pasaderías


4
Oct 09

Stella

Para Stella Cross*, ahora que la encontré y me la quedo.

No era predestinada ni por equívoco. No era tersura ni agua de lluvia ni la estructura distante de una avenida. No era salida fácil ni caricia al paso, ni madre ni padre ni obnubilación ni poderío.  Su rostro cruzado de tiempo; su distracción de anciana, como quien recuenta las horas en relojes de torres y manecillas sombrías. Se cruzaba aire en las manos, vibrante y sin procedencia, con gestos de dedos largos, con urgencia indemostrable. Se apoyaba casualmente en albedríos; barco hundido de puro presagio, esfinge de calle comida a besos. No se trastocaba en ella ruta alguna, salvo la que invocando la barbarie la dejara sola y sin estrellas de por medio. No tenía palabras, salvo el virtual silencio de sus años. Acacia y linyera, dejaba que su voz dijera para ti un atavío de manos, una distracción de astrolabio.

Podía invocarla como a un edificio de mareas. Podía desdeñarle un lance de azucenas desde la caída de mis párpados o desde la otra orilla de una línea. Podía llorarla en un almohadón de colisiones, al punto de inundar su pecho ingobernable. Podía arrancarle carcajadas y hasta un asomo de coherencia, cuando el abrazo torpe de mi mano la movía hacia la noche.

Podía infringir la nube; de sus manos surgía el dominio de todo lo que vuela.

Podía invocarla, como a una madre de tormentas.

Un velo en mis ojos, Stella. Un error de espíritus.


Stella Cross y yo en el Hospital Borda

Stella Cross y yo en el Hospital Borda

* Stella Cross (¿?-2006), fue locutora de LT22, Radio La Colifata. Amiga entrañable, consejera implacable, cuidadora lejana de la bestia que suelo ser. Nos conocimos físicamente durante la primera visita que hice a Buenos Aires, en el año 2000, en el Hospital Borda, aunque ya antes nos comunicábamos de distintas maneras. Mantuvimos correspondencia y contacto virtual hasta poco antes de su muerte. Solía vivir en la indigencia y, hasta donde entiendo, murió allí. Su memoria me es tan cara como definitoria. Hace un mes visité su tumba en Buenos Aires para presentarle mis respetos -gracias a la buena onda de su hijo Eduardo Codina-; ahora, se los presento aquí. Gracias, Stella, por todo. La tuya es la clase de memoria que, al menos a mí, me interesa conservar para el mundo.


28
Jun 08

Pedro, la huella y la memoria

Es interesante, cuando no extraño y desconcertante, la forma en la que la mente trabaja cuando se trata de reencuentros, aunque sean furtivos. Me acostumbro muy fácilmente a la indiferencia, dicho sea de paso; a mi propia indiferencia, al vacío que llena de manera violenta la ocupación, la chamba, la responsabilidad, el compromiso político, las prerrogativas de la vida adulta, como dijera Sylvia Plath. ¿De dónde viene toda esa mierda? ¿Qué nos define como adultos, o como niños, o como protagonistas de nuestra propia historia? Me imagino que nunca lo que no hacemos, siempre lo que hacemos desde el estómago, desde lo que somos, desde lo que creemos ser. Somos definidos por nuestros actos viscerales.

Como sea, hace unos días me llegó el correo de un tal Pedro. Resulta que este Pedro no es cualquier Pedro, no es el de Pedro y el lobo, mucho menos el Pedro apostólico, sino Pedro Romero, entusiasta de uno de los fanzines que solíamos publicar hace algunos, muchos, años: el Yet Len Niis. Amigo entrañable, además, de Los Prostitutas, la peor banda de rock del mundo (por lo menos de aquellos lejanos años noventa del siglo pasado). Me resultó curioso lo lejano que hoy me siento de todo aquello -no, no deprimente ni desconcertante, sólo curioso-, lo desprovisto de significado que es todo y, al mismo tiempo, lo interesante que resulta mirarlo desde la distancia. Pienso en la deontología de lo placentero, si la hay: no puede ser placentero mirar hacia atrás, sino curioso. Uno mira las fotografías de su infancia con ese desapego que da el saber que eso que miramos (el niño flaco, el peinado ridículo, la ropa ochentosa) no somos nosotros, sino algún otro que vino a representarnos lo que fuimos. No puede ser placentero, decía, el conocimiento de uno mismo desde un tiempo que hoy nos define, que nos confronta con todos los otros tiempos, momentos, que nos han definido. Lo placentero, si hay algo que merezca esa definición, es hacer las cosas. Hacerlas hoy. Redefinirlas para nosotros en lo poco de hoy que nos queda. Hoy es una noción que se muere a cada instante.

También fue siniestro. Pedro me preguntó por alguien que ya está muerto. Uno se imagina que las noticias de muerte (en este caso la de Johnny Mho, el bajista de Los Prostitutas) corren rápido y trascienden, inevitables, el velo del tiempo. No es así. Nuestra muerte se pierde de todas las maneras posibles y el mundo, como anticipara Nietzsche, planea indiferente hacia su propia muerte. Nuestra muerte no significa nada para nadie, apenas un obituario y un par de lágrimas en familia. La pregunta de Pedro me hizo pensar en R.D. Laing; esa idea que vuelve contínuamente a mi cabeza y que reza que si bien “el mundo” va a seguir después de nuestra muerte, podemos afirmar que “nuestro mundo” morirá con nosotros. Nuestro Mundo es un concepto nebuloso: la propia afirmación a través de lo que supimos construir, dejar, anticipar sobre nosotros. Qué cagada.

Prefiero morir sin mundo, silencioso.

Bien, la cosa es que Pedro me hizo recordar un par de omisiones (ominosas, huelga decirlo), un par de huecos virtuales que hace mucho que están, pero ya no.

Así pues, se ha repuesto esta parte de la memoria:

La página web del Yet Len Niis.
La página web de Los Prostitutas.
La página web LunaCalavera.

Sales. No dejemos huella. Dylan Thomas estaba equivocado: hay que hundirse suavemente en la gran noche.


18
Jul 06

Descance en Paz, Johnny Mho

Jhonny Mho y Daniel Iván en escenaHablando de muertes, el pasado sábado 15 de julio del 2006 falleció el Johnny MHO, Juan Antonio Fabela Lara, ex bajista de Los Prostitutas, la peor banda de rock del mundo.

El Jhonny fue un compañero de banda muy sui géneris, con un dejo rufianesco inolvidable, con un sentido del humor que no todo el mundo aguantaba y con una fama más bien nefanda. Sin duda el tipo de persona que debía militar en Los Prostitutas.

Jhonny Mho

Mi más sentido pésame para su familia. Para su carnal, el Guns, que también compartió la escena prostibularia con él. Y para toda la banda. Pinche Juan. La muerte es leve. La muerte nos anticipa nuestra carga de fragilidad.

Para escuchar una muestra del talento del Johnny, puedes escuchar Soltar el trapecio (música del Johnny, líricas de Daniel Iván), descargándola a tu compu. También puedes visitar la página web de Los Prostitutas.

Que Descance en Paz.

Los Prostitutas


27
Mar 06

La dama rosada

las mujeres desnudas se bambolean como relojes de muerte. me gusta que las mujeres tengan esa tendencia irrefrenable a parecer cadáveres cuando se intuyen desnudas (es difícil decir que las mujeres se saben desnudas, porque su cuerpo es como algo que se sugiere, o que se omite).

rednude.thumbayer, la dama rosada me inundó el correo electrónico con esta foto roja. me encanta su carácter obsceno, sobre todo porque la dama rosada es una de esas mujeres que sólo se aparecen en mi vida para tener un dejo obsceno y luego vuelve a desaparecer, promisoria, en su otra vida de actriz semi adolescente. es encantadora y tatuada. se asume a sí misma como un peter pan que cuenta cuentos en la cabecera del diablo. alguna vez le llamamos así: peter pan. el andrógino. me encantaba coger con ella particularmente por esa razón. había algo increíblemente gay e indefinido en el hecho de que ella me gustara tanto. desnudándola podía desnudar a un muchachito: sus huesos firmes pero pequeños, sus tetas leves como un paro cardíaco, el cabello corto revuelto por un viento que insinuaba la tormenta en su cabeza. la dama rosada no contenía sus ganas por nada. animaba muchos actos de terror con sus caderitas diminutas. la dama rosada asumía que el mundo estaba hecho sólo para contemplarla. llegué a la conclusión de que lo sigue pensando.

ella y yo asumimos que éramos iguales. que nunca dejaríamos de mirarnos desnudos. asumo que esta provocación de su foto en mi buzón no es sino un recordatorio de esas otras promesas que yo, inopinadamente, preferí olvidar. tal vez porque, como lo comprobé al ver la foto, soy perfectamente incapaz de reconocer nada de ella en esta fotografía difusa como la muerte.

pero, la dama rosada lo sabe, el mensaje central no es ni ella, ni la foto, ni yo que la miro. el mensaje central es esa mujer, allí, cualquiera, que toma una cámara y se retrata a sí misma desnuda. eso es lo que vale cien guerras y otras tantas revoluciones sexuales. ese acto mínimo de reconocimiento. esa afortunada obscenidad. hay tantas hoy. hay tantas anónimas damas rosadas que se retratan para calentar a incautos como yo. no importa si nunca lo sabemos. si ella y yo asumimos que nunca nos conocimos. importa que se retrata desnuda, que se deja ver, andante y masturbatoria. que desquebraja su cuerpo en un millón de fotografías digitales que, al final del día, siempre son idénticas.

gracias, dama rosada. extraño esas copas que tú recuerdas con afán de borracha adolescente y las charlas contigo y tu padre. extraño tu adolescencia, que ya no era la mía. extraño tu cuerpo, que era la luna.


27
Mar 05

Pappo para siempre

Luego de llorar esta muerte durante poco más de un mes, como se deben llorar las muertes notables, en silencio y a solas, me decido a decir que lamento, de una manera profunda, la muerte de Norberto “Pappo” Napolitano, guitarrista argentino de muy altos vuelos y rocker hasta el exceso.

Tengo que decir que se me anuda ese no sé que en la garganta que no deja hablar a gusto. Tengo que decir que crecí escuchando el Volumen 3 de Papp0’s Blues, escuchándolo más de lo que la cordura permite, repitiendo “Sucio y Desprolijo” hasta convencerme de que tenía un lugar en el mundo, o el “Sur de la Ciudad”, añorando un sur que no conocía en ese entonces, o “Trabajando en el Ferrocarril” y pensando que sería un destino noble, ése. Tengo que decir que uno de los días que pasé en Buenos Aires, estaba ahí un cartel invitando a un concierto de Pappo y que no fui. Falta de tiempo, diré, o falta de dinero… lo cierto es que no fui. Tengo que decir que, por locura o por desatino, en ninguna de las dos ocaciones en las que fui a Buenos Aires el año pasado tuve tiempo de copiar el acoplado “Pappo y sus Amigos”, que generosamente me ofrecía mi hermano Gastón Montells. Tengo que decir, en mi descargo, que compré un acoplado de grandes éxitos de Pappo’s Blues en una disquería de Corrientes.

Tengo que decir que es como si se muriera una partecita de ti. Como si tu adolescencia ya no estuviera ahí nunca más. Como si se acabara la mejor canción que escuchaste en tu vida. Como si algo se rompiera o se torciera en la forma que tienes de entender el mundo.

Pero, como sea, el Carpo vivió y murió como lo que era: un rocker. Gracias, viejo, desde México. Acá, un chavo al que alguna vez le cambiaste la vida con tu blues te saluda.