It’s Only Time, Mark Curry, compañía grande, 1992.

Certero y retador, este disco significó el debut de Curry en ese medio que, a pesar de su difusión ahora masiva y apabullante, continúa siendo marginal en su propio terreno: la subcultura de inmigrantes de L.A. Certero, porque, a pesar de estar imbuido de un carácter más bien preocupado por el amor, el abandono y la desolación íntima, este disco y sus rolas están impregnados del olor de esos bares y billares donde te mezclas, te rozas y te das de bofetadas con negros malandrines y toda clase de inmigrantes drogadictos y moribundos. Retador, claro, porque Mark Curry no es inmigrante; es un muchacho norteamericano promedio que, sin embargo, ha encontrado a sus amigos, a su clica, precisamente entre esos desoladores outsiders. Los mira morir cotidianamente, luchar contra su piel o contra la piel de alguien; los mira actuando su teatro acomodaticio y, mientras tanto, les va cantando sus canciones que, en otra clase de desafío, no parecen ni siquiera remotamente querer ser incluidas en los límites de alguna identidad grupal, léase hip-hop, rap, rock a la Lobos o cosas así. El folk-rock de Curry es norteamericano al cien por ciento, pero cuenta con la irrefrenable y espontánea ventaja de que no habla de la norteamérica de la que ya hablaron Dylan o Williams. Curry se pone más cerca de Lou Reed: son cantantes de minorías que utilizan el lenguaje musical de las mayorías, no en un afán de inclusión sino, podría decirse, casi en uno intimidatorio. Como ya dije, Curry habla de amor, habla intimista, pero proyecta personajes de esa estirpe, los deja danzar en su mirada alcohólica y los atestigua a través de su propia tristeza. Repito: lo de Mark Curry no es una invectiva a la Cypress Hill o a la Ice-T; lo que en estos artistas es motivo, en él es puro y bien llevado ambiente.

Recomendable para aquellos que gusten del folk con afanes sencillos y disparatados, y para aquellos interesados en una visión definitivamente diferente de la marginalidad racial: la visión de un güero que compone canciones de amor rodeado de alcohol y odio. Un testigo literalmente privilegiado.

1992
Publicado originalmente en el número del fanzine Yet Len Niis.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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