¿Cómo relato mi naufragio en estas costas, cómo se desliza la palabra fracaso con afán de sutileza? ¿Cómo acudo a mi hambre de ti, cómo la articulo? ¿Como frase acabada, como duda, como casuística, como enjambre? Presumo de tener mis tropas listas en la frontera; presumo del cálculo de un ejército invasor, de su anhelo de rapiña, de su inacabada pericia para la muerte, de su sentido lejano del deber y del contrapunto y de la sombra. Me aventuro en preguntas porque la matemática no es ni remotamente exacta en mi caso: mis números adolecen de precisión y de viento, de ritmo y de desespero. Nada acude a lo que nombran mis ecuaciones; me alimentan un desaliento de barco hundido y una forma torpe de decir las cosas: la gracia de un buque de guerra para pedir amor al prójimo.
La verdad acude a la distancia; una mirada de insecto, un vivir desde abajo, una complacencia en los rincones. Mi torpeza se parece a la torpeza de un gato que no cabe en la cornisa de una ventana: el mundo es grande, pero su equilibrio tiende a lo precario. Mi torpeza invade primeras planas de periódico, gana premios y doctorados, se le cita a juicio, se le obliga a explicarse.
Habrá luego un memorial de torpezas, me digo; un relato del naufragio. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo no temer la pérdida de una interrupción como la tuya? ¿Cómo no temer el soslayo de tu oído? ¿Cómo no acudir a una tormenta de explicaciones, cómo no resumirlas en un silencio perplejo, de aparador, de faro de luz?
Soy un Robinson a la orilla de lo que tú resguardas. Todo se conjura en mi contra.
La definición gala (o sea, en términos llanos, francesa) de la palabra bizarre es “valiente, bravo”. No así la definición angloparlante (es decir, en términos llanos, inglesa) de la palabra bizarre, que denomina “anómalo, extraño, fuera de lo común”. Así pues, los hispanoparlantes (que hemos retomado la palabra ya sea de los anglos o de los galos) tenemos que andar haciendo aclaraciones del “sentido” (galo o anglo) de la palabra bizarro cada maldita vez que la utilizamos. Lo que ya es jodido, pues, sobre todo si uno no quiere ofender o que le entiendan mal en un escrito, conversación o lo que sea.
Sin embargo, hoy que publico esto no puedo evitar usar la palabra porque, con una elegancia inusitada, esta ambigüedad dice hoy mucho de las sensaciones que el vídeo que encontrarán más abajo provocó en la maga y en mí la primera vez que lo vimos. El artilugio forma parte de los extras del dvd de “Confessions of a Dangerous Mind”, dirigida por el caribonito George Clooney y que habla de cosas que no viene ni a cuento contar, lo que no quiere decir que la película no sea como para verse una vez en la vida.
Sin embargo, cuando nos enfrentamos con algunos de los “actos” que para retratar la bizarrería (en el sentido anglo de la palabra) del “Gong Show”, que es uno de los leitmotivs de la pelicula de marras, fueron grabados por Clooney para la película, nos encontramos con esta mortífera pieza de… no sé si atreverme simplemente a llamarla “de video”, por que lo es, o categorizarla como “de arte” que casi sin duda lo es. Y en el casi está su más acabada bizarrería, en ambos sentidos, galo y anglo, de la palabra.
Ya que no quiero prejuiciar a nadie, primero pues, la pieza sobre la que tan fehaciente y confusamente diserto… la Lady Baby:
Ahora bien, el vídeo no parece sino una especie de acto anómalo de esos a los que los gringos son tan increíblemente afectos. No en vano tenemos (o teníamos hasta hace algún tiempo, porque hace mucho que no la veo) la televisión mexicana infestada de programas que reproducían los “candid videos” de los gringos; desde el ofensivo “Candid Camera” hasta el imperdonable “Ay Caramba” que utilizaba la voz de Bart Simpson (es decir, la voz de Marina Huerta) para validar en el imaginario de los incautos que veían la comicidad de los estúpidos videos. Por lo regular, esta clase de programas acuden al lugar común del pastelazo, el tropezón, el escarnio público o el autoflagelo para reclamar su ínfima cuota de humor.
Sin embargo, en este vídeo hay algo que no encaja, o que está mal. La mujer que lleva a cabo el acto de Lady Baby es una adulta. Una adulta, además, que sufre de enanismo. Es por otro lado una mujer que utiliza estas características suyas para “aparentar” ser una bebé, con gesticulaciones, sonidos guturales y con un disfraz de por medio. Si esto no fuera suficiente, Lady Baby salta del inglés al español durante su acto, lo que indica cierto origen hispano bastante notorio en el color de su piel y en el hecho de que su pronunciación del español es mucho mejor que la del inglés.
No sé exactamente qué es, pero la primera vez que vi este video me dio miedo… fue notorio el silencio de la maga y el mío… nos volteamos a mirar y soltamos un “no mames” que trascendió la diferencia de países… a los dos nos había parecido extrañísimo. Lo volvimos a mirar y el efecto fue el mismo.
¿Qué es lo que está mal aquí? ¿En qué consiste la bizarrería de este artefacto? Probablemente, tanto la maga como yo exageramos la reacción. Pero a mí me sigue pareciendo que este video está mal. Hay algo en él que me subyuga, y no de una manera buena. No me produce sino un profundo rechazo pero, al mismo tiempo, me seduce.
Bueno, en fin. Lo comparto con ustedes. Que lo disfruten