Además de ser un retrato inefable de la tensión sexual (y no sólo de una tensión sexual simple, sino de la que se establece entre un hombre mayor y una mujer relativamente joven) llama la atención en esta imagen la impudicia con la que Ernest Hemingway le enseña la panza a Jean Patchett. “¿Le gusta acariciar a mis gatitos?”, parece preguntar la mirada lúbrica del viejo y gordo Ernest, a lo que la joven Jean responde con una caricia cómplice a los pectorales del gato y con esa mirada perdida de las mujeres que anticipa otras complejidades; la mirada perdida en los pectorales de Ernest, por si no quedaba clara la señal enviada por la caricia fugaz obsequiada al gato. Si después de esto no hubo por lo menos un acostón de magnitudes épicas, toda la escena y la foto no tendrían sentido.

“¿Un juguito?”, preguntó Ernest después del sexo; o sea, demasiado tarde. Se perdona; son las distracciones propias de relacionarse con una de las modelos más famosas de su tiempo.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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