Y bueno, recuperé la alquimia en poco menos que un parpadeo. Me dejé llevar de la mano de una síncopa (que no son cinco gordas borrachas haciendo eses por el camino), me dejé marcar el ritmo por una canción reciclada de los stones. Se me apareció jesús el cristo y me ofreció una botella de medicina (similar) con la fecha de caducidad vencida hace 30 siglos. La recibí por no dejar. Uno hace ese tipo de cosas cuando va vestido a medias de impudicia y levedad.

Pero recuperé la alquimia. Como un regaño de Rimbaud el salvaje. Me asomé de nuevo a un par de tetas (nada del otro mundo, apenas las tetas de la prima de un amigo, que de casualidad tuvo que manejar para llevarme a mí y a los cofrades a un antro de mala muerte para tocar una música de peor muerte). Pero le chupé la cara, el cuello, le saqué a pasear las tetas y me asomé a ellas como en tono de herejía. También se las chupé, claro está, porque uno no saca a pasear a un par de tetas para no llenarlas de saliva y de brillos de noche fría. Me encanta el invierno, porque las tetas se ponen duras y altivas y no tiene uno que hacer el más mínimo esfuerzo para conseguirlo. Basta con sacarlas y ellas solas se conmueven.

Luego, ella me chupó la verga, pero eso es otra historia. También intentó meterme un dedo en el culo, pero la posición no ayudaba y, además, esa es también otra historia. La historia que es esta es la de su lengua enredada en mi boca, la de nuestros cuerpos temblando de frío y de olor a madera en el asiento de su auto (me encanta la noción de que en este lance yo no puse nada sino cuerpo; nada era mío, y pienso ahora que tal vez ni siquiera mi cuerpo). La historia bajó de la idea del cielo a la idea del asiento delantero de un auto viejo. Incómodo como un ataúd pero efectivo para mirarnos a los ojos y mandar a la chingada la decencia. Ella a veces se asomaba a mirar si no venía la poli, afligida por sus tetas, pero luego regresaba a lo suyo íntima, despreocupada, criminal. Yo pensaba “en esta ciudad no hay polis”. Pero luego pensé que, en su desatino, podrían incluso materializarse ahí para joder esta historia de tetas, sólo porque sí, sólo porque les gusta joderlo todo.

Al final, me enfrenté al frío y me despedí de ella y de su auto (últimamente ando en la onda de ser estrictamente agradecido). Y entonces ella, aún con rastros de mi saliva en la cara y de otras sustancias más subrepticias me hizo la pregunta más hermosa que nadie me ha hecho después de hechos semejantes:

“Eh… ¿cómo te llamas?”

No podía estallar en el frío de las dos y media de la mañana en carcajadas (podía alterar el orden de la noche, las masturbaciones de las adolescentes, los crímenes que se estuvieran cometiendo). Pero lo hubiera hecho de buena gana.

Me llamo Fibra Óptica.

Y me siento divinamente utilizado.

Imagen de portada: Group portrait of Axel Gallén (close to the model’s knee) with his colleagues at Académie Julian in Paris, in the 1880s, unattributed.

 

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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