Mi influencia es mínima, falible, desertora. Acude a deshoras, hace listas de compras, mueve de soslayo las cortinas. Mi influencia es como la de una ventana de rascacielos; uno nunca la mira dos veces, a menos de que algo tras la ventana intervenga de improviso: la desnudez que no depende de ella, la violencia de una pelea entre enemigos, una llamada de queja que obliga a saturar el cuadro, una mujer que agita su falda para deshacerse de las migas. No reta a la muerte ni destina su tiempo a la vida. Tampoco se entrega a la seguridad de estar en el mundo, ni fabrica su presencia. Es talco en la sábana, carmín en un pañuelo, polvo acumulado en una esquina, grano de arena en la suela de un zapato que ya no se usa. Un tacón roto.

Numeral, mi influencia descarga su furor matemático en lo que asume como carencia. Imagino a veces que su cabeza mira al sur, asumiendo un compromiso con la rosa de los vientos. Imagino a veces que su impulso derriba al aire en fricciones, que recorre la tierra en cálculo, que suma y resta días nublados y ropa sucia. Vibra en ecuaciones que derivan en su compresión de rostros, principios, escamas, peinados, herrajes, calendarios en escritorios de secretarias, puertas que faltan y teléfonos que sobran.

Influyen los trenes, se dice, que acaban por pasar de lejos y sin criterio ni convicción.

Influyen las aeromozas, los diques, las raíces, los barcos de guerra y los cupones de descuento, que acaban por decir en sus palabras y en sus destinos más sobre mí que la historia o que el sistema de limpia o que el drenaje municipal o que la memoria de mi madre o que la destreza astronómica de un mozo de cuadra.

Influyen los tornillos, se dice, que siempre terminan dando vueltas, que toman para si la firmeza, que contienen universos.

Quiebro de nervios el día roto de antemano, vacío de significado el sonido amargo de teclas, conexiones, crisis financieras. Asumo con desidia que la historia tiende a prescindir de mí. Cuento pétalos como una hoja de afeitar enamorada. Cavilo, me presento; influyo. Destino mi energía a inventar cuentas de correo electrónico. Mi ternura dota de caricias a los pasamanos de una escalera eléctrica. Amo una astilla en la madera. Influyo.

Mi influencia es mínima, como la de los muslos de una contadora.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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