eva


27
Ene 10

TresSeisCinco 027 – El árbol negro

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Suave es el destino de lo que muere. Agrega tormentas a su bolso, le da peso de tumbas a su equipaje. Quiere destruirlo todo, lo que se muere: la sonrisa incidental de un frasco de conservas, los pedazos de progreso y plataformas de petróleo que se rinden junto a un accidente carretero, la cartera de clientes de un dentista divorciado, la sonrisa de mi hija y los bailes de claqué. Quiere para sí todas las muertes, lo que se muere: quiere que le sirvas, que seas su puta, que le lleves serenata. No imagina sino negruras, incendios forestales, el fracaso del artista debutante; no puede sino imaginar apagones, diletancias postergadas, naufragios de Aquitania. Lo que se muere te quiere de oficinista, de cerillo en fábrica de velas, de insomnio de abogado. Clama para ti toda muerte, lo que se muere: quiere muerto todo, evanescente, y se apresura.

Es imbécil, lo que se muere; pero da tristeza su entusiasmo de sepulcro.

@flickr.

TresSeisCinco.danielivan.com


25
Ene 10

TresSeisCinco 025 – Espíritu

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Si alguna vez tuviera que explicarle, digamos, a mi hija -por esas preguntas que caen como accidentes y cuya respuesta es siempre distante, casi imposible- qué es, cómo se constituye, cómo se ve, de qué materia está hecho el espíritu, la llevaría a tocar esta agua que descubrí hace un par de días en la montaña. A esta agua no la evade ningun significado. Si esto no es la esencia misma del mundo, si no es lo que debe pervivir, lo que debe mutar pero conservarse en su significado último, no sé que otra cosa podría ser. Esta es, de muy lejos y para mí, una de las cosas más bellas que he visto en mi vida; huelga decir que de esta foto me sentiré siempre orgulloso, en su salvaje simplicidad.

@flickr.

TresSeisCinco.danielivan.com


10
Oct 08

Eva viene de la luna

Para mi hija, Eva Meztli.


30
Sep 08

Linda Cadáver

Borrador de personaje vectorial para un proyecto de libro para niños que quiero escribir para mi hija. Puedes agrandar la imagen haciendo click sobre ella.


7
Jun 07

Video de canal 5 con Eva Meztli

La tía de Eva, Lupita, cineasta de profesión, se aventó a hacer este mini inserto para canal 5 dentro de Espacio 2007 (ironí­as de la vida, piensa el padre de Eva). El video quedó seleccionado (eran 5 lugares) y entrará al aire desde el próximo lunes por el susodicho canal 5.

Aquí­ el famoso inserto:

Más información en el blog de Eva Meztli.


3
Jun 07

Blues de una rosa marchita sin embargo

De pronto, nada. Ella silente en un espacio de brevedad sin solución. La memoria perdida de los que recuerdan para siempre. Su luz intacta en los labios muertos, en la caravana de sus años, en su voz silente como caléndula. De pronto, la brevedad del oscuro subrepticio en un teatro demente. El apagón previo a una película absurda. Sin mirada su mirada, sin aliento el aliento de su fuerza, sin fuerza la razón de su arrebato. Nunca más una madre coraje, nunca más la mujer que servía copas rancias en un bar al que acudía Antón Chekhov. De pronto, la acidez de lo inesperado, de lo inexperto, de la muerte neófita de un truco de circo. La cuerda floja de la estadía en este mundo, de su absurdo arrebatado, de un afán asesino que no se entiende ni a sí mismo. El estallido de una vena, la bomba de tiempo del tiempo que siempre llega. Una navaja que baja de algún lado sin embargo y asesta su golpe asesino. Un rifle que apunta desde un cielo sin embargo y descarga su ruido asesino. Una guerra oxidante en un territorio sin embargo que fabrica su deterioro asesino. Muerte, muerte, muerte, muerte en todos lados, muerte como un baile de máscaras, muerte absoluta y absolutista, muerte de cojones, muerte de fibritas de tela que se van desatando dejando un hoyo como casual, como sin bordes, como sin embargo. Una muerte de diosa, de estío, de maestra, de creyente, de cruzada, y sin embargo una muerte que nadie se merece, como nadie se merece un ventarrón del norte el día de su cumpleaños. Como nadie se merece creer en un dios con armadura. Dios imbécil, iletrado, facilón dios que todo mata como si morir se mereciera. Dios carnicero infernal de 7 metros de cuchillo y muerte. Dios con taras para la justicia. Dios que mata y mata y mata, madres y perros y caníbales e ideas y numeralias. Dios que mata con estilo, con arte, con carisma, con liviandad. Dios funesto, esbirro dios de cuatro patas y apetitos de mascota. Dios idiota de carrera trunca, dios sin licencia, dios sin vida, sin muerte, sin corazón o esternón o clítoris o esperanza alguna. Dios implacable, mierda dios que no acierta ni a reírse de su corto alcance. Y de pronto, nada. Ella se marchita de pronto, sin embargo, sin ambages, sin retraso, sin derrota. Como víctima pero como una dama afortunada. Una muerte de diosa, de la muerte misma, de acento implacable. Fulminante y sin duda. Deja una estela de horrores, un hálito de ayes que evoca su ritmo fibroso, su paso y su vértigo, su ausencia de juicio para los demás en su juiciosa presencia de rosa. Su presencia de verano, de palabra franca, de muchas mujeres en vilo. Su presencia, como la presencia de un rayo al final de una tormenta.

Se nos ha cortado una rosa. Y ella se marchita, sin embargo.

Ayer, sábado 2 de junio del 2007, falleció la abuela de mi hija. Intempestiva, absurdamente. Una prueba más de que dios no existe, y que si existe es un asesino imbécil.


19
Feb 07

El infinito mundo

La entrada a nunca jamás

Desde la nieve/caemos al infinito mundo/que te va a divertir.
Eva Meztli, improvisando una canción.

Y nadie. Nada. Todo se hace obvio, como cuando uno omite una palabra porque da por sentado que todo el mundo entiende exactamente lo que uno iba a decir. O como cuando uno no dice algo a los ojos porque hay tiempo, porque hay tiempo para decirlo o para omitirlo, da lo mismo. Y nadie. Nada. Avanzando en el perfil, la definición de la ausencia.

Dice mi hija que caemos al infinito mundo. Y yo —que apenas ayer llegué a la conclusión de que el mundo tiene fin, que es plano y tiene orillas, que el mundo no se atiene a la definición rusa: “el amor verdadero se parece a un anillo, porque un anillo no tiene fin”— me digo que aceptaría cualquier definición del mundo que fuera mínimamente verificable en los hechos. El mundo tiene fin, hija, me digo. Pero ella avanza en su afán de definiciones y me advierte que, como siempre, me equivoco.

Hace tiempo que miro cómo los amantes se tocan. Cómo se sonrojan ante apenas la insinuación del beso, de la caricia, del vacío. Escucho sus voces susurradas diciéndose: “Amo tu olor”. Y luego escucho cómo la réplica es un estático “yo también” que se repite y se repite, se invoca. Ese amor que hace llorar, que hace que el frío sea tan ardiente como el calor, que hace que los ojos se enciendan como los de un loco, una loca; ese amor que evita cualquier entendimiento, que ataca todo canon posible. Hace tiempo que miro desde este frío cómo se calientan. Cómo se atreven y se aventuran. Sus cuerpos aprendiendo a vivir trémulos en la ausencia, febriles en el frente a frente, asustados cuando se miran a los ojos y piensan que lo han visto todo, sin haber visto nada. Los escucho retraerse cuando dicen te amo, como apenados, como muertos comunicándose a través de la espesura del sepulcro, como dedos ateridos de frío que se comunicaran la buena nueva del estío. Como apenados, como asustados, como no creyéndolo, como aliviados, como sintiéndose afortunados, como cuando se miran a los ojos desde sus distancias y luego desvían la mirada por temor a desangrarse.

Ella dice: “somos el centro de muchas miradas”.

Él dice: “soñaba con caminar así contigo”.

Y nadie los mira y no caminan hacia ningún lado y, sin embargo, se adelantan en el tiempo, en una plaza principal cuya importancia apenas encierra una especie de conjura demencial: perros y bandas de guerra y viejos danzando y mujeres que se acercan cada cinco minutos para ofrecer la venta de algo.

Ella dice: “yo le compraría una broma”.

Él dice: “supongo que yo también…”, pero se calla abruptamente. Y al callarse, viene a su memoria el hecho incontrovertible de que ella achica los ojos en cada fotografía. Por qué, no lo sabe. Como tampoco sabe porqué piensa en eso justo ahora.

La plaza se reduce a cada metro que avanzan. Parece acabarse pero ellos dan vueltas extraviados, con el pretexto de buscar un restaurante argentino. Y la plaza comienza a agotarse, pero también a no tener fin. La plaza comienza a llamarse “nunca jamás”. Cada paso es un avance del vacío, pero también es el avance de lo pleno. No hay curiosidad invicta en esta maniobra: cada cabello de ella es un avance del otoño, cada mirada de él derrite una palabra que significa invierno. Cada color en ellos es el final de una novela: el verde de los ojos de ella, el fuego de los tatuajes de él. Cada cosa que tocan se vuelve fría ante la certeza de que se aman: cada uno piensa que esto es un error. Un error en las cuentas de la muerte. Un pueblo sepultado por la lava. Un barco hundido en una calma chicha. Invitados del diablo, se piensan a salvo. Pero no.

Porque ella viaja hacia él. Y él, después de todo, la está esperando. Y eso es lo más vulnerable que he visto en mi vida.

PS: Me imagino una escena absurda: ella viaja hacia él. Él decide perseguirla. Ella nunca llega a él. Él nunca llega a ella. Demostrándole al mundo que “y sin embargo, se mueve”.


22
Ene 07

Cosas que he perdido en el fuego

un racimo de flores que decían adiós. una estela antigua, de millares de reflejos. un azadón y un almohadón de pluma (sin dimensiones monstruosas, sin adelanto de la muerte). una muñeca inflable, calcinada por la luz ciega de mi estadía. la inocencia de mis brazos, que han quedado marcados por la indecencia de mis años. un viaje a costa de un boleto post-mortem, a costa de una carretera en círculos. la flaqueza de mi talante audaz, que tan débil y cobarde se ha mostrado. un par de intentos de suicidio, míos, y una multitud de intentos de los miles de otros que todos los días mueren por mí. un arco tensado. una flecha que vuela y muere en la tierra. la oportunidad de confirmar que todo eco de la vida es la afirmación de la muerte. o su reafirmación. una multitud de hijos que se resumen en una hija a la que soñaré de muerto y de toda eternidad posible. una delicia propia que se cayó en algún lugar del medio oriente. un derrame de vino en una etapa de abstinencia. el deslumbre de todo lo que oscurece. la salida de todo arribo imaginable. una antiquísima compañera que estaba dispuesta a saltar conmigo, y su despedida, y su indiferencia. un destello de cordura y un destello de destellos que se niegan. un árbol que me vio crecer y el mismo árbol que me vio perder y el mismo árbol que desearía que mi cuello se quebrara por su impulso (árbol de mañana, de interés bursátil, de acabada delincuencia). un avión que no iba a volar a ninguna parte. un destierro sin fiebre, un destierro sin tierra, un destierro con toda la tierra posible. la posibilidad del amor. la posibilidad del desamor. la posibilidad de pensar que ni lo uno ni lo otro existen. un muro de hormigón que se conmovía cada vez que caía una bomba, o que una mujer apoyaba su cabeza contra él, o que mi hija corría a mi regazo como una certeza absoluta. una sombra que soy yo mismo, en mi indiferencia, en la mía, en la intransferible indiferencia que

nunca he perdido.


30
Dic 06

Amar es enterrar

To love is to bury, foto original de radio-diablo.

“To love is to bury” es el título de una canción de los Smashing Pumpkins. Hace unos días, durante el sepelio de la bisabuela de mi hija, estaba recordando precisamente esa canción. Precisamente esas palabras. Amar es enterrar. Este año murieron demasiadas personas (supongo que miles, millones), personas cercanas a mí. El Johnny MHO, Stella Cross, ahora Josefina.

Josefina fue una persona bella por el simple hecho de que fue la única persona que conocí que me hizo sentir bienvenido en el mismo instante en que vi sus ojos por primera vez. No me preguntó nada, ni con la voz ni con la mirada. No cuestionó nada. Sólo me miró y me hizo saber con esa mirada que era bienvenido. En un mundo como este, donde nadie es bienvenido, donde todo el mundo se odia de entrada, de primera impresión, eso fue casi un milagro y me hizo apreciarla de inmediato.

Luego Josefina se convirtió en la bisabuela de mi hija, más por un accidente que por otra cosa. Una coincidencia genética, podríamos llamarla: era la abuela de la madre de mi hija.

Y bueno. La muerte la encontró, vieja y valiente y dispuesta, el pasado 26 de diciembre.

Vale Josefina. Tengo ya quién me de la bienvenida al otro lado. Eso es otro milagro.

Descanse en Paz.


22
Jul 03


miro a eva y siento que no la conozco. la miro y siento que no conozco a nadie. es lo más parecido que conozco a la inocencia.