el vaivén del odio, tranquilizante y pálido, asume que cumple con su oficio cuando golpea una puerta inesperada; con ese sonido vibrante que asemeja al aire y a la lluvia y a la tormenta. a veces, cuando intento definirte, eres cada una. cada cama, cada sexo sucio, cada piedra que rebota en el agua para sucumbir al vacío. cada momento de ocio, cada vez.

lo que se agita en mí corre delincuencialmente. corre como una disputa. corre como una caída en la bolsa. lo que se agita en mí es su rostro, la pregunta en su rostro, la piel blanca, la palidez de la mirada, el acento infame de sus voces, el eco en su mirada. está tan lejos que me anega de su aliento, está tan lejos que parece el otro lado del mundo, está tan lejos que me sofoca.

su memoria está perdida como un dios miope en este mundo. ella no precisa que la crucifiquen para ser una mártir. basta con que le sonrías con una timidez mediana, con una boca entumecida, con bello público entre los dientes. basta con que la recuerdes.

mi generación está perdida. como una canción de The Ramones.

no sé cómo gritarle. fácil como una adolescente: fácil de pensamiento y de coartada. no significo nada para nadie; tal vez un signo de interrogación perfecto. no le afectan a nadie mis señales. no parezco. no parezco. me defino a mí mismo como una enfermedad. como una de esas comidas que asemejan accidentes, como uno de esos presos a los que no les saben las mañanas, que no saben qué significa una nube, o una farsa, o un archivo de sueños.

mi respuesta es radical. me niego a todo. no voy a moverme, pero mi inmovilidad no va a significar espera. nada se espera de mí, ni en mí. un grito mi mirada, que la busca en todas las cosas como un místico al que han timado.

no esperaba esto de mí. la sonrisa gratuita. la salida fácil. no esperaba el fragor del suicida. no esperaba que saliera mal. no esperaba el error.

no me imagino diciendo nada cuando todo se dijo en un momento. no me imagino encendiendo fuegos. las luces perecen en el rincón en que las guardo. me acojo al calor de mi multitud de muertes. como una estatua ecuestre queriendo vencer en una carrera.

me despido. mañana vacilarán todos al decir mi nombre. mañana no valdrán un peso todas las cosas que no se hicieron. faltará un tono a cada canción, un embrague a cada maquinaria. parecerá incompleto todo esto. sangre en esta vigilia.

esta violencia no somos nosotros. esta guerra no dice nada de nosotros. nosotros nos escribimos en cuartos de hotel barato, nos escribimos en botellas de vino que nunca bebimos, en caricias aplacadas, en un beso cadavérico al pie de una escalera. nos escribimos buscando un artificio. nunca nos preguntamos sobre la siguiente línea. nunca nos preguntamos por quién nos vendería barato el adulterio.

no votar. no decir buenos días. no creer en el fbi. no mirar las noticias. no preocuparse por las guerras. no sentir que las manos duelen luego de recordarnos. no acentuar las diferencias. no ser tolerantes. no fabricar. no ser de buen gusto. no salir a las seis al trabajo. no demandar justicia. no ser original. no encontrar un billete de veinte por mera buena suerte. no sostener pláticas acaloradas. no querer, no amar, no desear, no dedicarse al avance de toda esa mierda. no participar en la carnicería.

escuchar un disparo es una de esas cosas que, de tanto hacerlo, he terminado odiando. abro la puerta imaginándome que el mundo pudo haber llegado finalmente a mí; me sonrío pensando que la idea es ingenua. la puerta es grande, vieja, con aire de lugar sagrado. me imagino que cada puerta es única, que cada puerta se abre a algo distinto, a un nuevo olor, a una nueva tragedia. pero sé que, fatalmente, no es así. en el mundo no hay puertas; en el mundo cuya mitad te separa de mi albedrío no hay puertas. ni puentes. ni tragedias que no hayamos visto antes. la lluvia se anuncia en el olor pesado del aire. y cierro la puerta lentamente, como si no hubiera escuchado un disparo. como sabiendo que todo se repite. que en este mundo nadie escribe poemas. que nadie ha tomado nunca una fotografía, una verdadera.

ella es digna de una madre devota, de un altoparlante. le cuelgan bebés de las tetas como vampiros de ocasión. se derrocha en orgasmos y oficinas, como una virgen avinagrada. no me tomes el tiempo. no me tomes el tiempo. mi casa es esta noche, vista desde arriba. vista desde los ojos de un policía adormilado. ella no sabe de sangre ni de operativos policíacos. ella no sabe que duermo solo.

te lo digo a ti. cada quién pensará que le hablo a cada quién. pero te lo digo a ti. podría morir mañana y tu día no sufriría una sola interrupción. piensa entonces que morí ayer. que tu día no sufrío. que tu memoria está intacta. que no hay lágrimas ni cortes de luz. que no te anegaste de lágrimas. que no asististe a un funeral. que tu día no sufrió. que dormiste tranquila como un demonio. que tu mirada se tranquilizó como la mirada de mi hija: con sólo saber que yo no existo.
mis ojos ya no son tu país. si nadie se mueve, nadie saldrá herido.

se espera mal tiempo. nubes. tormentas.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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