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Es el tiempo,
ciudad sin tiempo.

Es el juego
de odiarnos porque sí.

Es mi viejo
y olvidado temor;

es renacimiento
de morir al verte por primera vez.

Ciudad de fango y de mentiras;
de soldados ancianos, cabellos en ruinas,
amargos, silenciosos y perdidos;
sombras que se pierden al decir adiós.

Ciudad de niños que se desvanecen;
suicidas mentirosos, ansiosos por saber
algo que apenas sospechan;
desierto de adolescentes fastuosos,

violentos en su advenimiento accidental.

Buscar
dónde enterrar el amor…

Sin ti,
sin padre y sin autor.

Recuerda cerrar la puerta al abandonarnos.
Recuerda cancelar tu cita con tu Dios.
Recuerda alejar tus pies de nuestra prisión.
Recuerda llevar tus alas con el carnicero.

Ciudad de ancianos cansados de morir,
que cargan la lluvia que empaña nuestro invierno,
la lluvia que apaga nuestro infierno
y que pone fin a la sequía de este desierto

apenas conocido.

Cuántos mitos encerrados en el cofre del sacerdote;
cuántas cajas fuertes al servicio del ladrón;
¿porqué no contar puertas atoradas por ahí?;
¿porqué no contar jueces, policías y asesinos?

Tal vez el juego ya esté completo.

Ciudad de niños apagados por el miedo;
adultos por nombre y por costumbre,
alcohólicos por fin, y sin fin la sonrisa;
el juego de la ruleta rusa, al fin…

o el juego del preservativo que se rompe,
de la esperanza que se rompe.
Esperábamos que no se repitiera
nuestra triste y eterna historia:

Padre por padre, ojo por ojo
y diente por diente.

Ciudad de niñas violadas por papá;
ciudad de antiguos enemigos;
de fantasmas y de ausentes;
de calles que dan miedo

y de miedos que dan calles.

Ciudad de fábricas de plástico;
ciudad de oro robado de la ciudad de oro;
ciudad de un cuento amargo de borracho;
ciudad de humanidad.

Ciudad de espejos rotos.

1992

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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