supongo que uno escoge un espacio vacío. el eco no responde porque uno no escoge vivir, sino apenas un espacio de muerte donde puedan reverberar las muchas muertes de las que somos capaces. los muchos rostros que no vemos cotidianamente o, peor aún, ese rostro único que vivimos para ver. supongo que de eso se trata no estar muerto y estar condenado a estarlo en virtud de la decencia.

indecente, me coloco de espaldas a mi muerte para encarar la vida. su vacuidad y su vileza. sé lo que es estar en ambos y sé que me odio vivo, con el vivo resentimiento de los que tienen nada cuando lo han tenido todo. o no; más bien con el resentimiento ufano de los que tienen todo cuando saben que viven para tener nada.

pero me pregunto, ¿es mérito no saber esperar, o esperar siempre sin saber hacerlo, o calibrar ciertos pesos, cierto fiel de la balanza que no se mueve porque no hay nada que, comparativamente con el peso de una ausencia, mueva esa posibilidad, esa única posibilidad? asumo que lo que tiene de extraño extrañar a alguien es que nunca lo he hecho realmente. que nunca he esperado a nadie y que la espero a ella como se espera la muerte: con una carga de certeza y de vislumbre, de efecto deseado, de calidez de lo que se ausenta.

todo es frío aquí, mientras espero. todo es esta vida que pasa sin huella y sin delirio. todo es reírme de nada y de todo y de no poder reírme en absoluto.

que harto de sí este estado de la materia. que harto se mira cuando mira sin mirar lo que mira sin mirar. qué harto de sí este no saber nada, este conocimiento de no saber nada y de saber que la estadía no se posterga.

no quiero extrañar lo que de extraño hay en mí. esta virulencia del verbo, esta canción sin remate, esta religión sin dios.

eres todo. eres hasta esto.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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