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El mate es un acto -más que una bebida- cuya nobleza estoy lejos de comprender: cebar la yerba es un arte, calentar el agua otro tanto, tomarlo no cualquiera (por lo menos de este lado del mundo), limpiar mate y bombilla un acto de prestidigitación; tomarlo dulce una herejía para los puristas (que los hay hasta para esto), tomarlo frío un improbable eclipse de civilizaciones, tomarlo con leche una frontera de delicatessen, tomarlo hervido un ideal -si lo hay- de sustento en la probreza. Asumiendo que estas vicisitudes me ocurren únicamente por la improbable casualidad de que vivo con una mujer argentina, tengo que decir en mi favor que la ruta del mate me ha sido tan natural como inevitable; más que un acto de amor, un acto de entendimiento profundo. Como el barco que reconoce en una estrella el brillo del faro.

Eco de mi tripa, tomar mate me recordará siempre el acto -más complejo pero no menos importante- de ser feliz.

@flickr.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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