Click para ver en grande

La definición de Comte de Lautréamont del “surrealismo” como el encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas sobre una mesa de disección es hoy uno de los lugares comunes más sobados -triste destino para Isidore Ducasse, huelga decirlo-; y, claro, el término surrealista* es una de las palabras más lumínicas para detectar a un artista pretencioso y bobalicón de otro más o menos serio. Básicamente, se usa la palabreja para definir cualquier estupidez; y si usted encuentra a un artista que define su obra como surrealista ya puede salir corriendo con gran espanto, que esa persona no es artista de nada sino lo que definiríamos en México con el irremplazable término de farol.

Como sea, y luego de pontificar estúpidamente como acabo de hacerlo, les aclaro a mis tres lectores: hoy me vino la mentada cita de Lautréamont a la cabeza, pero sobre todo por la palabra fortuito. No sólo en su sentido de “casual” o “imprevisto” ni en el más oscuro de “accidental”; sino en el más profundo, para mí: “al azar”. Me preocupa que Lautréamont, que explicó tantas cosas y tan claras en sus Cantos de Maldoror (tan claras que todavía hay adolescentes darkis que no las quieren ver ni entender, por puro berriche) no nos haya explicado a ciencia cierta qué implicación profunda tenía para él la palabra “fortuito” en relación con el encuentro de una máquina de coser y su paraguas en la mesa donde le hacían la autopsia. Queda claro que desde hace mucho, y casi como parte de una certeza academicista, la noción de azar se opone exclusivamente a la de “destino”, a la de “predestinamiento” y a la de “predestinación”. Si todo es azar, nada puede estar predestinado. Si todo está predestinado, nada puede ocurrir al azar. Ying y yang, puro maniqueísmo, y deje usted de pensar que a este mundo vino a trabajar y comprar.

Sin embargo, la noción de “destino” es más propia de la mente mágica, asociada como está a la superioridad improbable de un poder ante cuya magnificencia sólo nos toca rendirnos y, diría mi madre, “apechugar”. Resignarse, pues. Y en eso se parece muchísimo al azar, irónicamente. Más aún, el azar es todavía más propio de la mente mágica: un caos que lo es todo, un universo sin órden ni concierto, la licuadora metafísica.

Cuando Benoît Mandelbrot propuso la naturaleza fractálica del universo y, particularmente, de la estructura del universo, no sólo redefinía la concepción del espacio como evento geométrico; me parece que lo que redefinía mayormente era la naturaleza de lo que ocurre; porque el espacio, como cualquier otra cosa, tiene que ocurrir. Y lo que ocurre, desde esa perspectiva, lo hace como una repetición a diferentes escalas de lo mismo. Ya Federico Nietzsche planteaba el dilema de la existencia llevada a la repetición absurda en su Eterno Retorno. Mandelbrot podría proponer entonces una comprobación matemática de un retorno que no es ni siquiera tal, sino más bien la repetición de una geometría que sólo puede tender a lo pequeño, es decir, a la evocación en sí mismo de una realidad más grande.

Una redefinición de lo fortuito. Del azar. Del accidente que ocurre como repetición de otro, más grande, que ocurre en el mismo espacio porque, a su vez, el espacio está también ocurriendo.

Entonces este pavo, este baúl, ese trapo, ese árbol, ese patio y este mundo, no son surreales; y lo digo con todo respeto, don André Bretón. Son apenas fortuitos; en el sentido de lo fortuito que se repite, que se busca a sí mismo. Si usted fuera capaz de mirarlo de muy lejos, o de muy cerca, se daría cuenta de que son sólo la repetición de otro pavo, otro baúl, otro trapo, et.al. No tienen nada de raros en el espacio que ocupan; como tampoco lo tuvo nunca una máquina de coser cuyo paraguas le evitaba la pena de estar sola en la mesa de disección.

Y me atrevo a decir que, en su infinita maledicencia, Lautréamont se lo pudo haber imaginado.

@flickr.

TresSeisCinco.danielivan.com

* Aclaro mi virulencia: hace poco, alguien definió un par de mis fotografías (y particularmente la fotografía “La nube y la doncella“)  como “surrealistas”. Me cago en ese término usado para algo que no esté ligado temporal e históricamente con ese movimiento.

The following two tabs change content below.
Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

Latest posts by Daniel Iván (see all)