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No hay agua para una riada ahora. De hecho, el río está bastante más bajo que la última vez, no sin su inmutable fluir de placenta desquiciada. La Maga me ofrece una materia evanescente; como las alas de una mosca, como los entreveros de toda complejidad posible. “Es el esqueleto de las hojas”, me dice con sinceridad cadavérica. Y como apéndices de una calavera improbable, la urdimbre de estas hojas nos da material suficiente a mi hija y a mí para elaborar una digresión, mientras la Maga sigue su recolección de esqueletos: “a mí me parece más como las venas de la mano de mi abuela”, me dice Eva. A lo que replico, perplejo por la consecusión más bien fractal de ideas: “a mí me recuerda ríos: así debió verse el mundo cuando realmente había agua”.

Luego pienso que es increíble, todavía, lo que le cabe a la hoja de un árbol cualquiera.

@flickr.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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