¿Y cómo evitar que la muerte te mueva? ¿Cómo evitar el deseo irrefrenable de saltar del puente? Después, en otra noche que tú no sabes, caminé por la orilla que debió ser nuestra y me asomé a la balaustra que debió ser nuestra. Caminé por lo nuestro ausente, por lo nuestro figurado. Recordé que tus ojos no pensaron en el mismo puente (no podrían, no deberían, porque puentes hay tantos como impulsos, y hay siempre un puente lejano esperándonos al otro lado del mundo, esperándonos para recordarnos la destreza, la determinación del salto, del fibroso vacío), ni en la misma calle abajo, ni en los mismos autos delirantes que garantizarían nuestra muerte. Miré pasar esos autos únicos con su encanto de frío y retorno. No evité la necesidad ni la militancia. No evité la sonrisa nebulosa, la fiebre intacta, la sal en la comisura de los labios. Aún tenía tu olor entre las manos y rastros de tu cabello entre los dientes. Aún me supe frágil y silente e indefenso. Aún nombraba con tu nombre la parte baja de tu espalda. La trampa de sueños. Vacilaba en explicarme todo lo que pasó y lo que debería haber pasado, como un niño que no se explica cómo su cometa se enredó en un árbol marchito. Vacilaba en saber que uno vive toda la vida para un momento así, para un resfrío, para una foto movida, para una despedida en medio del frío, si las hay. Si no es que todas las despedidas son en el frío polar de un arrebato. Si no es que todo se trata de saber que la libertad es saber que existes, o de imaginarte diciéndolo en la lucidez pura de tu boca a las tres de la mañana. Nada de nada en medio del todo marchito que soy, guerreando en mi nombre, peleándome con él y con la estela de tus ojos, busqué el parpadeo que en mí significara un segundo de decisión. Un mandarlo todo a la mierda y sumirme en mi deseo. Como abrazarte sin hacerlo y lanzarme al vacío. Como saber que hacerlo contigo en los brazos o hacerlo con la cabeza enternecida de la nada apoyada en el pecho es en la práctica lo mismo. Como renegar de la ternura entre muertos, de la solidaridad entre los muertos, de la pureza entre los muertos. La idea del viento contra mi cabello envilecido era apenas un respiro en una idea más grande: que lo que me pertenece ahora es apenas la certeza de haberlo encontrado,

y haberlo dejado ir. Como se supone que debe ser. Como si fuera un mártir de mí mismo.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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