas de hacerlo lo más corporativo posible. Y me temo, profundamente, que será sin remedio una fiesta de muertos.


2 de octubre de 1968

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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