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Es curioso –mórbidamente, se entiende– observar árboles heridos. Más porque el acto salvaje –el acto que provoca la herida– es casi siempre propio de la naturaleza humana y justificable de alguna extraña manera: había que hacer fuego (pretexto imbécil, por lo demás), había que grabar las iniciales del amor en turno (motivo poético pero no menos imbécil), el árbol estaba enmedio del paso de alguna estructura humana majadera y torpe (como todas las estructuras humanas), alguna divinidad tarada decidió que le cayera un rayo encima, etc. Haya sido por máquina, por afán o por simple falta de talento, los árboles lucen sus heridas con una dignidad que siempre me recuerda a la historia. La nuestra, la de los seres humanos: una historia de árboles heridos.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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