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Nuestro gato Teodoro W. Adorno -quien además de filósofo de la Escuela de Frankfurt es un tipo desgarbado, de pelo enhiesto y rebelde, tuerto del ojo derecho, negro y que gusta de mojarse bajo la lluvia, sólo dios sabe por qué- ha hecho muy buenas migas con esta rubicunda vecina nuestra. Otra vecina rara; aunque esta no se define necesariamente por su tendedero, sino más bien por las largas jornadas que pasa tendida en este pasto al que, por cierto, mantiene corto a falta de jardinero. Entre otras particularidades, esta vaca tiene dos muy notables: deja que Teodoro W. Adorno se acueste a su lado -a veces incluso sobre ella- y tiene un sentido del tiempo la mar de profundo; si no vienen por ella en tiempo y forma tiende a protestar con las sonoridades propias de una vaca y con una energía apabullante. Se coloca junto a la puerta del lugar y espera, nada pacientemente. Podría decirse que es una vaca que define la impaciencia. Podría decirse, también, que me recuerda a mí mismo cuando tenía que esperar a que mi madre fuera a recogerme al instituto salesiano en el que pasé las más desventuradas jornadas de mi educación primaria.

Como sea, esta foto me costó casi un mes tomarla y se la debo al ojo atento de La Maga: la puñetera vaca parecía medir cada vez que yo iba a intentar la foto y, por pura mala leche, se movía justo cuando regresaba con la cámara. Hablando de impaciencias (o de objetos que uno debería procurar tener a la mano).

@flickr.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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