Tengo que partir en virtud de mis errores. No hay acierto que me defina, ni pausa que no me busque como a un padre o a un cuchillo. Todo lo que mato en mí florece de pasado, de puertas abiertas, de un sin fín de postraciones. No acierto ninguna; la virtud de mi yerro es que es universal como un paraguas. Me equivoco incluso cuando acierto, me harto en la carencia, me evoco en la ignorancia, me amo cuando aprendo a odiarme, me bajo del camión sin llegar a puerto, llego cuando vuelvo sobre mis pasos. Mi humanidad me ahoga. No tengo virtud, ni memoria, ni desgarre.

Mis manos, aristas de niebla, se vacían de caricias, de tacto, de premura, de subir y bajar del metro como una adolescente loca. Acude a la distancia el horror de una banqueta: no hablo de mí, hablo de todos los que no soy.

Mis ojos, aristas de niebla, fracasan en su intento de abarcar, de cerrar, de arribar, de marchar como la ubre de un burócrata. Acude horizontal mi fracaso de palabra, la triste verdad de mis huesos rotos: no hablo de mí, hablo de todos.

Sigo siendo un error en la vida de cualquiera.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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