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Por infame que suene lo que voy a decir -y tomando en cuenta que su objetivo último es el de ser una idea infame-, cuando veo una vaca en estas condiciones no puedo dejar de pensar en la idea de la maternidad. Sobre todo, de la maternidad llevada a cuestas (distante de la maternidad voluntaria por mil años luz de diferencia); de esa maternidad estúpidamente abnegada, sufridora por vocación, de talante amargo, de culo gordo que nada opone a la fuerza de gravedad. Esas matronas que arrastran a los hijos cuando su verdadero deseo es enterrarlos bajo tierra. Esas que dan leche como destino ineluctable; que se dejan ser, que carecen de voluntad o destino, que tienden al grito y al llanto y a mirar horizontes en la televisión y a huir del orgasmo y del sexo oral.

Las miro así, echadas y culigordas; tan lejos del goce. Nadie -ninguna vaca y ninguna madre- se merece ese detino.

@flickr.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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