L7En la discusión acerca del aborto y particularmente en los activismos que resultan de ella -los providas y los del derecho a decidir- los apasionamientos son parte del menú, una parte central. Esto, asumo, en tanto este debate involucra no sólo cuestiones pragmáticas sino autos de fe, sistemas de creencia, escalas axiológicas, redescubrimiento de la propia intimidad y del propio cuerpo, etc.

Aunque no es mi tema, ni aspira a serlo, hace unas horas me dí de tope con una realidad que sí es mi tema y que me produjo cierta preocupación maledicente.

Durante el año 1991 el grupo de grunge L7 (1) , banda seminal de Seattle -que, sin duda, lidereó para la Generación X el revival de la idea del rock hecho por y, en su caso, para mujeres-, fundó la organización Rock for Choice, cuyo principal objetivo es recabar fondos para apoyar a organizaciones dedicadas a garantizar el derecho al aborto y todos los derechos reproductivos de las mujeres en los Estados Unidos, además de las clínicas de salud para mujeres y otras facilidades que, por el contínuo golpeteo de la derecha en ese país, siempre han estado en peligro.

La organización nació a partir de un histórico concierto que el 21 de octubre de ese año reunió en el Palace de Los Ángeles a bandas como Nirvana, Hole y las mismas L7. Rock for Choice ha aglutinado durante sus 15 años de existencia a bandas como Pearl Jam, Red Hot Chili Peppers, Salt-N-Pepa, No Doubt, the Offspring, Fugazi, Liz Phair, Bikini Kill, Joan Osborne, Rage Against the Machine, the Foo Fighters, Sarah McLachlan, Rancid, Melissa Etheridge, the Bangles, Joan Jett, Stone Temple Pilots, Paula Cole, Iggy Pop y muchas más. También cuenta con la activa presencia de personalidades de la farándulilla (que, bueno, tienen que servir para algo) como la actriz Gillian Anderson, la agente Scully de los Expendientes Secretos X.

Pero, ya sé que se están preguntando: ¿cuál era mi pinche preocupación? Bueno, cuando busqué información sobre Rock for Choice en la internet -buscador Google por supuesto-, la primera… no la segunda o la tercera, sino la primera referencia que obtuve venía de un sitio llamado… Rock for Life. ¡Adivinaron! La respuesta de la derecha provida a la iniciativa de las L7. La referencia viene incluida en una larga lista, publicada en este sitio prosida (provida, perdón), de grupos de rock que “apoyan el aborto” (2) y a los cuales, con muy católicos argumentos, te invitan a no escuchar, a evitar sus conciertos, a evitar la mera mención de su nombre, bajo pena de arder en las llamas del infierno (esto de las llamas del infierno ya es agregado mío, no vayan a pensar que estos buenos católicos son capaces de pensar algo así, de ninguna manera).

A partir de esta siniestra inmersión mía en las aguas del frío mundo prolife, pude constatar que estas personas tienen una idea clarísima: los jóvenes están usando el internet y si se les quiere hacer llegar un mensaje éste representa una herramienta efectivísima para hacerlo. No me fue difícil seguir el camino, por ejemplo, al sitio “Next Wave Faithfull” que se erige a sí misma como una “comunidad en línea para jóvenes adultos católicos” y cuyo slogan es la mar de ilustrativo: Live, Love, Purpose, Truth (Vida, Amor, Propósito, Verdad). Si este cuarteto de bellos conceptos no les son suficientes para que se les erizen los pelos, esperen a mirar en el sitio la impresionante cantidad de servicios dirigidos a jóvenes que ofrece: descargas de música, biblioteca electrónica, foros y radio por internet, entre otros. Todo esto, aderezado con un diseño web que se podría ganar un premio.

No es menor, por ejemplo, que la segunda referencia que encontré acerca de Rock for Choice viniera de un sitio llamado “Omega Rock“, una radio por internet que se define a sí misma como “Música Pop Rock con un Mensaje de Catolicismo“. Cristo aparece nomás entrar a la página, con ese aire de estrella rock que siempre ha tenido; y cuando uno mira la lista de bandas, artistas y compañías que producen música católica para jóvenes, la idea de que esta es una industria gigantesca y perfectamente bien organizada no puede dejarse de lado. Hay una industria de la derecha hablándole a los jóvenes. Y esa industria no usa largos panfletos impresos en papel para reciclar sino páginas web, radios por internet y toda una industria de entretenimiento organizada para ser atractiva y para capturar audiencias.

No puedo evitar pensar que alguien pudiera caer en la tentación de decir “deberíamos evitarlo”; claro, son las mismas personas que piensan que páginas como StormFront (de los skinheads radicales de Estados Unidos) deberían ser prohibidas o censuradas en tanto sirven para “organizar el odio”. Pero de esas posturas al fundamentalismo facistoide del juez Baltasar Garzón tirando el sitio web de ETA o la chabacana guerra de Tipper Gore para poner las etiquetas del “parental advisory” en los discos de heavy y de rap -que siguen sirviendo sólo para aumentar las ventas de discos-, no hay más que un paso. Y si vamos a llegar al exceso de los que dicen que AlJazeera es la agencia de prensa del terrorismo, estamos realmente en un problema.

Probablemente el debate sobre la conveniencia de la circulación de ideas, aunque sean ideas que no nos parezcan, que nos ofendan e indignen, sea infinito y cumpla la teoría nietzscheana del “conocimiento que se muerde la cola”. Lo mismo aplicaría para los debates subalternos que implica, como el derecho al disenso, el derecho a la información y el derecho a la comunicación, entre otros. Sin embargo, me parece que habría que replantear el debate, particularmente por la innegable preeminencia de las nuevas tecnologías en el acceso de los jóvenes a la información. La internet no es únicamente un nuevo sistema “buena onda” y “de moda” para accesar datos; su lógica está creando nuevas referencialidades particularmente profundas en lo que se refiere a la accesibilidad de la información, a la forma en la que se busca esa información y especialmente a la naturaleza que se espera de esa información. El entendimiento de lo multimedia, no como una plataforma técnica, sino como una nueva forma de afrontar el hecho informativo -entendido éste como la comunicación de mensajes y contenidos, y no como el “ejercicio del periodismo”- parecería otro debate necesario frente al reto que representa para cualquier activista generar agenda y simpatías a través de los medios de comunicación.

Y por supuesto, este reto también implica una refundación de las ideas en torno a la propaganda, principalmente por el fardo que la sociedad civil organizada carga gracias a su relación orgánica con la izquierda de viejo cuño, particularmente con los movimientos sociales de los años 60 y 70. Haría falta resemantizar el planfeto, reasumir el diseño como herramienta de propaganda y no como vanidad burguesa, la música popular como espacio de identificación y no como herramienta del imperio (y de paso, si me hacen favor, mandar de una puta vez a la trova a donde pertenece, algún cafetín oscuro a dónde yo nunca iré, lo prometo) y, más profundamente, reasumir el entretenimiento como un espacio para la construcción de imaginarios (que siempre lo ha sido) y no como una herramienta para la distracción y el engaño (que también lo ha sido).

Al final del día, si uno hace un recuento, no es que las activistas por el derecho a decidir no tengan nada a su favor. Cuando uno revisa la lista de odio (perdón por el adjetivo, pero no me parece otra cosa) de Rock for Life, es perfectamente claro y visible que los grupos que apoyan a las activistas por el derecho a decidir son por mucho más famosos, tienen indiscutiblemente más penetración y son, en lo general, más talentosos (aquí, un mea culpa: sí, relaciono sin duda el talento con una actitud libertaria ante la vida… ¿usted no, querido lector o lectora?). Sin embargo, llama la atención y preocupa la carencia de una perspectiva de entretenimiento y de captura de audiencias en la propaganda generada no sólo por el activismo prochoice, sino en general por todo material mediático generado por las organizaciones de la sociedad civil. Y con perspectiva de entretenimiento no me refiero a trivializar los contenidos de las agendas, sino a afrontar el hecho creativo de la producción de materiales mediáticos de una manera dirigida, con audiencias claras y particularmente con un interés en establecer un diálogo (o si se prefiere, una negociación) con el imaginario de las personas a las que queremos involucrar.

Porque, por mucho, el tiempo de convencer a los convencidos ha quedado irremediablemente atrás.

NOTAS
1. L7, el nombre, es una palabra del slang gringo de los años 50, que significa “cuadrado”; una persona conformista y adaptada al stablishment (por ejemplo, en la conocida rola “Wolly Wolly”, conocida en español como “el bule bule”). Sin embargo, en los años 90 tuvo auge como referencia críptica a la posición sexual conocida como “69”.
2. El concepto de grupos o personas “a favor del aborto” es una simplificación majadera de las mentes provida. Asumir que hay personas que desean el aborto o que lo pueden reducir a una experiencia deseable o placentera, es simplemente ofensivo.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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