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   Escuchar y el deber ser de "escuchar" | sábado, agosto 16, 2008
Tiendo a pensar que, en lo general, es una mala idea escuchar a las demás personas. Supongo que en todos los años que llevo como blogero nunca he dicho nada tan políticamente incorrecto y supongo también que por lo menos uno de mis tres lectores dejarán de leerme, visitarme y/o escribirme después de esta afirmación. Lo sostengo. Es una mala idea escuchar a los demás. En un mundo que hizo suyas una serie interminable de ideas falaces acerca de lo que significa, por ejemplo, la tolerancia, resulta casi infame decirle a alguien "no": No quiero, no me gusta, vete al carajo con tu idea, me importa un carajo lo que digas. A veces te acusarán de individualista, los menos avispados, y de traidor a la revolución los más imbéciles (es decir, los que además de ser poco avispados se creen inteligentes, comprometidos, etc.). No quiero significar que escuchar, como acto cuya deontología (subrayo: deontología, no significado) apunte a "poner atención a lo que otros dicen", haya dejado de ser siempre vital, siempre retador, siempre excitante para cualquiera que tenga más de dos dedos de frente.

Pero a últimas fechas (o no, perdón; en realidad, desde hace mucho tiempo, pero con un revival muy intenso a últimas fechas) he escuchado a más de una persona "de izquierda" decirle a otros "no sabes escuchar". Lo que significa, palabras más, palabras menos: "no haces lo que te digo", "te aburres cuando hablo", "¿por qué no me aplaudes?" o "¿cómo es posible que no te entusiasme la tan brillante idea que te acabo de zorrajar?". En tan vibrante estupidez (cuando la estupidez se indigna, es fluorescente), puede uno detectar el gérmen de la más eversiva de las intolerancias, de la más incoherente de las luchas; el germen de la imposición. Es curioso que el axioma de la "escucha" como virtud de izquierdas resurgiera -al menos en México, y hasta donde alcanzo a ver- a partir del meticuloso y vibrante esfuerzo de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y la consecuente Otra Campaña de los Zapatistas, que bajo la idea del "caminar preguntando" supuso una disciplina férrea por parte del zapatismo para NO tomar la palabra, para permitir que las palabras (y en consecuencia, las ideas) se encontraran en donde nadie podía preveer encuentros.

Sin embargo, lo que hoy impera en ciertas esferas de lucha social -incluso en varias de abajo y a la izquierda- es precisamente lo contrario. En el escenario de la izquierda mexicana, es casi retro pensar en no imponer. Me causa curiosidad -sí, una de esas curiosidades enfermas- ver cuál podría ser el destino final de todos esos baluartes de la "democracia" (es decir, luchadores sociales, líderes) que, empecinados en que su visión del mundo y las formas son tan, tan, pero tan universales que NO pueden constituir imposición alguna, se avocan últimamente a la imposición de sus banderas, liderazgos y modos.

Si hacemos caso al imperativo categórico del viejo y animoso Kant, y asumimos que el deber ser (es decir, la deontología como ciencia de la ética -no como erróneamente la concebía Jeremy Bentham, es decir, como la ciencia de la moral, ya que la subjetividad no puede tener su propia ciencia), asumimos, entonces, que el deber ser de la escucha es más una guía hacia la comprensión de nosotros mismos en lo que conocemos de los otros y un camino para descifrar el comportamiento ético como un razonamiento sine qua non de la condición humana (la de las formas de vida humana más o menos inteligentes, se entiende). Es decir, bajo la lupa kantiana, que si quieres que tu conducta pueda convertirse en norma general, debes preguntarte qué pasaría si todos comenzáramos a actuar igual. Dicho de otro modo, no creas que tu conducta es conveniente para todos sólo porque te conviene a ti. No seas imbécil, pues.

La razón hoy, en muchas izquierdas, es trístemente imbécil. Escuchar la razón se ha vuelto triste. Escuchar comienza a ser una flor que se marchita en el acto mismo de escuchar pero, más todavía, en el acto de que te escuchen.

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   Pedro, la huella y la memoria | sábado, junio 28, 2008
Es interesante, cuando no extraño y desconcertante, la forma en la que la mente trabaja cuando se trata de reencuentros, aunque sean furtivos. Me acostumbro muy fácilmente a la indiferencia, dicho sea de paso; a mi propia indiferencia, al vacío que llena de manera violenta la ocupación, la chamba, la responsabilidad, el compromiso político, las prerrogativas de la vida adulta, como dijera Sylvia Plath. ¿De dónde viene toda esa mierda? ¿Qué nos define como adultos, o como niños, o como protagonistas de nuestra propia historia? Me imagino que nunca lo que no hacemos, siempre lo que hacemos desde el estómago, desde lo que somos, desde lo que creemos ser. Somos definidos por nuestros actos viscerales.

Como sea, hace unos días me llegó el correo de un tal Pedro. Resulta que este Pedro no es cualquier Pedro, no es el de Pedro y el lobo, mucho menos el Pedro apostólico, sino Pedro Romero, entusiasta de uno de los fanzines que solíamos publicar hace algunos, muchos, años: el Yet Len Niis. Amigo entrañable, además, de Los Prostitutas, la peor banda de rock del mundo (por lo menos de aquellos lejanos años noventa del siglo pasado). Me resultó curioso lo lejano que hoy me siento de todo aquello -no, no deprimente ni desconcertante, sólo curioso-, lo desprovisto de significado que es todo y, al mismo tiempo, lo interesante que resulta mirarlo desde la distancia. Pienso en la deontología de lo placentero, si la hay: no puede ser placentero mirar hacia atrás, sino curioso. Uno mira las fotografías de su infancia con ese desapego que da el saber que eso que miramos (el niño flaco, el peinado ridículo, la ropa ochentosa) no somos nosotros, sino algún otro que vino a representarnos lo que fuimos. No puede ser placentero, decía, el conocimiento de uno mismo desde un tiempo que hoy nos define, que nos confronta con todos los otros tiempos, momentos, que nos han definido. Lo placentero, si hay algo que merezca esa definición, es hacer las cosas. Hacerlas hoy. Redefinirlas para nosotros en lo poco de hoy que nos queda. Hoy es una noción que se muere a cada instante.

También fue siniestro. Pedro me preguntó por alguien que ya está muerto. Uno se imagina que las noticias de muerte (en este caso la de Johnny Mho, el bajista de Los Prostitutas) corren rápido y trascienden, inevitables, el velo del tiempo. No es así. Nuestra muerte se pierde de todas las maneras posibles y el mundo, como anticipara Nietzsche, planea indiferente hacia su propia muerte. Nuestra muerte no significa nada para nadie, apenas un obituario y un par de lágrimas en familia. La pregunta de Pedro me hizo pensar en R.D. Laing; esa idea que vuelve contínuamente a mi cabeza y que reza que si bien "el mundo" va a seguir después de nuestra muerte, podemos afirmar que "nuestro mundo" morirá con nosotros. Nuestro Mundo es un concepto nebuloso: la propia afirmación a través de lo que supimos construir, dejar, anticipar sobre nosotros. Qué cagada.

Prefiero morir sin mundo, silencioso.

Bien, la cosa es que Pedro me hizo recordar un par de omisiones (ominosas, huelga decirlo), un par de huecos virtuales que hace mucho que están, pero ya no.

Así pues, se ha repuesto esta parte de la memoria:

La página web del Yet Len Niis.
La página web de Los Prostitutas.
La página web LunaCalavera.

Sales. No dejemos huella. Dylan Thomas estaba equivocado: hay que hundirse suavemente en la gran noche.

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   Avance y retroceso | jueves, abril 17, 2008
Su cuerpo nunca está quieto, aún en la quietud de los albores: se destaca el devenir de una curva, la línea recta de una pregunta sin sentido, el vibrante devenir de su cabello como de medusa. En cada estadio del día hay movimiento, en cada movimiento una virtud o un enamoramiento.

Puede resolverse en un beso frente a la pantalla de un computador, o como una cornisa y un salto al vacío. Puede largarte un discurso enfebrecido y luego caer en tus brazos como la imagen exhausta del Ché. Abrirse como un libro de viaje o como una colección de sellos postales. Resolver una ecuación cualquiera siempre y cuando una de las incógnitas sea un sonido, un ritmo o una mujer abierta de piernas. Deslizarse en su propio cuerpo como un historiador en una tienda de antigüedades.

Ella puede, en virtudes, marcar tu rostro de defectos: la suave claridad de su guerra contra una memoria corta, contra la hipótesis de un cuerpo grande, contra la fiebre de un día domingo.

Su menstruo cae como una sala de urgencias desolada. Y duele.

Yo, lo miro caer.

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   La Muerte Chiquita | domingo, abril 06, 2008
En uno más de mis inumerables y casi siempre infructuosos intentos por arrastrar a la gente al rídiculo y al engaño, me permito presentarles la web con podcast incluído de "La Muerte Chiquita", programa radiofónico co-conducido por su servilleta y La Maga.

El programa navega por las inseguras aguas del sexo, lo porno, lo caliente, la masturbación auditiva y el humor ácido (por aquello de ácido a chingar a tu madre).

Espero (esperamos, quiero decir) que lo disfruten.

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   Caminando en círculos | jueves, febrero 28, 2008
Podríamos decir que no nos sabe el café y que la caminada está diseñada para cansarnos. Asumo que las distancias entre nuestros cuerpos cuando caminamos (ella adelante o atrás o, en el mejor de los casos, adelantándose o atrasándose, según) están basadas en la órbita de mi bastón, chueco y jodido y notoriamente más rápido que yo. Siento cómo vibra cada imperfección del piso bajo mi pie izquierdo, mientras el derecho vaga sin rumbo, muy seguro de sí mismo, asumiendo que le puede arrancar un camino al viejo sancris. Mi pie derecho es un hacha enamorada de un árbol caído.

De pronto y cada cierto tiempo, las paredes nos gritan ¡qué viva la revolución!

De pronto y cada cierto tiempo, ella voltea y me pregunta ¿estás bien?

De pronto y cada cierto tiempo, una niña nos asalta para intentar vendernos lo imposible.

Notoriamente opuesto al bardo, mi cuerpo se empecina en seguirla y mi memoria le cuenta lo que sé de nada, de apenas unos rincones y su historia más bien reciente; cuando caían cadáveres de hombres, cuando se hacían esqueletos de mujeres, cuando venían los meros comandantes a decir que tal o cual cosa y que si iban o venían. Ella me escucha entre fascinada y vidente, con esa cualidad suya que tiene de ver con los ojos lo que escucha con las orejas; y la adivino escuchando, más que viendo, todo lo que le cuenta mi memoria. Luego se estira y se compra un muñeco de lazo, una falda de rojo y un anillo de cobre que perderá en dos días.

Tenemos que pararnos de pronto y cada cierto tiempo: yo me quedo viendo al cielo con desconsuelo y ella no termina de sentirse bien. El cuerpo nos cobra nuestros descuidos: el amorío de una bicicleta y la memoria de un año de viaje.

Se nota notoriamente que nada le da lo mismo, que todo le da igual, que nada de eso se contradice y que es por eso que aprende a seguirme el paso.

Se nota notoriamente que a ella le parece que todo aquí acaba siendo un taco. Que las salsas para turistas no pican, que Chiapas se sigue cayendo a pedazos como las ciento cincuenta veces que vine antes y que cuando se viene la noche hay que ir a dormir en un cuarto de hotel que nada le pide a una sala de tortura. Las luces de un bar no alcanzan para ligarse a nadie y nos vamos deseando otros cuerpos en nuestra cama, pero sabiéndonos más que suficientes, vastos.

Se nota notoriamente que los ojos se le enturbian cuando está harta de mí, aunque me insista en que nunca le pasa. Entonces los pies a mí se me hacen ojos, se me enturbian, se me entregan al dolor. Se me derraman en lágrimas y puedo finalmente caminar como los ríos mandan.

Y le lloro diciéndole que no puedo seguirle el paso. Escudada en mi altar de sombra, en un destino de café de grano, mi lentitud se siente niña, niña en sus brazos. Como esos niños mugrosos a los que se arrastra en medio del berrinche y el desconsuelo y que flotan como ángeles en medio de su cansancio rebelde. Ya no quiero caminar. Caminar es un trabajo de ángeles con dos piernas.

Ella me pide que duerma en el hueco de su cadera.

Y lo arregla todo diciéndome que siempre caminamos en círculos. Que somos inmensos, en la multitud de pasos que damos juntos.

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   Enferma para siempre | lunes, febrero 18, 2008
Drástica, pasea su espalda desnuda para obtener una huella. Flores que le nacen a una paloma para recordar la magia. La magia de un año, o la magia de los años por venir. El esfuerzo es duradero y filoso como una distancia. Sus dientes se cierran sobre una pulsera de cuero (la pulsera que guarda la incógnita de una noche michoacana) y sus ojos me buscan en una evocación del dolor que ambos conocemos. No el de la aguja ni el del empeño ni el del sonido de la máquina a pedal. No el de la timidez o el reproche, ni el del esqueleto que somos por las noches. No; el dolor que evoca es el de no tenernos; el de ir en soledad a la muerte, cuando se sabe que hay en el mundo un lugar para yacer en paz. Su espalda se arquea magnífica como es, y desentona con el deseo brotando de sus tetas o con las ganas que tenemos de faltarle al respeto al artista que la marca. Su espalda se arquea, se tensa y se expande, se delimita en una frontera propia: el mapa de un viaje que ella misma dibujó en una mesa, en una tarde. Su cuerpo es ahora la tarde que espera el brote, el retoño, la noche que somos al estar juntos.

Tinta corre como una lluvia de estrellas. Abarca su alta espalda y la alta cerviz de su linaje. Avanza como un dibujo de nubes. Se queda como un graffitti que alguien borra para siempre; luenga y fibrosa como la musculatura de un ciempiés. Su tensión es la tensión de una maga: el conjuro se hace cicatriz y delicadeza; fiebre y sábana. Arco tensado para dejar ir la flecha que somos.

Por las noches, recorro su espalda con mis dedos impregnados de remedio. No aspiro sino a verla curada,

y enferma para siempre.

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   vacío de vos | miércoles, febrero 13, 2008
cruel como una hortiga sin territorio
fácil como el ceño fruncido del ché
sin motivo como un grito o
como una conjugación en gerundio
inmóvil como una ráfaga de aire
oculto como un obispo cuando peca
barrenado como una calle cuando
la quieren avenida y zanja y estornudo
imbécil como yo mismo y como otros
ácido como los cantos en la iglesia
sin excusa como el sol a la sombra
tétrico como una monja o un vino malo
aciago como una acera alta
virulento como un niño cuando duerme
escaso como la inteligencia
fúnebre como un aniversario de bodas
cruel de nuevo y a intervalos
triste como un casorio a regañadientes
vacío como un concierto de filones de oro
vacío como un abalorio tras carnaval
vacío como el vestidor de una nudista
vacío como el congreso y como el cielo
vacío de repente y de improviso
vacío y fúnebre y dejado

de vos.

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   Somos Todos * | lunes, enero 28, 2008
El demonio está metido en un rincón del prostíbulo
Una pequeña maleta de viaje
Sus huevos rebotan bajo sus pantalones **
Sus dedos juguetean con el liguero de la pequeña martina, josefa, josefina,
La fina mujer que le da hogar y veneno
¡Cuánto quisiera el demonio verla muerta en un cuarto de azotea
En un vaso de tequila, en un caldeo de hombres gays del mercado viejo!

Verla muerta en el reflejo sangriento del metro
Un ángel acuchillado en el animoso garibaldi ***
Mujeres buscan al demonio luego de bailar en la iglesia de santos y de muertos
Algunas parecen tristes; martina, josefa, josefina,
Esos fantasmas taloneados por el tiempo
Pero el demonio las estima con su amor padrote
Sus huevos son grandes y rebotan.

¡Ellos saben quiénes somos! Grita alguien desde un portal oscuro,
oculto en la sombra prolongada de la tarde.

¡Ellos saben quiénes somos! Gritan los polis mientras entierran lentamente
Cadáveres que les son desconocidos y remotos.

Y el demonio se sonríe en su rincón
Junto a él muere un tequila desahuciado
Él sabe quiénes son todos y sin embargo
al no saberlo los ignora; son desconocidos
Las putas bailan sobre incendios ajenos
Cuando enseñan el coño escurren tedio y cenizas.

¡Ellos saben quiénes somos!, gritan
¡Ellos saben que el demonio somos todos!

* Hoy estaba pensando en esta canción. Hace muchísimos años la escribimos mi compadre Isauro Cruz y yo. Nunca la grabamos, salvo esta ruda versión en vivo. Me viene a la memoria como añoranza, pero también como requiem por mí mismo.
** Huevos: testículos, en México y otros alrededores.
*** Garibaldi: populosa plaza en el centro de la Ciudad de México, conocida por ser el centro de operación de sendas orquestas de mariachis y de una fuerte actividad prostibularia.

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   la concurrencia de un gato y una cadera en una ventana | sábado, octubre 13, 2007
la concurrencia de un gato y una cadera en una ventanadecía la definición académica (y ni tanto, más bien la definición propia) del surrealismo que éste era: "el encuentro fortuito entre una máquina de coser y un paragüas sobre una mesa de disección". Bueno, esta es la concurrencia fortuita de un gato, una cortina, un vidrio roto y una radiografía de cadera sobre una ventana.

Abrí de tajo la puerta y me encontré con la mirada suya, muy pagana, mirada de inconsciencia y de libación fortuita. Me encontré sin una palabra en la boca, sin un dejo de invitación a pasar (de largo, de frente o a lo barrido). No me animé a mover el cuerpo en esa gestualidad de los que dicen "éntrale, ya que estás aquí". Tal vez porque no había ningún espacio recurrente al que entrar, tal vez por majadería adolescente, tal vez porque hace rato que los ojos que me miraban habían entrado de lleno en la tierra baldía de lo que soy.

Me dejó el equipaje en la mano y se entró nomás como se entran las cosas que dan fundamento y que llenan páginas y páginas de la crónica que entendemos como nuestra vida. Se entró con el paso turbio de los que no esperan llegar a ninguna parte, con las manos ocupadas en alisar el cabello rubio en aquel entonces y con los sentidos puestos en buscar acomodo, un rinconcito para sentarse y descansar. Se la veía cansada y con la carretera marcada en esa pequeña, invisible arruga arriba de sus labios, que parece más un rasguño de gato que una marca de días. Se llegó con un gato nomás y con los oídos abiertos de su obsesión por escuchar: escucha sonidos improbables y piezas para piano y gato; escucha el llamado de la muerte y el movimiento del pesado mecanismo que en la cabeza le revuelve los pensamientos. Se tornó desnuda y se entornó las comisuras de los labios para dejarme saber su cuerpo de costado y sus nalgas como abismos. Se alivió el impulso en mi boca y me llevó a la cama de su desmemoria y a los sudores de lo que se oculta en su entrepierna.

Me dejó ver que se podía ir cualquier día pero que se quedaba conmigo: arrinconó sus fotos para soñar con ellas y nadie supo de ella sino la sombra, la nostalgia y la música desde aquel día.

Y yo sé que ahora ni siquiera la significo al verla. Me quedé sólo, entero, con ella en los brazos vacíos.

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   Ítaca y una fractura | jueves, julio 05, 2007
Escribo esto desde el hospital Rubén Leñero, cama 16 del 3er piso, servicios de... mmmh. Olvidé el nombre. Ya. Ortopedia: sustantivo. Área de la medicina que se ocupa de los problemas del Orto.

El martes pasado rompí mi pierna en un accidente la mar de absurdo. Mi bicicleta, bautizada por la banda como "la sombra-luz" (por la famosa motocicleta del SubComandante Marcos), tuvo la brillante idea de derraparse conmigo arriba. Vi cómo se acercaba el piso de una forma inusualmente rápida, mi cara se estampó contra el piso, mi brazo izquierdo... y debajo de todo esto, mi pierna izquierda. Al principio, sólo tuve la extraña certeza de que algo no estaba bien. Una mujer muy amable acudió en mi auxilio; su primera declaración fue:

- No se mueva, joven, porque sonó muy feo.

Me encantó que fuera el sonido lo que definiera la preocupación de mi benefactora.

Hospital local, mucho dolor, preguntas absurdas todo el tiempo (nunca dije tantas veces mi nombre a tantos desconocidos en tan poco tiempo), sala de urgencias del Rubén Leñero, la definición misma de lo sórdido a mi alrededor. Todos muy amables, pero con esa frugal indiferencia por la miseria humana que, me imagino, debe ser una característica sine qua non si uno quiere vivir de eso.

Y bueno, ahora aquí, en una cama, la 16 del 3er piso, Ortopedia.

Fractura de Meseta Tibial tipo IV de Shalkter. Qué mierda significa eso, sólo los doctores lo saben. Lo que sé con certeza es que van a operarme. Tornillos, placas, dinero. No es buena idea, nunca, caerse y romperse un hueso.

Es como huir de Ítaca, escuchando el canto de las sirenas, y saber que a la vuelta de la esquina te espera el naufragio.

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   | viernes, junio 01, 2007
Negrita, el corazón me grita; me pide que vuelvas de una vez. Una vez tuve una vida, no era fácil pero era mía; y ahora me falta lo más importante. No quiero ser el estúpido que llama a partir de las 3 de la mañana. Pero negra, es mi corazón que se desintegra porque me falta lo más importante. Siempre supe que sin usted no podría sobrevivir; es más hambre que el hambre, más sed que la sed, peor... Necesito escuchar tu voz, volver a hacernos el amor. Volver a sufrir y a vivir por mi negrita; no ves cómo el corazón me grita y el techo se me cae encima, porque me falta lo más importante. Una vez en Buenos Aires me di cuenta que existen las fantasías pero también existe el amor verdadero, sin ese no puedo seguir entero porque me falta lo más importante. Perdón otra vez si no lo dije a tiempo; odiado, perdón por no estár donde tenía que estar. Te pido otra oportunidad, creo que supe esperar. Si no das una señal voy a tener que aprender a vivir otra vez, voy a aprender a los golpes a recibir. Tal vez elija mil veces el mal camino; voy a tener que aprender a vivir otra vez. Para mí la fiesta ya se terminó: nada de sexo frío, nada de amor. Un poco de drogas y rock and roll y a seguir adelante; con farmacia y con aguante, porque me falta lo más importante. Porque me falta lo más importante. Porque me falta lo más importante.
Andrés Calamaro | Negrita | Honestidad Brutal

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   Con un yunque | miércoles, abril 04, 2007
Campos de desilusión
¿Cómo caminar entre las nubes sin ser ligero?
Tanto que dejar atrás
Es una mochila con un yunque
y el horizonte un sindolor
con el calor que trae el sol.

Me darás mil hijos | Sueños de Autostop

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   Naufragio | miércoles, marzo 07, 2007


Ayer obtuve una marca con el "fortuna imperatrix mundi" de los cultos romanos, estrictamente ligado al culto al sol como regidor del destino.

La fórmula logró de hecho sobrevivir muchos años hasta llegar a la baja edad media; en esa época, durante los siglos XII y XIII, un indómito y sui-géneris grupo de monjes en Baviera (en el convento de Benedikbeuren) se dedicaron a escribir poemas dedicados a la fortuna, al sol, al azar, al vino y la embriaguez, a la fornicación y el amor. Este grupo de monjes se llamaba a sí mismo "Los Goliardos" y sus poemas constituirían luego un Canon muy difundido en su tiempo llamado "Carmina Burana". Este canon poético fue muy perseguido por la iglesia católica, sin muy buenos resultados.

El canon fue popularizado por el magistral Carl Orff, músico alemán cuyas dos principales obras (el Carmina Burana y el Catulli Carmina) están basados en los textos de esos monjes.
No soy en vela el que se pregunta por ti. No soy el que repara en tus ausencias, ni el que dice la numeralia de tu furia, ni el que repara el reloj de nuestra herrumbre. No soy en direcciones ni aspavientos. No tiendo a ti como corriente de agua y de vacío. No soy destino ni terminal de bus ni estación del año ni la corriente eléctrica de dios. No soy el que toma tu mano con ternura ni un apagón de media noche. No soy un bombardeo sobre Londres en 1943. No soy el vello tupido de la virgen ni tu pubis rasurado. No soy el que incordia desde la parte baja de un domingo y su nostalgia. No soy una casa un auto una cuenta de banco. No soy la voz que resuelve otra voz por casualidad. No soy el que te haría el aMor por derecho ni por inconstancia. No soy el que acapararía el velo de tus ojos para una hora de luto o de plaza pública. No soy el que delataría tus crímenes para adelantarme a tu derrota. No soy el que te pediría silencio para escribirte un verso en clave de Neruda. No soy el que dejaría de comerte el coño para dirigir una mirada de pureza a un dios muerto de envidia. No soy el que depararía para ti el paso del tiempo: ni siquiera el que gustoso contara tus horas para que te dieras cuenta. No soy el que abriría la puerta para que te fueras, ni el que borraría tu historia para que te quedaras. No soy la aurora, apenas la luna llena y un cuarto menguante.

Apenas un grito que te llama. Apenas nada y la aspiración de un todo evanescente. Apenas la claridad de un sí que invoca todos los noes que dicen no y mientras tanto. Apenas el adelanto de una muerte que es del todo tuya pero que también es del mundo. Apenas un barco hundido que muere sin buscar regresos del naufragio.

Si soy, soy apenas quien derrite una vela, aspirando a mirar mi sombra y descubrir que es la tuya. Soy, apenas, quien al mirarse en un espejo descubre

que soy tú.

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   Estancia en el mundo | martes, febrero 27, 2007
No asisto en modo alguno a los
rituales del sol poniente.
Descarto mecanismos que
me obliguen a intuir el paso
del tiempo sin quebranto.

Al derrotar a dios en su sonrisa
caminé en círculos sobre
la tragedia de mi triunfo
y no objeté ni ofrecí argumentos
para postergar o partir al vuelo.

Quebranto en mí la imaginería
de toda eternidad posible:
camino cual un cristo idiota en
el agua indeleble que me bautiza
en cada naufragio.

Cierto día y cada día que pasa
construí a la sombra fría
de la muerte el espinazo
la columna central de mi amorío
con el diablo.

Amor sin cimientos y sin ruinas
se erige como el campanario
imposible en medio de un mar
de lava, del mar de sangre
del resto de los días.

No hay huella posible de mi paso
Ningún camino lleva a mí
Descargo al mundo de la culpa
de no encontrar el rastro
de mi estancia en el mundo.

Soy el que vuelve sobre sus pasos
sin encontrar paso alguno
no horado ningún tiempo
ninguna época me recuerda
ni como hijo ni como estigma.

Nunca he sido lo que aquí vive.
Más bien han sido yo los que
en el resto de la vida viven
y me viven y mueren indiferentes
a mi fría descortesía.

De frente ante mi estancia en el mundo
digo que no odio lo que soy
odio ser, en todo caso, este
vacío

que no es ni la broma ni la muerte.

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   | jueves, febrero 22, 2007
Y la escena absurda se hizo realidad.

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   El infinito mundo | domingo, febrero 18, 2007
La entrada a nunca jamás
Desde la nieve/caemos al infinito mundo/que te va a divertir.
Eva Meztli, improvisando una canción.

Y nadie. Nada. Todo se hace obvio, como cuando uno omite una palabra porque da por sentado que todo el mundo entiende exactamente lo que uno iba a decir. O como cuando uno no dice algo a los ojos porque hay tiempo, porque hay tiempo para decirlo o para omitirlo, da lo mismo. Y nadie. Nada. Avanzando en el perfil, la definición de la ausencia.

Dice mi hija que caemos al infinito mundo. Y yo —que apenas ayer llegué a la conclusión de que el mundo tiene fin, que es plano y tiene orillas, que el mundo no se atiene a la definición rusa: "el amor verdadero se parece a un anillo, porque un anillo no tiene fin"— me digo que aceptaría cualquier definición del mundo que fuera mínimamente verificable en los hechos. El mundo tiene fin, hija, me digo. Pero ella avanza en su afán de definiciones y me advierte que, como siempre, me equivoco.

Hace tiempo que miro cómo los amantes se tocan. Cómo se sonrojan ante apenas la insinuación del beso, de la caricia, del vacío. Escucho sus voces susurradas diciéndose: "Amo tu olor". Y luego escucho cómo la réplica es un estático "yo también" que se repite y se repite, se invoca. Ese amor que hace llorar, que hace que el frío sea tan ardiente como el calor, que hace que los ojos se enciendan como los de un loco, una loca; ese amor que evita cualquier entendimiento, que ataca todo canon posible. Hace tiempo que miro desde este frío cómo se calientan. Cómo se atreven y se aventuran. Sus cuerpos aprendiendo a vivir trémulos en la ausencia, febriles en el frente a frente, asustados cuando se miran a los ojos y piensan que lo han visto todo, sin haber visto nada. Los escucho retraerse cuando dicen te amo, como apenados, como muertos comunicándose a través de la espesura del sepulcro, como dedos ateridos de frío que se comunicaran la buena nueva del estío. Como apenados, como asustados, como no creyéndolo, como aliviados, como sintiéndose afortunados, como cuando se miran a los ojos desde sus distancias y luego desvían la mirada por temor a desangrarse.

Ella dice: "somos el centro de muchas miradas".

Él dice: "soñaba con caminar así contigo".

Y nadie los mira y no caminan hacia ningún lado y, sin embargo, se adelantan en el tiempo, en una plaza principal cuya importancia apenas encierra una especie de conjura demencial: perros y bandas de guerra y viejos danzando y mujeres que se acercan cada cinco minutos para ofrecer la venta de algo.

Ella dice: "yo le compraría una broma".

Él dice: "supongo que yo también...", pero se calla abruptamente. Y al callarse, viene a su memoria el hecho incontrovertible de que ella achica los ojos en cada fotografía. Por qué, no lo sabe. Como tampoco sabe porqué piensa en eso justo ahora.

La plaza se reduce a cada metro que avanzan. Parece acabarse pero ellos dan vueltas extraviados, con el pretexto de buscar un restaurante argentino. Y la plaza comienza a agotarse, pero también a no tener fin. La plaza comienza a llamarse "nunca jamás". Cada paso es un avance del vacío, pero también es el avance de lo pleno. No hay curiosidad invicta en esta maniobra: cada cabello de ella es un avance del otoño, cada mirada de él derrite una palabra que significa invierno. Cada color en ellos es el final de una novela: el verde de los ojos de ella, el fuego de los tatuajes de él. Cada cosa que tocan se vuelve fría ante la certeza de que se aman: cada uno piensa que esto es un error. Un error en las cuentas de la muerte. Un pueblo sepultado por la lava. Un barco hundido en una calma chicha. Invitados del diablo, se piensan a salvo. Pero no.

Porque ella viaja hacia él. Y él, después de todo, la está esperando. Y eso es lo más vulnerable que he visto en mi vida.

PS: Me imagino una escena absurda: ella viaja hacia él. Él decide perseguirla. Ella nunca llega a él. Él nunca llega a ella. Demostrándole al mundo que "y sin embargo, se mueve".

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   Los mares de gente | jueves, febrero 08, 2007
Sangre 01

Si fuiste su amigo, deja que ellos lo sepan. No podemos soportar quedarnos más aquí. No es el fin, así que por favor no lo veas así; tienes que pretender que no quieres que nos vayamos. Vende todas tus cosas, no vamos a necesitarlas. Cualquier cosa que lleváramos, sólo aumentaría nuestro peso.
Dirty On Purpose | Light Pollution


La ternura se define en sangre. La pasión, en todo lo que se puede transgredir. El amor es una sábana llena de sangre, una definición de los cuerpos que no están, una definición de lo que se cae, que no somos nosotros, sino el resto del mundo. Amar lo que tocas, pero amar a muerte lo que no puedes tocar. Amar lo que conoces, pero amar a muerte lo que pudiste conocer. Amar la referencia, pero amar a muerte el no tener referente alguno. Asumir que la ausencia es, precisamente, lo que llamas la muerte cuando no la llamas, lo que llamas la sangre cuando no la llamas, lo que constituye la más indigna de las salidas: la mancha en las sábanas que asumen su pureza mientras la sangre se esparce en ellas. Nadie ama como aman los muertos. Nadie ama con esas lágrimas, con esas ausencias, con ese eco de la historia. Nadie ama con ese frío, con esa sencillez, con ese filo de cuchillo en el cuello. Nadie ama como la luna a una montaña, como el sol a un mediterráneo. Si pudiera definirse una mancha en una sábana, su definición sería: date un tiro en la sien, y ama en definitiva. Ama como aprendiste a amar hace años, como sabes que se hace, como sabes que puede significar algo (hoy, que tan de moda está decir que no creemos en el amor, hoy que es tan posmo decir que no significa nada*). Si pudiera definirse la muerte inútil, la muerte rastrera, la muerte militar, la muerte de lado, la muerte de cajón, la muerte estúpida, la muerte de coraza y vuelo comercial, la muerte en un partido de fútbol, su definición sería: morir por Dios, sin creer en él.

* ¿Y qué podría significar? ¿Esta sensación de vacío y de muerte, de negación del mundo, de abandono de todo, de ansia suicida, de silencio? ¿Este no tener brazos, este tener que terminar todo porque todo terminó hace días, o hace años? ¿Este llegar tarde a la guerra que uno debe comandar? ¿Este morir a destiempo y de frío? ¿Este vivir en reversa, este mirar pasar el metro con alas en los pies, este aburrirse de todo, este odiar profundamente la ausencia que soy, este salar la comida para no tener que aceptar que nunca volverá a saber a nada, este calibrar fechas para llegar a la conclusión de que el mejor día para morir es siempre hoy?

Me arrojo a los mares de gente con la mirada clavada en el piso. Tantas personas y yo tan solo. Tantas razones para odiar y yo tan dócil. Tanta muerte y nosotros muriéndonos. Tengo en los ojos la mirada calma del asesino; la certeza de mi criminal inocencia. Guío mis pasos por la determinación de mi tristeza y con la certeza de que cada gota de mi sangre será necesariamente inútil. Frugalmente escasa. Odiosamente amada. Vendida en envases de tristeza para todos los que necesiten llorarme*. Anónimas, cada una de esas gotas, en esta corriente de muerte de los cientos de miles, andarán sobre su relato de muerte y permanecerán intactas y anónimas. Anónimas, aunque tengan nuestro nombre. Anónimas, aunque se impacten en el piso de la historia. La historia de nadie, la historia de Nada. Anónimas en su carencia de nombre, de estigma, de coartada. Vibrando en este oleaje de alguienes, distinguiéndose sólo por su estirpe de Nada.

* ¿Por qué llorarme? ¿Porque fui tu padre, tu hijo, tu espíritu santo? ¿Porque allané un pedazo de tu vida con la poca resolución de mis palabras, con la destreza infame de mi cuerpo, con la carencia de sonidos de mi alma? ¿Porque fui tu amante, tu compañero, tu saltimbanqui? ¿Porque alguna vez te salió de los labios el sinsentido de que me conoces, de que me refieres, de que me miras en tu mente como a un recuerdo de libro escolar? ¿Porque plagiaste el derecho a pensarme en tu vida, o a omitirme de tu vida? ¿Porque derrotaste en mí el vacío en los ojos, por un segundo, sólo para devolvérmelo perfeccionado y contrahecho y brillante como un astrolabio?

No necesito guías para navegar. No necesito mirar las estrellas para saber que estoy perdido. Hundido en estos mares, mirando el piso, sólo pienso en el naufragio. En la boca rota, en la sábana llena de sangre, en ser el muerto que soy. En la ternura absoluta y definitiva. En amar como se debe: sin deberes, sin deudas, sin la atadura de existir.

Naufragar en los mares de gente, como un barco de guerras que se pierden.

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   Free Falling | jueves, enero 11, 2007
Sigo cayendo y es la libertad misma.
M.g.

Es como si nos despidiéramos, dice mi cuerpo, pero apenas lo dice el cuerpo se siente ausente, cadavérico, desnudo hasta el imposible. Importa, se dice, que los sueños pueden caber en una mochila. Importa, se dice, que mis sueños no caben en ninguna parte. Importa irse, se dice, y elucubra en su mente (la mente que yo le presto) acerca de ventanas rotas y besos como enredaderas. Ella, sentada en mi regazo, o en la multitud de espacios vacíos de mi mente, me habló de un hotel tomado por una enredadera; y me imagino que mil enredaderas no bastarían para morir diciéndole adiós. La vida no tiende a marchitarse; es una enredadera insidiosa que se empeña con nuestros huesos. Hace de nuestros huesos su oficio; su hotel abandonado. Será por eso que mi cuerpo se asume el de ella en cada abrazo, terco en decirme que puedo ser indiferente; será por eso que mi cuerpo se despide.

No entiendo tu miedo, me dicen mis manos. La has tocado de ausente, de primate, de cuerpo y mente la has tocado, de remanso y de costado y de no tocarla la has tocado. Te has visto en ella como ardiente, como sombra luz, como recordatorio. ¿Es que acaso no importa que se te deshaga en las manos, que sus huesos diminutos, que sus huesos que se le deshacen a ella misma entre los dedos, se te evadan en minutos y en horas de oficina? ¿No te importa que no sea frágil y virginal y táctil, que no lo sea nunca, que no lo sea para ti, en todo caso? No entiendo tu miedo, me dicen mis manos mientras le piensan la espalda, mientras le rememoran la nuca, mientras se afanan en reconstruir su barbilla, mientras retienen la forma distante de sus nalgas en una botella de cuarto de litro. Mis manos se cierran sobre el vacío que su salto me deja, como si supieran que no hay a qué aferrarse cuando todo es caída: será por eso que mis manos no entienden mi miedo.

Mis hombros se adelantan con su afán de sostén y picaporte; responden una pregunta sin respuesta y dicen "no, no importa". Lo que importa es mantenerse cayendo; nunca a salvo, siempre a tiempo con la muerte. Pero ella no te salva, ni te retrasa con la muerte. Sólo te cae, te cae, se cae, aprende a caerse contigo. Lo que importa es nunca importarse; pero ella no te importa, no te importa siempre. Siempre, esa palabra. Siempre significa lo mismo que luna y que paleolítico. Siempre significa lo mismo que mañana y que nunca. Mis hombros entonces recuerdan el sabor de las derrotas, que en su peso les han dado forma, infortunio, la semántica de su dureza. ¿Qué más da que esta sea otra derrota, cuando las derrotas están siempre anticipadas? Boxeador inútil, me retraigo en lo que a mi cuerpo le duele de esta ausencia total de cuerpo; será por eso que mis hombros se adelantan.

¿Por qué no siento mi cuerpo? ¿Porque voy cayendo? Lo que importa es que caigo. Caigo adelantándome a mi odio, a mi velocidad, a mi cuerpo, a mis manos, a mi amor, a mi enemigo, a mis hombros, a mi encierro, a mi lejanía, a mi ella misma. Caigo como nunca había caído, con una maestría de ángeles.

¿Podré dejar de caer algún día? ¿Bastará con que su cuerpo se ausente de este vacío? Caer como caen las resacas, como caen las horas, como se derrumban los medios días, como caen las luces en los semáforos, como caen los orgasmos, como nos cae encima la indiferencia, como se vienen abajo las notas de un blues.

Caer así es también un arte. Como casi todo.

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   Mala Costumbre | martes, enero 09, 2007
Se mueve indecisa en horas de fiebre. Quienes le piden que actúe con belleza brutal no le marcan camino, sino apenas un sendero de piedra, de avance dificultoso, de pick-up danzando a vaivén, de terraplén y terracería, de antro mal iluminado. No pide nadie que sea honesta o que se deshaga en sinceridades. A veces ella lo piensa y lo cree y lo elucubra, hasta le da forma de graffitti subrepticio y de ofensa gritada en plena calle, pero no es así. No le importa a nadie (no me importa a mí, por lo menos, y deduzco entonces que no le importa a nadie). No le saca arrugas a ninguna frente ni le causa escozor alguno a ninguna entrepierna. Nadie se masturba pensando en ella. Nadie cuestiona su origen germano, sus antepasados guerreros, su herencia de gitanos. Nadie.

Cuando le preguntas qué vieron sus ojos ateridos en Europa, ella responde: todo y nada. Lo de siempre.

Cuando le preguntas qué espera de ti, casi siempre responde con la cara sumida en el sonrojo y mirando de lado: nada. Y a veces no le crees, pero a veces sí.

Y te sientes nada, y te asumes nada, y en la nada te envuelve el regocijo.

Es como si fuera. Como si su evocación no pudiera pensarse sino en pasado (¿y qué evocación no se piensa en pasado?), y por tanto no pudiera sino aspirar al rebote estúpido de los lugares comunes, que corren de boca en boca y de cama en cama y mueren cuando alguien los descubre. Como si fuera Stephen Dédalus pero drogado y marcando el paso en una calle de zona roja. Como si fuera una artista adolescente que se hubiera atragantado de gomas de borrar. Es como si fuera. Las grandes naciones frecuentan las grandes equivocaciones y ella se revuelve como nación grande, como patria ficticia, como si de su coño salieran ejércitos a contemplarla.

Y mi hartazgo de mí, el odio que me tengo, me pregunta: ¿cómo no amar eso? ¿Cómo no volcarse en eso? ¿Cómo ignorar ese cuerpo grande y voluptuoso y maravillosamente fuerte? ¿Cómo no hacer de esta levedad amor? ¿Cómo no extrañarla cada vez que se va? ¿Cómo no desear la muerte con ella, en su magnífica indiferencia? ¿Cómo no llamarla puta mala y amarla por responder con una sonrisa? ¿Cómo no amar el olor de metal de su vulva? ¿Cómo no aceptar la complejidad de los besos y de la sangre que se vuelca? ¿Cómo no amar el hecho de que la sangre le sale gustosa casi cada vez que se la meto? ¿Cómo no amar que me envuelva con sus nalgas y le de la cara a su ventana, por donde miramos juntos pasar personas raras y gritos de preventa? Mi hartazgo de mí me dice, cada que en silencio me lo dice, que ella no se salva cada vez que me quedo a dormir en su cama. Que ella pierde algo; lo mismo que yo gano.

Ella se revuelve como una nación entera. Soy de ahí. Ahí nací. Quisiera morir en ella. Dejarla pasar sin preguntar. Atávica. Como a una mala costumbre.

Dejarla pasar, como un campesino enamorado de una tormenta.

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   Amar es enterrar | viernes, diciembre 29, 2006

To love is to bury, foto original de radio-diablo.

"To love is to bury" es el título de una canción de los Smashing Pumpkins. Hace unos días, durante el sepelio de la bisabuela de mi hija, estaba recordando precisamente esa canción. Precisamente esas palabras. Amar es enterrar. Este año murieron demasiadas personas (supongo que miles, millones), personas cercanas a mí. El Johnny MHO, Stella Cros, ahora Josefina.

Josefina fue una persona bella por el simple hecho de que fue la única persona que conocí que me hizo sentir bienvenido en el mismo instante en que vi sus ojos por primera vez. No me preguntó nada, ni con la voz ni con la mirada. No cuestionó nada. Sólo me miró y me hizo saber con esa mirada que era bienvenido. En un mundo como este, donde nadie es bienvenido, donde todo el mundo se odia de entrada, de primera impresión, eso fue casi un milagro y me hizo apreciarla de inmediato.

Luego Josefina se convirtió en la bisabuela de mi hija, más por un accidente que por otra cosa. Una coincidencia genética, podríamos llamarla: era la abuela de la madre de mi hija.

Y bueno. La muerte la encontró, vieja y valiente y dispuesta, el pasado 26 de diciembre.

Vale Josefina. Tengo ya quién me de la bienvenida al otro lado. Eso es otro milagro.

Descanse en Paz.

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   THE zapata incident | lunes, diciembre 18, 2006

THE zapata incident, foto original de radio-diablo.

O también: EL incidente zapata.

Estaba yo caminando, más o menos coherente, dentro de la terminal de autobuses del norte, en Cd. de México. Esperaba a alguien que finalmente nunca llegó para hacer un viaje que finalmente nunca se hizo -ese tipo de cosas me pasan cada vez con más frecuencia. Y en una oscura tienda de la terminal encontré este encendedor.

Para aquellos que no estén familiarizados con el sujeto que adorna el encendedor, se trata de Emiliano Zapata Salazar, el más conocido de los héroes de la revolución mexicana de 1910, y cuya influencia se extiende hasta nuestros días y de manera global gracias al movimiento zapatista, que retoma sus ideales de tierra y libertad, democracia y justicia, encabezado actualmente por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

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   Por una vez | domingo, diciembre 10, 2006
Por una vez quisiera creer en Dios, para tener la certeza de que él estará pagando en el infierno.

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   Utilizado | viernes, diciembre 08, 2006
Y bueno, recuperé la alquimia en poco menos que un parpadeo. Me dejé llevar de la mano de una síncopa (que no son cinco gordas borrachas haciendo eses por el camino), me dejé marcar el ritmo por una canción reciclada de los stones. Se me apareció jesús el cristo y me ofreció una botella de medicina (similar) con la fecha de caducidad vencida hace 30 siglos. La recibí por no dejar. Uno hace ese tipo de cosas cuando va vestido a medias de impudicia y levedad.

Pero recuperé la alquimia. Como un regaño de Rimbaud el salvaje. Me asomé de nuevo a un par de tetas (nada del otro mundo, apenas las tetas de la prima de un amigo, que de casualidad tuvo que manejar para llevarme a mí y a los cofrades a un antro de mala muerte para tocar una música de peor muerte). Pero le chupé la cara, el cuello, le saqué a pasear las tetas y me asomé a ellas como en tono de herejía. También se las chupé, claro está, porque uno no saca a pasear a un par de tetas para no llenarlas de saliva y de brillos de noche fría. Me encanta el invierno, porque las tetas se ponen duras y altivas y no tiene uno que hacer el más mínimo esfuerzo para conseguirlo. Basta con sacarlas y ellas solas se conmueven.

Luego, ella me chupó la verga, pero eso es otra historia. También intentó meterme un dedo en el culo, pero la posición no ayudaba y, además, esa es también otra historia. La historia que es esta es la de su lengua enredada en mi boca, la de nuestros cuerpos temblando de frío y de olor a madera en el asiento de su auto (me encanta la noción de que en este lance yo no puse nada sino cuerpo; nada era mío, y pienso ahora que tal vez ni siquiera mi cuerpo). La historia bajó de la idea del cielo a la idea del asiento delantero de un auto viejo. Incómodo como un ataúd pero efectivo para mirarnos a los ojos y mandar a la chingada la decencia. Ella a veces se asomaba a mirar si no venía la poli, afligida por sus tetas, pero luego regresaba a lo suyo íntima, despreocupada, criminal. Yo pensaba "en esta ciudad no hay polis". Pero luego pensé que, en su desatino, podrían incluso materializarse ahí para joder esta historia de tetas, sólo porque sí, sólo porque les gusta joderlo todo.

Al final, me enfrenté al frío y me despedí de ella y de su auto (últimamente ando en la onda de ser estrictamente agradecido). Y entonces ella, aún con rastros de mi saliva en la cara y de otras sustancias más subrepticias me hizo la pregunta más hermosa que nadie me ha hecho después de hechos semejantes:

"Eh... ¿cómo te llamas?"

No podía estallar en el frío de las dos y media de la mañana en carcajadas (podía alterar el orden de la noche, las masturbaciones de las adolescentes, los crímenes que se estuvieran cometiendo). Pero lo hubiera hecho de buena gana.

Me llamo Fibra Óptica.

Y me siento divinamente utilizado.

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   Altman | miércoles, noviembre 22, 2006


Charros. Descance en paz, Robert Altman.

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   Amman | martes, noviembre 21, 2006

Amman se muestra tranquila, con esa tensa calma prefigurada que todo occidental vive en los países árabes. El viento es como un velo que se mece frente a un viento que no tiene a nadie que lo refiera, o que lo calme, o que lo añore. Sus colores son grises pero tienen cierto aire de encendidos, como una anciana que de pronto se sonrojara ante las puterías de su historia.

Tomo un jugo de naranja con zanahoria y el hombre que me sirve me dice con una sonrisa que gracias se dice "shukran" en árabe. Entonces le digo que gracias en su lengua, y me retiro calle arriba con muchos siglos de historia a cuestas. No puedo hacerme responsable ni de mi propia historia. Las sonrisas son batallas ganadas de antemano en la infame historia de las personas.


Amman calla y se envanece. No tiene pudor pero aún así no te abre las piernas fácilmente. Su frente se muestra altiva y perfumada, como si aún en pleno invierno pudiera llamarse estival a si misma. (Digresión necesaria: una mujer musulmana se acerca a mí y me pide una entrevista. Le digo que encantado y le extiendo la mano; ella se retira aterrada y me dice "no, no, por favor. No se ofenda, pero no puedo tocarlo". Y bueno, pienso que es la primera vez que una mujer me expresa de una manera tan clara su rechazo. Hubiera preferido que empezaran antes). Amman parece querer definirse en inacción, en negar el paso del tiempo. Pero sus labios rotos la traicionan. Su afán de concreto es inacabable, como el de cualquier otra ciudad. Largo es su aliento y tiene olor a desierto y mar muerto.

Los he descubierto. Con su belleza, Jordania mató al mar.

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   paráfrasis a forrest gump | domingo, septiembre 03, 2006
mi madre siempre decía: la vida es como una botella de tequila. Sabes que te la vas a pasar bien si tomas lo suficiente, pero sabes que también tiene la infame tendencia a hacerte vomitar.

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   Descance en Paz, Johnny Mho | lunes, julio 17, 2006
Jhonny Mho y Daniel Iván en escenaHablando de muertes, el pasado sábado 15 de julio del 2006 falleció el Johnny MHO, Juan Antonio Fabela Lara, ex bajista de Los Prostitutas, la peor banda de rock del mundo.

El Jhonny fue un compañero de banda muy sui géneris, con un dejo rufianesco inolvidable, con un sentido del humor que no todo el mundo aguantaba y con una fama más bien nefanda. Sin duda el tipo de persona que debía militar en Los Prostitutas.

Jhonny Mho

Mi más sentido pésame para su familia. Para su carnal, el Guns, que también compartió la escena prostibularia con él. Y para toda la banda. Pinche Juan. La muerte es leve. La muerte nos anticipa nuestra carga de fragilidad.

Para escuchar una muestra del talento del Johnny, puedes escuchar Soltar el trapecio (música del Johnny, líricas de Daniel Iván), descargándola a tu compu. También puedes visitar la página web de Los Prostitutas.

Que Descance en Paz.

Los Prostitutas

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   Syd a little bit too late |
Olvidé, inopinadamente, publicar algo sobre la muerte de Syd Barrett.

Syd murió, pues. ¿Qué otra cosa se puede decir de la muerte de un genio? ¿Que la lamentamos, que es furiosamente absurdo, que qué? ¿Que qué? ¿Que el tiempo hizo lo que el hospital psiquiátrico no pudo? ¿Que Pink Floyd debió morir con él, hace mucho?

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   La dama rosa | lunes, marzo 27, 2006
las mujeres desnudas se bambolean como relojes de muerte. me gusta que las mujeres tengan esa tendencia irrefrenable a parecer cadáveres cuando se intuyen desnudas (es difícil decir que las mujeres se saben desnudas, porque su cuerpo es como algo que se sugiere, o que se omite).

ayer, la dama rosa me inundó el correo electrónico con esta foto roja. me encanta su carácter obsceno, sobre todo porque la dama rosa es una de esas mujeres que sólo se aparecen en mi vida para tener un dejo obsceno y luego vuelve a desaparecer, promisoria, en su otra vida de maestra de escuela religiosa. es encantadora y tatuada. se asume a sí misma como un peter pan que cuenta cuentos en la cabecera del diablo. alguna vez le llamamos así: peter pan. el andrógino. me encantaba coger con ella particularmente por esa razón. había algo increíblemente gay e indefinido en el hecho de que ella me gustara tanto. desnudándola podía desnudar a un muchachito: sus huesos firmes pero pequeños, sus tetas leves como un paro cardíaco, el cabello corto revuelto por un viento que insinuaba la tormenta en su cabeza. se llamaba como la luna (hoy tengo una hija, por cierto, que también se llama como la luna). la dama rosa no contenía sus ganas por nada. animaba muchos actos de terror con sus caderitas diminutas. la dama rosa asumía que el mundo estaba hecho sólo para contemplarla. llegué a la conclusión de que lo sigue pensando.

ella y yo asumimos que éramos iguales. que nunca dejaríamos de mirarnos desnudos. asumo que esta provocación de su foto en mi buzón no es sino un recordatorio de esas otras promesas que yo, inopinadamente, preferí olvidar. tal vez porque, como lo comprobé al ver la foto, soy perfectamente incapaz de reconocer ese tatuaje que yo le acompañé a hacerse, o ese cabello rubio de pacotilla cuya metamorfosis me hubiera sido inimaginable hace años.

pero, la dama rosa lo sabe, el mensaje central no es ni ella, ni la foto, ni yo que la miro. el mensaje central es esa mujer, allí, cualquiera, que toma una cámara y se retrata a sí misma desnuda. eso es lo que vale cien guerras y otras tantas revoluciones sexuales. ese acto mínimo de reconocimiento. esa afortunada obscenidad. haya tantas hoy. hay tantas anónimas damas rosas que se retratan para calentar a incautos como yo. no importa si nunca lo sabemos. si ella y yo asumimos que nunca nos conocimos. importa que se retrata desnuda, que se deja ver, andante y masturbatoria. que desquebraja su cuerpo en un millón de fotografías digitales que, al final del día, siempre son idénticas.

gracias, dama rosa. extraño esas copas y las charlas contigo y tu hermana. extraño nuestra adolescencia juntos. extraño tu cuerpo, que era la luna.

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   Chris Whitley | martes, diciembre 13, 2005
casi siempre llego tarde a las noticias. dicen que las malas noticias llegan primero pero esta vez no fue así. estaba escuchando el disco Dirt Floor del artista Chris Whitley, y se me ocurrió meter mis narices en su página.

desafortunadamente, el maestro Chris murió el pasado 20 de noviembre, víctima del cáncer. este artista central le dió durante varios años un nuevo rumbo a la música de raíces negras, conjuntando la mejor tradición de la guitarra acústica con una de las voces más profundas y oscuras de la escena moderna del blues. del mismo modo, Chris Whitley fue siempre un profundo, consecuente poeta cuyo estilo crudo y malévolo era el mejor complemento para su música.

este año, Chris grabó el álbum Soft Dangerous Shores, que ahora se erige como el corolario de una carrera de 12 álbumes cuya integridad musical y literaria, espero, será reconocida en toda su valía en el futuro.

vale pues, maestro Chris Whitley. el blues experimental seguirá teniendo en usted uno de sus más acabados ejemplos.

descance en paz.

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   Pappo para siempre | domingo, marzo 27, 2005
Luego de llorar esta muerte durante poco más de un mes, como se deben llorar las muertes notables, en silencio y a solas, me decido a decir que lamento, de una manera profunda, la muerte de Norberto "Pappo" Napolitano, guitarrista argentino de muy altos vuelos y rocker hasta el exceso.

Tengo que decir que se me anuda ese no sé que en la garganta que no deja hablar a gusto. Tengo que decir que crecí escuchando el Volumen 3 de Papp0's Blues, escuchándolo más de lo que la cordura permite, repitiendo "Sucio y Desprolijo" hasta convencerme de que tenía un lugar en el mundo, o el "Sur de la Ciudad", añorando un sur que no conocía en ese entonces, o "Trabajando en el Ferrocarril" y pensando que sería un destino noble, ése. Tengo que decir que uno de los días que pasé en Buenos Aires, estaba ahí un cartel invitando a un concierto de Pappo y que no fui. Falta de tiempo, diré, o falta de dinero... lo cierto es que no fui. Tengo que decir que, por locura o por desatino, en ninguna de las dos ocaciones en las que fui a Buenos Aires el año pasado tuve tiempo de copiar el acoplado "Pappo y sus Amigos", que generosamente me ofrecía mi hermano Gastón Montells. Tengo que decir, en mi descargo, que compré un acoplado de grandes éxitos de Pappo's Blues en una disquería de Corrientes.

Tengo que decir que es como si se muriera una partecita de ti. Como si tu adolescencia ya no estuviera ahí nunca más. Como si se acabara la mejor canción que escuchaste en tu vida. Como si algo se rompiera o se torciera en la forma que tienes de entender el mundo.

Pero, como sea, el Carpo vivió y murió como lo que era: un rocker. Gracias, viejo, desde México. Acá, un chavo al que alguna vez le cambiaste la vida con tu blues te saluda.

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   | miércoles, mayo 05, 2004
nuevas marcas en el cadáver. marcas de batallas que ya han pasado y otras que van a pasar. marcas que significan que sí, que renuncio. que estoy muerto desde ahora.



marcas para que tú sepas que no asistiré a la cita. que mi muerte está comprometida. que no es por desamor sino por llamado. que estoy marcado como un animal para la muerte y para la larga fila de la espera compartida.

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   | viernes, agosto 01, 2003
estaba muriendo hoy. de puro aburrimiento.

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   | lunes, julio 21, 2003
mercy, ricardo. otra vez, entrevista con el vampiro.

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OK. Te acepto, una vez más, el reto.

Siempre me haces lo mismo.

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