Lightning Crashes, Live, dirigido por Jak Scott, compañía grande, 1995.

Este extraordinario vídeo desconcierta. ¿De dónde le salió a los gabachos esa mentalidad y ese instinto mágicos? ¿O será que, como ocurre siempre, incluso con los mexicanos, las culturas y los pueblos no son lo que nos dicen las grandes corporaciones? Sea como sea, el vídeo representa todo un descubrimiento: los norteamericanos tienen un sentido espiritual de la muerte, le otorgan un significado de tragedia y trascendencia que uno estaría lejos de imaginar. La extraordinaria dirección de Scott, nieto o sobrino o algo así del legendario cineasta Ridley Scott y otro tanto de Tony Scott, engalana la cadente y etérea canción, incluida en el álbum Throwing Copper, con una atmósfera de tristeza y reflexión extraordinarias, dejándole a uno la incómoda sensación de estar siendo testigo de algo infinitamente íntimo y maravilloso, algo como la magia y los ángeles, algo como el nacimiento y la muerte misma. La emulsión, primordialmente en sepia, subraya la maravillosa fotografía y la extraña edición, que, a ratos, hace uso de una especie de superposición de imágenes pachequísima.

Después de ver videos como éste, uno se pregunta cómo hay todavía tarados ignorantes que consideran que el vídeo “Thriller” de Michael Jackson es el mejor de la historia.

Sin hacer uso de efectos galácticos de ninguna clase, esta gran pieza de música e imágenes nos enseña que, aún siendo una forma de arte popular, el vídeo clip puede explorar con veracidad los más alejados rincones del alma humana.

1996
Publicado originalmente en el número del fanzine Yet Len Niis.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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