Recuerdo un animal bramando;
era tu entrepierna anhelante,
era el arranque de tu furia.
Estábamos en un paraíso de forma infausta:
teníamos mota para fumar
y arreglarnos la poca vida que quedaba.
Llamas estreñían al infierno;
el diablo se esfumaba en vino
y cerveza de cuarta servida con odio.
“Todo el mundo se odia aquí”, decías;
recuerdo un grito y la hoguera
consumiéndose de tedio y hambre.
Postergamos el hambre, se hacía tarde;
el sexo es inquirir en la rabia de otros,
el sexo es un combate amargo.
Recuerdo haber perdido;
ya no hay años, se secó la muerte;
apenas esperamos tener algo de suerte.
“Suerte allá fuera; la vas a necesitar”,
decías, y tallabas tus manos contra el faldón
reseco, contra el aborto que colgaba de tu vulva.
Fariseos fuimos para un mesías incógnito.
Ya no hay prisa ni sosiego.
Me hace enfermar la quietud
porque sé que estoy destinado a los infiernos.
“Pierdes, siempre pierdes”, decías.
Afuera muere la tristeza, la duda;
y duda y arrebato se disuelven
en esta lluvia mortuoria, en la agonía.
“Afuera llueve”, decías.
Tu sonrisa no es eterna.

Lo sé. Tampoco yo lo soy.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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