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Hace algunos días me acordaba de “La Ciríaca”. Una pequeña calavera de plástico que los merolicos solían usar (hace años que no veo una) para hacerse el día vendiéndolas a los transéuntes. La puesta en escena era inmejorable: el merolico interactuaba con la pequeña calavera de plástico, que adoptaba distintas posiciones e incluso llevaba a cabo inciertas actividades ante la mirada atónita de los testigos. Era obvio que no era el merolico quien animaba el chisme, con lo que en el aire quedaba la sensación incierta de magia y timo. Claro, si uno observaba con detenimiento era fácil determinar que siempre había un segundo, un “complice”, que era a quien la Ciríaca le debía la vida. Un dios en la sombra, que jalaba los hilos transparentes del artilugio. Si uno quería, el merolico te vendía una réplica exacta del esqueleto animado y, si tenías suerte, hasta te enseñaba a usarlo. Esta fotografía es uno de los 450 fotogramas de un fragmento en stop motion de un proyecto conjunto entre La Maga y yo, del que mis tres lectores luego se enterarán. El esqueleto NO es una ciríaca, sino una calavera articulada de barro comprada por La Maga y yo en Michoacán, cuando nuestros días eran aún inciertos.

@flickr.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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