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A La Maga y a mí nos ocurre (sí, evoco dos veces a Cortázar; pero sólo porque creo que no sólo hay que mencionarlo hasta el cansancio sino también, de hecho, leerlo) que en ciertas tardes nos gustan los árboles en flor. Nos gustan sus estallidos, sus anatemas. Tanto nos gustan que planeamos un robo: queremos llevar un cerezo a nuestro patio. No éste, que florece como el árbol de nubes que es en el “parque” del lugar en el que vivimos, a unos pasos de nuestra puerta; sino uno cualquiera, uno que nos encontremos  tirado por la calle, uno que nos regalen los amigos, uno que baje del cielo para abrirse junto a la huerta de casa. Uno que quiera estar con nosotros.

El robo consistirá en que habrá menos nubes en el mundo, muchas más en nuestra ventana.

PostScriptum: ¿Alguien sabe si los cerezos prenden con un piecito, o es necesario comprar el árbol entero?

@flickr.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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