la concurrencia de un gato y una cadera en una ventanadecía la definición académica (y ni tanto, más bien la definición propia) del surrealismo que éste era: “el encuentro fortuito entre una máquina de coser y un paragüas sobre una mesa de disección”. Bueno, esta es la concurrencia fortuita de un gato, una cortina, un vidrio roto y una radiografía de cadera sobre una ventana.

Abrí de tajo la puerta y me encontré con la mirada suya, muy pagana, mirada de inconsciencia y de libación fortuita. Me encontré sin una palabra en la boca, sin un dejo de invitación a pasar (de largo, de frente o a lo barrido). No me animé a mover el cuerpo en esa gestualidad de los que dicen “éntrale, ya que estás aquí”. Tal vez porque no había ningún espacio recurrente al que entrar, tal vez por majadería adolescente, tal vez porque hace rato que los ojos que me miraban habían entrado de lleno en la tierra baldía de lo que soy.

Me dejó el equipaje en la mano y se entró nomás como se entran las cosas que dan fundamento y que llenan páginas y páginas de la crónica que entendemos como nuestra vida. Se entró con el paso turbio de los que no esperan llegar a ninguna parte, con las manos ocupadas en alisar el cabello rubio en aquel entonces y con los sentidos puestos en buscar acomodo, un rinconcito para sentarse y descansar. Se la veía cansada y con la carretera marcada en esa pequeña, invisible arruga arriba de sus labios, que parece más un rasguño de gato que una marca de días. Se llegó con un gato nomás y con los oídos abiertos de su obsesión por escuchar: escucha sonidos improbables y piezas para piano y gato; escucha el llamado de la muerte y el movimiento del pesado mecanismo que en la cabeza le revuelve los pensamientos. Se tornó desnuda y se entornó las comisuras de los labios para dejarme saber su cuerpo de costado y sus nalgas como abismos. Se alivió el impulso en mi boca y me llevó a la cama de su desmemoria y a los sudores de lo que se oculta en su entrepierna.

Me dejó ver que se podía ir cualquier día pero que se quedaba conmigo: arrinconó sus fotos para soñar con ellas y nadie supo de ella sino la sombra, la nostalgia y la música desde aquel día.

Y yo sé que ahora ni siquiera la significo al verla. Me quedé sólo, entero, con ella en los brazos vacíos.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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