Luego de llorar esta muerte durante poco más de un mes, como se deben llorar las muertes notables, en silencio y a solas, me decido a decir que lamento, de una manera profunda, la muerte de Norberto “Pappo” Napolitano, guitarrista argentino de muy altos vuelos y rocker hasta el exceso.

Tengo que decir que se me anuda ese no sé que en la garganta que no deja hablar a gusto. Tengo que decir que crecí escuchando el Volumen 3 de Papp0’s Blues, escuchándolo más de lo que la cordura permite, repitiendo “Sucio y Desprolijo” hasta convencerme de que tenía un lugar en el mundo, o el “Sur de la Ciudad”, añorando un sur que no conocía en ese entonces, o “Trabajando en el Ferrocarril” y pensando que sería un destino noble, ése. Tengo que decir que uno de los días que pasé en Buenos Aires, estaba ahí un cartel invitando a un concierto de Pappo y que no fui. Falta de tiempo, diré, o falta de dinero… lo cierto es que no fui. Tengo que decir que, por locura o por desatino, en ninguna de las dos ocaciones en las que fui a Buenos Aires el año pasado tuve tiempo de copiar el acoplado “Pappo y sus Amigos”, que generosamente me ofrecía mi hermano Gastón Montells. Tengo que decir, en mi descargo, que compré un acoplado de grandes éxitos de Pappo’s Blues en una disquería de Corrientes.

Tengo que decir que es como si se muriera una partecita de ti. Como si tu adolescencia ya no estuviera ahí nunca más. Como si se acabara la mejor canción que escuchaste en tu vida. Como si algo se rompiera o se torciera en la forma que tienes de entender el mundo.

Pero, como sea, el Carpo vivió y murió como lo que era: un rocker. Gracias, viejo, desde México. Acá, un chavo al que alguna vez le cambiaste la vida con tu blues te saluda.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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