Después del amor, el amor se encuentra:
los sexos dilatados, el sudor a cuestas.
Dormir en una cama con una frazada
llena de hoyos cuesta algunos billetes…
y nunca es suficiente.
Los ojos se cierran
y el sueño intenta difundirse:
afuera, una prostituta araña la noche,
“¡O te calmas o te doy en tu madre!”,
le grita alguien, un hombre de voz afectada
de alcohol y benzedrina;
“¡O te calmas o te doy en tu madre!”
El grito es fuerte y desesperado:
esperanza que hierve más allá
de la media noche.
Y luego viene el golpe, y
su pequeña voz que pide calma
a quien calma pedía.
Su cabeza se estrella
contra algo.
¿Habrá sangre,
o muerte, o sortilegio?
Los gritos se pierden,
se alejan espantados
de su propia furia.
El sueño continúa sus esfuerzos:
hay dulce piel junto a la mía;
el encanto blanco de mi alma.
Creo encontrar ecos
de mi negrura en la noche;
pero esta grita:
“¡A mí no me vas a ver la cara de tu pendeja!”
y estalla algo más contra la noche,
una mujer engañada; y el engaño
de mi propia indiferencia.
Alguien muere allá fuera:
“¡A mí no me vas a ver la cara de tu pendeja!”
La soledad requiere afirmación,
requiere infiernos que se sostengan,
que se aferren al mundo de los hombres.
Ya nadie calla con la noche.
Autos pasan con su odio asesino,
mujeres rabian con su odio asesino,
yo mismo busco por un instante
algo con qué vengar mi sueño.
Algo para sanar mi noche
con sangre.
Ignoro que la sangre ya regó
su propia muerte en esta esquina,
en esta noche, en este cuarto.
Y mi amor se agita junto a mí:
es un pedazo exhausto de mi cuerpo.
El diablo se ha ido lejos,
sus gritos se han perdido.
Aún estoy despierto… han despertado
años para mí esta noche.
Alguien muere allá fuera;
pero el infierno es aquí.

El infierno es aquí.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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