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¿Qué hay en la nariz? ¿Quién no ha padecido su nariz? ¿Quién no ha nacido a una nariz pegado? ¿Quién no la odia por grande, por chica, por mediana, por mediocre, por dominante, por costumbre, por ancha, por respingada, por redonda, por analfabeta, por delgada, por gorda, por violenta, por sumisa, por peluda, por calva, por tener dos agujeros en vez de dos estrellas? ¿A quien no se le han quedado mirando a la nariz, como si ese imposible apéndice en el centro de nuestra cara estuviera pensado sólo para ser visto, y nada más? Si alguien hurga la nariz de otro podría decirse que son más que amantes, que no hay más intimidad posible. Somos de esas especies que ganan o pierden por una nariz; como los tucanes, los elefantes, los caballos de carreras, los osos hormigueros y los curas con tendencias comunistas. Si de narices se trata, daría lo mismo tener el ombligo en el medio de la cara; con la ventaja de que al ombligo no es difícil hacerlo sonreír. Uno puede nacer sordo, mudo, mutilado, anonadado, loco, deforme, idiota, triste, pendenciero, burocrático, aristotélico; pero raras veces sin nariz. Una imperfección en la nariz es inevitable, inocultable; nos sirve de bandera, de retrato, de asterisco. Nos derrota de antemano.

¿Qué hay en la nariz que es tan nosotros?

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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