miro por una pequeña ventana. los ojos de mi hija o los del diablo. para el caso es lo mismo, o trágicamente lo mismo. la luz es tenue y tiene ese olor a manzana podrida que es tenue igual. miro y me pregunto, con la ingenuidad de un niño. no obtengo respuesta y, sin embargo, me siento invadido de respuestas.

– llegó la pizza -dice ella con la voz apagada de tequila, medio colgante, medio babeante. imagino una palabra colgando de sus labios. quiero vomitar. el baño es una bruma distante y se ríe de mí.

los ojos de mi hija parpadean con una intensidad siniestra. imagino el mundo como un estrobo infernal en sus pupilas; ya de por sí confuso, el mundo debe ser poco menos que de muerte con esa mirada intermitente.

zapatos de tacón y medias negras: no necesita nada más.

– pizza al hotel, tremendamente original.

la miro en su desnudez de clave morse. sé que la odio y que odio verla con los ojos de mi hija, o del diablo, para el caso es lo mismo. recuerdo entrar en el antro y subir esas escaleras difíciles, demasiado empinadas, demasiado hacia arriba. quiero bajar, quiero bajar. me abordan dos putas y me dicen que vaya a la mesa a recibir mi tarjeta de descuento. y tres pedazos de mierda. llega el mesero y sirve, con toda la iniciativa del buen ladrón, tres copas. 10 dólares. no toco la mía, ellas no tocan las suyas. me dice que la tarjeta de descuento me permitirá desvirgar tres niñas o lamerle el culo a la virgen maría, lo que prefiera. llega el mesero y sustituye las tres bebidas intactas por otras tres, distinto color, tan intactas como las otras, tan vírgenes como yo.

– los gringos están atacando a la resistencia iraquí.

televisión en los hoteles. soledad, demasiada soledad, demasiado de ese afán por mirarse a uno mismo en un vacío de colores. tres nuevas bebidas y ahora cuestan 20 dólares. debe ser que la tintura para alcanzar el nuevo color es mucho más cara, difícil de conseguir o que posee propiedades analgésicas o semánticas irrepetibles. nadie toca las bebidas; por mi parte, entendí pronto que no importaba la bebida sino importaban los dólares; joder, no hay problema. puedo morir sin dólares, pero tanto da. una de ellas me soba la entrepierna y me da un teléfono que finjo memorizar: puta mala, infiel, y el teléfono que me invita a su negocio personal, aquí te van a sacar tu dinero, pero si vienes conmigo te daré el mejor servicio, y me dice cosas estúpidas sobre su incipiente debilidad por mí.

– es increíble -me dice ella, sentada en la cama, la pierna cruzada que no alcanza a evitar que el vello púbico salte entre sus muslo gordos. echo un vistazo: un par de negros le hacen una doble penetración a una chica especialmente petite. no, no es increíble; es sólo una farsa, que no te exige creer. la pizza se enfría. todo se enfría a mi alrededor.

las bebidas son sustituidas, la mesa brinca ante el tamaño descomunal del mesero, que comienza a mirarme amenazante cuando mira que se acaban los dólares en mi cartera. aún así, se aventura y sustituye las tres bebidas intactas del color bendito por una cubeta con una botella y tres copas y 30 dólares de pormedio. siento que me están jodiendo, pero recuerdo que estoy de todos modos bien jodido. disfrútalo: la puta mala te soba la entrepierna y afuera nadie te espera.

ella termina un pedazo de pizza; se limpia la boca con la mano, en un gesto que no puedo evitar etiquetar como “francés”. miro sus piernas que se abren sutilmente, muslos gordos que quieren ver el cielo. está cayendo la resistencia iraquí, pero eso era de esperarse. ¿Faluja? ¿Faluya? tanto da. preferiría quedar ciego ante esto como ante todo; no aceptar los ojos de mi hija, o los del diablo, para el caso es lo mismo.

-te amo -le digo.

y en esa frase me reconozco. y esa frase la digo porque sí.

The following two tabs change content below.
Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

Latest posts by Daniel Iván (see all)