Un auto patina como una bailarina,
y se estrella contra un muro pintado
con consignas de guerrilleros vencidos.
No hay esperanza para los sacerdotes,
artistas pederastas de la envidia:
no hay esperanza para las niñas
con el semen de la iglesia colgando de sus labios.
El extremo de una soga en el cuello de una mujer:
oscilante suicida, vermut de la huida;
ya nadie quiere tener negocios contigo.
Aún quedan príncipes, si los buscas:
debajo de cada policía habita uno
y basta un beso o una cuchillada
para salvar en ellos la belleza.
No hay esperanza para ti,
no hay esperanza para nadie:
ayer enterramos el amor ardiendo
en la entrepierna del mundo conocido.
El nuevo mundo nos espera.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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