Viejos terrenos. Cementerios. Osarios.
La flacidez del tiempo propicio para el recuerdo.
Horas en las horas, minutos cautivos en el correr
cauto y perpetuo de los minutos. Asombroso.

Hombres que aman hombres. Hombres hambrientos
de sangre. Vampiros en aparadores apagados.
Cuando el festín muere y se hace duro, muralla
para atrapar animales, es cuando más animales somos.

¡Qué pequeño, el recuerdo de la arritmia pequeña
que a los viejos apaga, que sus ojos marchita!
La virgen María mete clientes a un hotel oscuro,
les roba la cartera y los manda al cielo a cuchilladas.

Los autos van pregonando el nombre de la arpía:
¡ciudad, ciudad!, gritan los pobres hombres
que disparan balas desde los techos húmedos,
pertrechados en tinacos secos, jubilados.

El mal le paga pensión al bien, traficantes guapos
van tirando hojas de periódico con noticias,
van anunciando matanzas, indígenas a la baja
en la bolsa de valores, el dólar que te ahorca

Y te condena a muerte.

Hay un hombre subido en un auto que ignora
que la lluvia en que se desangra el cielo no es nada
sino el significado de un nombre que hasta ayer
significaba patria, valuarte de los condenados.

Mi patria significa la menstruación de un mundo
que no sabe que mi patria en verdad existe.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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