Que no se diga que la gracia está ausente. Que no se argumente o se conmine. La consecución de la gracia es tan ardua y difícil como una guerra estival. La gracia repercute en el orden divino. La gracia es un desafío a cuanto es bello sin méritos propios. Cuando se consigue la gracia, uno puede estar seguro de que no se nació con ella, de que no es una marca de nacimiento, de que no es fatuidad advenediza.

Recuerdo que en la escuela preparatoria un día me di la libertad poética de escribir un largo texto (del cual el 50% de las palabras no tenían el más mínimo sentido) acerca de las tres gracias. Aglae, Thalía y Eufrosina —retratadas con singular desparpajo por Rubens en uno de sus más famosos cuadros.

Las tres gracias —tres estados fulminantes de la condición humana: la juventud, la madurez y la vejez— son tres por mero accidente. Cada gracia es un accidente y la carencia total de gracia no es sino la vida convertida en un páramo sin accidentes (con un letrero de neón que anuncia “en este pueblo no pasa nada“). Lo mismo pasa con las tres virtudes teologales: Fé, Esperanza y Caridad. La entrada a la ciudad de dios —cuya llave no está en las manos de San Pedro, sino de San Agustín… cosas de la preeminencia de la pluma, ya que no es lo mismo ser un pescador analfabeta que un filósofo con posgrados, ni siquiera en el cielo— es estrecha, y más facilmente entraría un camello por el ojo de una aguja que una chica a la que le guste el sexo anal en el cielo.

Todo es castigo y virulencia, y ya nadie quiere ir al cielo —lo cual se entiende cuando uno mira las entretenciones del infierno.

Thalía terminó de estrella pop mexicana de ínfima categoría.

Vesper | Suicide Girls

¿Cómo hace uno para tener unos ojos así? ¿Será cosa de las perforaciones faciales, o es sólo genética? Claro, habrá quien opine que es efecto del cabello verde…

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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