Se me ha privado de la orilla de un acantilado, se me priva de la sombra de un puerto. En privado, se me acusa de ahuyentar el frío con afán de camisola, de ahuyentar las moscas con dedicación de helipuerto, de ahuyentar el miedo y las piedras de los ríos con sólo agitar la mano con denuedo e inconsecuencia.

Me entrega a mi enemigo un insoslayable impulso de tremor, de anatomista. Distingo, al salir al clamor de la calle, el desconcierto de las taparroscas, la animosa comparsa de las teclas de computadora, la chillona esperanza de las tuercas de una bicicleta con pan. Adivino en mí a cada paso lo que ignoro.

Se me ha privado del amor, se me priva de la sustancia; tengo un conocimiento vertiginoso. A la par de un ritual de costilla, se me anuncia un ritual de paradigma y extremaunción. Se me ha vivido para responder oraciones de muerte, se me priva de un albor de naciones.

Nada queda de un litoral de rodillas. Nada de la circunvolución inacabada de un partido de fútbol. Nada de los óleos ni de los cauces ni de los puertos. Quebrada en su llanto, una marea de latas de conserva se lleva en su manto la exigua luz de un sótano a hurtadillas.

¿Libre? Nadie. Oferta de aluvión el tejido de estas sábanas, la ternura de estas noches, el tacto inocuo de una botella de genio y 3 deseos; validada a cambio de sexo y plusvalía. Todo tiene hoy plusvalía: incluso el rechinar de una puerta, cuando sus goznes tienden a ser exquisitos, perfectos o color malva. Todo tiene hoy plusvalía: incluso la caída de la bolsa cuando tiene cadencia de sonata, incluso las crisis financieras cuando caen de una nube, incluso el pedal de una bicicleta con pan.

Privado, oscuro, público y distante. No queda nadie en libertad.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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