En Algún Lugar Del Rock, Parménides García Saldaña, Top Editores, México, 1993.

Uno de esos que a uno le cuentan que van con la idiosincrasia rocanrolera, uno de esos que le dicen a uno que no se pierda porque “¿qué, no te gusta el rock?”, uno de esos que inevitablemente se conocen, de los que uno se entera, porque la banda lo lleva en la mochila o en la mano en el metro. Lectura obligada del enfant terrible de la generación de la onda, donde, en algún lugar del rock —perfectamente identificable— han quedado guardados no sólo los sueños de música y viejas y mota, sino los de revoluciones, los de corridos al Che y a Tania, los de un mundo justo y mejor que de tan sobado comienza a desgastarse. ¿Parménides? ¡Oh, él muy bien, como siempre! Su lenguaje sólido, muy alejado de lo lúcido, pero eso es parte del estilo. Los relatos son buenos, escritos al correr de la pluma, algunos en la cárcel de Lecumberri, con un nexo temático y de personajes de lo más pacheco e inquietante, al grado de justificar que los prologistas digan que uno va a leer una novela. Estela Gatica, por ejemplo, princesa de clase media que se pasea por el underground setentero y que aparece en varios de los relatos, es un personaje altamente logrado. Los poemas, bueno, rojillos hasta decir basta, casi panfletarios, caen a veces en el cliché; pero no se puede culpar al poeta, es más bien la consecuencia lógica de utilizar la poesía para fines tan erráticos como los sistemas ideológicos de los buenos hombres. Al final, un ensayo bastante bueno, titulado “Nota sobre la enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”. Pero, ay, al principio del volumen los buenos amigos del autor no pudieron sustraerse de hacer sus estólidos comentarios acerca de que si todo era mejor en los setenta, que si los rockeros de hoy no salimos del Bulldog —¡ah no, a mí que ni me miren!, yo ni lo conozco—, que si hoy todos somos unos fresas degenerados, que si ya no hay buenos escritores de la onda, que si Agustín es un perverso traidor que vive de lo que escribe, que si nos iba mejor en tiempos de don Porfirio. En fin, los señores deben estar rebasando la línea de los cincuenta, y se les puede perdonar el viejazo. Pero tú no te fijes; recuerda que el buenazo de Par se nos murió a tiempo. Así que llégale a este volumen, que no te será difícil identificar pues trae a un super bizcocho en la portada haciendo ejercicio y enseñando sus calzoncitos —pero qué portada tan rocker y llena de sentido, señores. No es sólo rock, que no te mientan; pero no sólo de rock vive el hombre, y menos en estos tiempos.

1996
Publicado originalmente en el número del fanzine Yet Len Niis.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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