<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>::: Daniel Iván . COM ::: Violentas palabras de un lagartija nick &#187; sylvia plath</title>
	<atom:link href="http://danielivan.com/tag/sylvia-plath/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://danielivan.com</link>
	<description>poemas, recensiones, cuentos, video-arte, arte sonoro, ilustraciones y masturbaciones de todo tipo que salpican hacia los lados.</description>
	<lastBuildDate>Thu, 29 Jul 2010 18:31:43 +0000</lastBuildDate>
	<generator>http://wordpress.org/?v=2.9.2</generator>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
			<item>
		<title>Pedro, la huella y la memoria</title>
		<link>http://danielivan.com/2008/06/28/pedro-la-huella-y-la-memoria/</link>
		<comments>http://danielivan.com/2008/06/28/pedro-la-huella-y-la-memoria/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 28 Jun 2008 18:51:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel</dc:creator>
				<category><![CDATA[pasaderías]]></category>
		<category><![CDATA[personalia]]></category>
		<category><![CDATA[webonadas]]></category>
		<category><![CDATA[dylan thomas]]></category>
		<category><![CDATA[fanzines]]></category>
		<category><![CDATA[friedrich nietzsche]]></category>
		<category><![CDATA[los prostitutas]]></category>
		<category><![CDATA[pedro romero malváez]]></category>
		<category><![CDATA[r.d. laing]]></category>
		<category><![CDATA[sylvia plath]]></category>
		<category><![CDATA[yet len niis]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://danielivan.com/?p=227</guid>
		<description><![CDATA[Es interesante, cuando no extraño y desconcertante, la forma en la que la mente trabaja cuando se trata de reencuentros, aunque sean furtivos. Me acostumbro muy fácilmente a la indiferencia, dicho sea de paso; a mi propia indiferencia, al vacío que llena de manera violenta la ocupación, la chamba, la responsabilidad, el compromiso político, las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es interesante, cuando no extraño y desconcertante, la forma en la que la mente trabaja cuando se trata de reencuentros, aunque sean furtivos. Me acostumbro muy fácilmente a la indiferencia, dicho sea de paso; a mi propia indiferencia, al vacío que llena de manera violenta la ocupación, la chamba, la responsabilidad, el compromiso político, las prerrogativas de la vida adulta, como dijera Sylvia Plath. ¿De dónde viene toda esa mierda? ¿Qué nos define como adultos, o como niños, o como protagonistas de nuestra propia historia? Me imagino que nunca lo que no hacemos, siempre lo que hacemos desde el estómago, desde lo que somos, desde lo que creemos ser. Somos definidos por nuestros actos viscerales.</p>
<p>Como sea, hace unos días me llegó el correo de un tal Pedro. Resulta que este Pedro no es cualquier Pedro, no es el de Pedro y el lobo, mucho menos el Pedro apostólico, sino Pedro Romero, entusiasta de uno de los fanzines que solíamos publicar hace algunos, muchos, años: el Yet Len Niis. Amigo entrañable, además, de Los Prostitutas, la peor banda de rock del mundo (por lo menos de aquellos lejanos años noventa del siglo pasado). Me resultó curioso lo lejano que hoy me siento de todo aquello -no, no deprimente ni desconcertante, sólo curioso-, lo desprovisto de significado que es todo y, al mismo tiempo, lo interesante que resulta mirarlo desde la distancia. Pienso en la deontología de lo placentero, si la hay: no puede ser placentero mirar hacia atrás, sino curioso. Uno mira las fotografías de su infancia con ese desapego que da el saber que eso que miramos (el niño flaco, el peinado ridículo, la ropa ochentosa) no somos nosotros, sino algún otro que vino a representarnos lo que fuimos. No puede ser placentero, decía, el conocimiento de uno mismo desde un tiempo que hoy nos define, que nos confronta con todos los otros tiempos, momentos, que nos han definido. Lo placentero, si hay algo que merezca esa definición, es hacer las cosas. Hacerlas hoy. Redefinirlas para nosotros en lo poco de hoy que nos queda. Hoy es una noción que se muere a cada instante.</p>
<p>También fue siniestro. Pedro me preguntó por alguien que ya está muerto. Uno se imagina que las noticias de muerte (en este caso la de Johnny Mho, el bajista de Los Prostitutas) corren rápido y trascienden, inevitables, el velo del tiempo. No es así. Nuestra muerte se pierde de todas las maneras posibles y el mundo, como anticipara Nietzsche, planea indiferente hacia su propia muerte. Nuestra muerte no significa nada para nadie, apenas un obituario y un par de lágrimas en familia. La pregunta de Pedro me hizo pensar en R.D. Laing; esa idea que vuelve contínuamente a mi cabeza y que reza que si bien &#8220;el mundo&#8221; va a seguir después de nuestra muerte, podemos afirmar que &#8220;nuestro mundo&#8221; morirá con nosotros. <span style="font-style:italic;">Nuestro Mundo</span> es un concepto nebuloso: la propia afirmación a través de lo que supimos construir, dejar, anticipar sobre nosotros. Qué cagada.</p>
<p>Prefiero morir sin mundo, silencioso.</p>
<p>Bien, la cosa es que Pedro me hizo recordar un par de omisiones (ominosas, huelga decirlo), un par de huecos virtuales que hace mucho que están, pero ya no.</p>
<p>Así pues, se ha repuesto esta parte de la memoria:</p>
<p><a href="http://yetlenniis.eldiablito.net" target="_new">La página web del Yet Len Niis</a>.<br /><a href="http://route66.eldiablito.net" target="_new">La página web de Los Prostitutas</a>.<br /><a href="http://lunacalavera.eldiablito.net" target="_new">La página web LunaCalavera</a>.</p>
<p>Sales. No dejemos huella. Dylan Thomas estaba equivocado: hay que hundirse suavemente en la gran noche.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://danielivan.com/2008/06/28/pedro-la-huella-y-la-memoria/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>666666 und Melancholie</title>
		<link>http://danielivan.com/2008/02/27/66666-und-melancholie/</link>
		<comments>http://danielivan.com/2008/02/27/66666-und-melancholie/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 27 Feb 2008 05:56:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel</dc:creator>
				<category><![CDATA[anal-isis]]></category>
		<category><![CDATA[webonadas]]></category>
		<category><![CDATA[alberto durero]]></category>
		<category><![CDATA[melancolía]]></category>
		<category><![CDATA[psicología]]></category>
		<category><![CDATA[psiquiatría]]></category>
		<category><![CDATA[sylvia plath]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://danielivan.com/?p=218</guid>
		<description><![CDATA[Hoy a las 6:36 de la tarde alcanzamos las 666666 visitas.
Es, sin duda, cosa del Diablo.
Notablemente rebasa el medio millón de visitas desde hace mucho. Pero, ¿qué es un &#8220;número de visitas&#8221; frente a la equilibrada belleza de un número como el seiscientos sesenta y seis mil seiscientos sesenta y seis?
La Melancolía I*, de Alberto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://3quarksdaily.blogs.com/3quarksdaily/images/durer_1.gif" alt="" hspace="20" vspace="20" align="right" />Hoy a las 6:36 de la tarde alcanzamos las 666666 visitas.</p>
<p>Es, sin duda, cosa del Diablo.</p>
<p>Notablemente rebasa el medio millón de visitas desde hace mucho. Pero, ¿qué es un &#8220;número de visitas&#8221; frente a la equilibrada belleza de un número como el seiscientos sesenta y seis mil seiscientos sesenta y seis?</p>
<hr />La Melancolía I*, de Alberto Durero, es probablemente uno de los grabados más llenos de símbolos de la obra del pintor renacentista y uno de los más analizados: existen interpretaciones psicológicas, filosóficas, alquímicas, astronómicas (por las marcadas referencias agrippianas) y hasta esotéricas (por su inclusión del &#8220;cuadrado mágico&#8221; como uno de los elementos centrales de la gráfica: la llamada &#8220;mesa de Júpiter&#8221;, colocada justo encima de la cabeza del ángel principal; una tablita basada en el número 4, cuyas cifras, sin importar el sentido en el que se lean, siempre suman 34 -la constante mágica- y que en el centro lleva la cifra 1514, año de la ejecución de la obra y año de la muerte de la madre de Durero).</p>
<p>Vale la pena recordar que la melancolía era uno de los cuatro humores del cuerpo humano reconocidos desde la antigüedad y aún durante el renacimiento: humor melancólico, humor flemático, humor colérico y humor sanguíneo (¡ah!, y yo que sólo conocía el buen humor y el mal humor). Claro está, cada humor estaba relacionado con los cuatro elementos, las cuatro estaciones, las cuatro edades del hombre, los cuatro vientos, los cuatro puntos cardinales y las cuatro faces del mundo -los cuatro fantásticos aún no eran conocidos, dicho sea de paso-. En su aparatosa simplicidad (que no simpleza), esta fenomenología servía como base para casi toda ciencia médica y para los albores de las disciplinas (por no llamarlas pseudo-ciencias) que pretenden explicar la razón y el comportamiento de los seres humanos: la psicología, la psiquiatría y el baile de salón.</p>
<p>Para la melancolía, considerado el peor de los cuatro humores, se recomendaban curas tan disímiles como la música (nada mal), los azotes (con razón a cristo le fue como le fue), cierto tipo de algas marinas (naturistas ha habido siempre, ni modo) e inmersiones en agua congelada  (joder). Se consideraba que las personas melancólicas eran especialmente vulnerables a las enfermedades mentales e incluso de otra índole, así como propensos a desarrollar peculiares preceptos morales y caminos intelectuales. En su fragilidad, estas personas estaban condenadas a la locura casi ante cualquier alteración de su humor. Y si no se volvían locas, de todas formas se les consideraba gente desdichada, jodida, amargada, descontenta, sombría, malhumorada, malvada, apática, olvidadiza, mentirosa y, bueno, con cierta tendencia a la soledad y al estudio unipersonal. Con excepción de lo descontento, lo solitario, lo estudioso y lo sombrío, yo tuve varias tías que entrarían perfectamente en esta definición.</p>
<p>Sin embargo, lo que más resalta de la Melancolía I de Durero es que ayudó a generar uno de los clichés más socorridos de la historia del arte, y que aún funciona hasta nuestros días: la idea del artista huraño, adusto, solitario y atormentado por la creatividad. Muchos artistas del renacimiento ayudaron a cultivar esta idea; sin embargo, pocos se acercaron a la trascendencia del referente creado en este magnífico grabado de Durero.</p>
<p>Aún hoy, muchos imbéciles (ojo: la imbecilidad no es un humor; es un estado de la materia -si usted hierve a un imbécil, evapora-) se sienten identificados con este cliché, aunque su arte no valga su peso en talento y mucho menos en oficio o disciplina.</p>
<p>Cabe señalar que hoy los humores, y sobre todo la melancolía, no deben ser considerados &#8220;formas de ser&#8221; o &#8220;rasgos de personalidad&#8221;, sino más bien oficios: que como dijera Sylvia Plath, si usted no lloró, meditó y se autoflageló hoy, entonces hoy no fue melancólico.</p>
<p><span style="font-style:italic;">* Estimado Lector: no malgaste su tiempo buscando Melancolía II o Melancolía III o así; no los va a encontrar. Durero logró un enigma muy efectivo al incluir ese número en el título de su grabado.</span></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://danielivan.com/2008/02/27/66666-und-melancholie/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>
