La chica que atropellaron ayer mientras tomaba un café
era joven como la joven primavera
y era pura y rubia como la muerte.
Era frágil y tranquila como una vagina sin prisa.
Era calma y frenesí como el mar cuando conquista
su mareo enternecido por los años.
Y me pregunté ingenuo
si su piel habría sufrido el colapso
de esa máquina inequívoca e idiota.
Me imaginé a su madre rumbo al depósito
vistiendo un chal de punto y la justicia de sus lágrimas
el irascible entorno y la angustia;
vistiendo su estrépito como la calle viste su delirio.
Su cabello largo por el tiempo
era sangre
y su mente retorcida.
El auto huyó como si pudiera sentir el miedo
también.
Y dije: ¡oh, santidad, si pudieras volver a mí
por un segundo nada más!

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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