Posts Tagged: edvard munch


30
May 07

Ningún nombre

Comes love, nothing can be done…
Billie Holiday

vuelve a mí como un espasmo. cada lejanía con una lentitud intrínseca. cada punto en el mapa como una notación de guerra y diluvio. distante, la invasión de un terreno destinado a la muerte, un territorio destinado al gesto iluso, a la palabra vacía, a la figuración de un desdibujo. la historia se calibra como la manifestación de un delirio: el delirio de todos.

en cada vuelta, en cada esquina, el absurdo de que la vida no sea sino eso. el absurdo de que el mundo no sepa quién eres: tiene la obligación de saberlo. tiene la obligación de levantarte cien monumentos por aguantar esta náusea. cada calle, tu nombre. cada aeropuerto, tu nombre. cada mercado y cada escuela. cada estación de bomberos. que se nombre el mundo con cada nombre y con el nombre único de su inefable estupidez. que cada mundo reconozca que no tiene héroes y que cada sombra es heroica en su desafío al sol. que ningún nombre merece la pena de ser recordado. que ninguna persona ha sabido morir, y que vivir no implica saber sino ignorar.

la muerte es el vampiro de la muerte. no hay eternidad posible en su afición al tiempo. la muerte es el vampiro de la muerte. es el delirio de los que buscan su nombre en el directorio telefónico. es el delirio de los que aman los horarios del tren. es el delirio de los que miran con nostalgia las vías del metro. es el delirio de los que cuentan balas en lugar de deshojar margaritas. la muerte es el vampiro de la muerte. que no sea la sombra que debo ser, es el vampiro de la muerte.

vuelve a mí como un estruendo de dios. vuelve a mí como el absurdo, como el darme cuenta. vuelve a mí como la placenta vuelve convertida en tumba. vuelve a mí como el significado, como un siglo. vuelve a mí como oficio y como coartada. vuelve a mí como una canción de Billie Holiday. distinta, distinguida, delirante, intrínseca, vil y rauda. vuelve a mí.

vuelve a mí.


3
Sep 06

grito por grito y madonna por madonna

al parecer, la policía noruega ha recuperado los dos ingentes cuadros de edvard munch que habían sido robados del museo munch en oslo: “el grito” y “la madonna”. no fue ninguna aventura digna de ninguna película gringa o de algún capítulo de CSI, sino más bien una coincidencia tendiente a lo vulgar: la tira agarró a un ladrón de bancos y éste, para que le dieran menos añejos en la cárcel, les dijo que sabía dónde estaban las obras.

los polis noruegos están “convencidos” (ojalá no con la misma convicción con la que buscaron las piezas) de que las pinturas encontradas luego del espectacular operativo -en el que, además, no arrestaron a nadie- son las originales. una de ellas (no han dicho cuál) presenta un rasgón menor y la otra un pequeño deterioro de uno de sus extramos bajos, ya que los ladrones les quitaron el ostentoso marco.

como sea, en lo personal espero que sean las originales. todo este tinglado de personas con el suficiente poder y dinero para organizar el robo de piezas de arte, quitando así la posibilidad de que el resto de los mortales podamos verlas de frente, en vivo (como yo lo pude hacer con “el grito”, hace ya varios años, en la ya mítica exposición organizada por, chale, la Fundación Cultural Televisa -perdón por los ruidos, si los oyeron; es que fui a vomitar), todo este tinglado, decía, me parece una de las expresiones más acabadas del capitalismo salvaje, que no sólo es capaz de robarse elecciones, patrimonios culturales e históricos, tierras de propiedad milenaria, leyes, recursos naturales y un larguísimo etcétera, sino que también aspira a robar para sí el gozo y la belleza.

en un razonamiento escencial, eso es precisamente el fin último del capitalismo: privarnos de toda noción de belleza en aras de una absoluta, dictatorial, noción de utilidad.