Para C.

Yo sé bien que eres tú; sé que no es el miedo ni la fría espera; sé que no es el cigarrillo que grita humeante en mi mano, ni el trago amargo, bilis de un viejo muerto en un callejón, que parlotea en mi mano. Eres tú; eres tú en el silencio que pisotea con estridencia, eres tú en el oleaje atormentado de esta noche que no acierta a ser oscura; eres tú en la mano pura de cien hombres que empuñan su cuchillo, todos con la misma saña, todos con el mismo impulso cristalino. Arráncame la vida o dámela de nuevo; ya no tengo un centímetro de tiempo; el reloj se ha embolsado mis distancias.

Soy la sombra del palacio. Tengo espacio suficiente. He bajado el puente y le doy vencido la bienvenida a tus ejércitos. Aprendo a reconocerte entre la muchedumbre. Aprendo a ver el odio en tus ojos: ese largo telón que abre tu instinto. Devoras un poco del alimento celeste que hasta hace un instante era mi cuerpo. Soy el despojo, el cadáver, al afán forense que ve en sí mismo el cumplimiento del destino. Soy la sombra del palacio… el abatido y diáfano candor que se rinde, poco a poco, al encanto de tu desencanto.

Sé bien que eres tú. Lo sé porque no te veo, lo sé en la ignorancia de tu cuerpo, lo sé en tu ausencia, claro acento de tu presencia insinuada. El murmullo cae cuesta abajo, rebotando en las rocas que, como voces, van perpetuando en su eco tu mensaje. Me piden que confíe en tu amnistía, que nunca has condenado a un loco a morir de la lenta muerte que ver tu rostro significa. Me dicen que me amas, que has aprendido a amarme a través del vacío en mis pasillos. Tu voz es el viento recorriéndome, el viento que reconoce el hueco, el llanto que errático lo llena.

Eres tú. Conocimiento; escamas de una serpiente que me recorre con tacto terso, con arañazos de una mano a la que arrancaron las uñas, una a una, en un arranque de placer.

Eres tú. Advenimiento. Esperándote subí hasta aquí, esperándote dejé que me juzgaran, esperándote dejé que me nombraran, esperándote dejé que me vivieran. Desde mi madero en cruz te contemplo. Madre, he ahí a tu hijo. Hijo, he ahí tu orfandad. Anda solo; que sólo llevarás a tu madre cautiva en tu sombra… has sido invitado a los festines fértiles del desierto.

Yo sé bien que eres tú. Pero no me sirve. Todo estaba calculado para que tú fueras yo. Para que me suplantaras.

Estábamos pensados para odiarnos en nuestro mutuo encierro, no para amarnos en nuestro reconocimiento… me ahogas con tu lejanía; sobrevivo apenas al tenerte cerca.

Por eso sé bien que eres tú. Eres mi asfixia; el perro que ladra al reconocer a la muerte; amante que busca en la noche un pequeño grano de lucidez. La misma siempre, inevitable, ofrecida, puta, la muy puta. Eres tú.

He abierto, has ganado. No sé quién eres; pero sé bien que eres tú.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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