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Twentieth Century bitterness: Thanks to the efforts of the psychoanalytic pseudo-science, thanks to the urgency to implement the silly and untenable Marxist dialectical materialism (impossible seed of the logic that was responsible for crowning and lead the communist praxis to death and led to the holocaust of corporate capitalism, the state repression as postmodern democracy, idiotic pragmatism in which failed the history of mankind –and in which keeps failing, yet again– ), thanks to this ongoing effort, the recurring notion of the divine fades to the unambiguous understanding of death, is all that we allow it to represent, is all that is: feverish act, Manichaean drive, thunderous figure that haunts us, progress of the history that will certainly ignore us.

Little or no meaning for the act of dying: we are just the latency of that fact, the will that performs it, the repeal of all angelic becoming. We die to die, but we are at the same time the spoils of death and the inevitable voice that enunciates it. We are an announced short circuit, a tragedy that is expected.

Lack of god, if anything, is a merit to fools and can only be applauded from its nonsense. Not being a god oneself, not sensing the divine saga in ourselves, is not having experienced the emptiness of the twentieth century.

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Amargo siglo XX: Gracias a los esfuerzos de la pseudo ciencia psicoanalítica, a la urgencia por poner en práctica el majadero e insostenible materialismo dialéctico marxista (simiente imposible de esa lógica que se encargó de coronar y de llevar a la muerte la praxis comunista y que llevó al holocausto del capitalismo corporativo, del estado represor como democracia posmoderna, del pragmatismo imbécil en el que fracasó –y fracasa todavía– la historia de la humanidad), gracias a ese continuado esfuerzo, la noción recurrente de lo divino se desliza a la comprensión unívoca de la muerte; es todo lo que le permitimos representar, es todo lo que es: acto febril, pulsión maniquea, silueta fragorosa que nos persigue, avance de la historia que nos ignorará sin duda.

Poco o nada significa ya el acto de morir: somos apenas la latencia de ese hecho, la voluntad que lo lleva a cabo, la derogación de todo devenir angélico. Morimos para morir, pero somos al mismo tiempo el botín de la muerte y la voz que inevitable la enuncia. Somos un corto circuito anunciado, una tragedia que se espera.

Carecer de dios, en todo caso, es mérito de los imbéciles y sólo puede aplaudirse desde gayola. No ser el propio dios, no intuir la saga divina en nosotros mismos, es no haber vivido el vacío del siglo XX.

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[youtube id=”YSY0TA-ttMA” width=”600″ height=”350″] [one_half last=”no” text_align=”text-align-left”]

Meshes of the Afternoon (1943) is a short experimental film directed by wife and husband team, Maya Deren and Alexander Hammid. The film’s narrative is circular, and repeats a number of psychologically symbolic images. Through creative editing, distinct camera angles, and slow motion, the surrealist film depicts a world in which it is more and more difficult to catch reality.

In 1990, Meshes of the Afternoon was selected for preservation in the United States National Film Registry by the Library of Congress as being “culturally, historically, or aesthetically significant”. According to a 2010 exhibit at the Museum of Modern Art, the film cost only $275 to make.

The film was the product of Deren’s and Hammid’s desire to create an avant garde personal film that dealt with devastating psychological problems, like the French surrealist films of the 1920s such as Salvador Dalí and Luis Buñuel’s Un Chien Andalou (1929) and L’Age d’Or (1930).

Deren and Hammid wrote, directed and performed in the film. Although Deren is usually credited as its principal artistic creator, filmmaker Stan Brakhage, who knew the couple, has claimed in his book Film at Wit’s End that Meshes was in fact largely Hammid’s creation, and that their marriage began to suffer when Deren received more credit.

The original print had no score. However, a musical score influenced by classical Japanese music by Deren’s third husband, Teiji Ito, was added under Deren’s supervision in 1959.

(Text from Wikipedia)

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Meshes of the Afternoon (“Redes del Atardecer”, 1943) es un corto experimental dirigido por los esposos Maya Deren y Alexander Hammid. La narrativa del filme es circular, y repite cierto número de imágenes simbólicas y psicológicas. A través de una creativa edición, distintos ángulos de cámara y cámara lenta, este filme surrealista describe un mundo en el que cada vez es más difícil entender la realidad.

En 1990, Meshes of the Afternoon fue seleccionado para su preservación en el Registro de Cine de la Librería del Congreso de los Estados Unidos al considerársele “significativa estética, histórica y culturalmente”. De acuerdo con datos aportados en una exhibición del filme durante 2010, éste tuvo un costo de producción de apenas $275 dólares.

El filme representó la consolidación del deseo de Deren y Hammid de crear un personal filme avantgarde que discurriera por devastadores problemas psicológicos como los de los filmes surrealistas de los años 20, principalmente los de Salvador Dalí y Luis Buñuel en Un Chien Andalou (1929) y L’Age d’Or (1930).

Deren y Hammid escribieron, dirigieron y actuaron el filme. Aunque Deren es usualmente acreditada como la principal artista creativa, el cineasta Stan Brakhage, que conoció a la pareja, afirma en su libro “Film at Wit’s End” que Meshes in the Afternoon fue, de hecho, en gran medida una creación de Hammid y que su matrimonio comenzó a resquebrajarse cuando Deren recibió más crédito que él.

La edición original no tenía música. Sin embargo, una partitura musical fuertemente influída por la música japonesa clásica fue agregada por Teiji Ito, el tercer esposo de Deren, bajo la supervición de ésta en 1959.

(Texto de Wikipedia)

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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