Drástica, pasea su espalda desnuda para obtener una huella. Flores que le nacen a una paloma para recordar la magia. La magia de un año, o la magia de los años por venir. El esfuerzo es duradero y filoso como una distancia. Sus dientes se cierran sobre una pulsera de cuero (la pulsera que guarda la incógnita de una noche michoacana) y sus ojos me buscan en una evocación del dolor que ambos conocemos. No el de la aguja ni el del empeño ni el del sonido de la máquina a pedal. No el de la timidez o el reproche, ni el del esqueleto que somos por las noches. No; el dolor que evoca es el de no tenernos; el de ir en soledad a la muerte, cuando se sabe que hay en el mundo un lugar para yacer en paz. Su espalda se arquea magnífica como es, y desentona con el deseo brotando de sus tetas o con las ganas que tenemos de faltarle al respeto al artista que la marca. Su espalda se arquea, se tensa y se expande, se delimita en una frontera propia: el mapa de un viaje que ella misma dibujó en una mesa, en una tarde. Su cuerpo es ahora la tarde que espera el brote, el retoño, la noche que somos al estar juntos.

Tinta corre como una lluvia de estrellas. Abarca su alta espalda y la alta cerviz de su linaje. Avanza como un dibujo de nubes. Se queda como un graffitti que alguien borra para siempre; luenga y fibrosa como la musculatura de un ciempiés. Su tensión es la tensión de una maga: el conjuro se hace cicatriz y delicadeza; fiebre y sábana. Arco tensado para dejar ir la flecha que somos.

Por las noches, recorro su espalda con mis dedos impregnados de remedio. No aspiro sino a verla curada,

y enferma para siempre.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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