literatura


3
Ene 10

Un hombre viejo y peludo le enseña sus gatitos a Jean

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Además de ser un retrato inefable de la tensión sexual (y no sólo de una tensión sexual simple, sino de la que se establece entre un hombre mayor y una mujer relativamente joven) llama la atención en esta imagen la impudicia con la que Ernest Hemingway le enseña la panza a Jean Patchett. “¿Le gusta acariciar a mis gatitos?”, parece preguntar la mirada lúbrica del viejo y gordo Ernest, a lo que la joven Jean responde con una caricia cómplice a los pectorales del gato y con esa mirada perdida de las mujeres que anticipa otras complejidades; la mirada perdida en los pectorales de Ernest, por si no quedaba clara la señal enviada por la caricia fugaz obsequiada al gato. Si después de esto no hubo por lo menos un acostón de magnitudes épicas, toda la escena y la foto no tendrían sentido.

“¿Un juguito?”, preguntó Ernest después del sexo; o sea, demasiado tarde. Se perdona; son las distracciones propias de relacionarse con una de las modelos más famosas de su tiempo.


5
Jun 08

a.r.t.a.u.d.

Derrotado, estaba vivo. Acuñado en sí
como una moneda de barro. Acuñado en sí
tendiendo al mismo río, a la misma orilla
frigio como gorro y revuelta, salivando
bajo fondo de la palabra y el estruendo
casi vivo en fulgores. Artillero de tablas
en un barco que nació hundido, en el fondo
estable de un mar de inquina y no decir.
Rabia en espera, decidido, febril disparo
fanático en tiempo de fe retráctil, disparo
del lado del momo, del flato, de tripa
arte nuevo desde el culo, abrigando un sin
sentido de los huesos, voz y calavera
hollín del incendio. Arma sin calibre
vista doble de un ciego, sus manos abrazaban
abrasaban de luna la ausencia de estas nubes.
Tiene un nombre en mí, un hombre en nadie
un barco, una vagina, una guerra por decir
y una paz que no se nombra. Biógrafo
del infierno, cineasta de Dios y olvido.
Amante del protector de dientes y la sábana
la convulsión de la sala de terapia y el foco
que se eleva y parpadea. Despótico, camina de lado
donde no hay espacio, y se queja, y se abre. Vence.
Claro vencedor, se derrota. Derrotado
estaba vivo.

Ayer me puse a pensar en Artaud. Lo hago cada tanto: pensar en alguien como él es como pensar en una oscuridad y evocarla con la mente para materializarla en ese espacio vacío que queda siempre entre nuestras manos y nuestro corazón (¿cómo?, ¿nunca habían notado que hay un espacio siempre vacío entre nuestras manos y nuestro corazón?). Pensar en Artaud es para nada práctico; es inútil, vacío y por eso entrañable. Me imagino que los creyentes de cualquier religión sufren un proceso parecido; con la salvedad de que pensar en Artaud corre un riesgo ínfimo de llevarnos de la mano, como idea, a la imbecilidad. Aunque los he visto, que conste. Como sea, pienso en Antonin Artaud y me lo imagino siempre como el Marat del “Napoleón” de Abel Gance. Jean-Paul Marat, el loco, el asesino, el revolucionario, el radical, el del pueblo, el cristo que masacra. Artaud, lo mismo. Uno el eco del otro; ambos muriendo de una puñalada en la bañera, sin revolución, despojados del todo. Y Artaud, un puente entre él mismo y el otro. Artaud, siempre un puente, siempre fibroso. Artaud, mirando al cielo, con la toalla en la cabeza. Artaud, el Momo, vivo.


9
Mar 07

Balada de los Esqueletos

Versión en vivo y en video de la Balada de los Esqueletos, de Allen Ginsberg, acompañado por Paul McCartney. Grabado en vivo en el Royal Albert Hall el 16 de octubre de 1995.

Cortesía del Radio-Diablo.


15
Dic 05

erupción (y retos)

la erupción de la formalidad, del asiento del oficinista, de la cruz de cristo. lava en cada rincón de la fé, en cada niño que reza incado en su cama con la frente abatida de pecados. fuego transitando líquido por los pechos de una monja callejera.

cada humo que veas. cada incendio. cada cadáver. cada pedazo de nada vuelto carbón en esta hoguera. cada ardor. cada uno. cada una. reliquias de esta erupción que ahora somos.


Retos para poetas jóvenes
por Lawrence Ferlinghetti
(traducción de daniel iván)
Inventen un nuevo lenguaje que cualquier persona pueda entender.
Escalen la estatua de la libertad.
Alcancen lo inalcanzable.
Besen el espejo y escriban sobre lo que vean y escuchen.
Dancen con lobos y cuenten estrellas, incluyendo aquellas que no se pueden ver.
Sean ingenuos, inocentes, no cínicos, como si acabaran de llegar a la tierra (lo cual es cierto en su caso, lo cual es cierto en todos los casos), sorprendidos por aquello a lo que han arribado.
Escriban periódicos llenos de vida. Sean reporteros del espacio exterior, enviando despachos a ese supremo editor que aún cree en el descubrimiento total y que tiene poca tolerancia al aire caliente.
Escriban un poema sin fin acerca de sus vidas en la tierra, o en donde sea.
Lean entre líneas el discurso humano.
Eviten lo provinciano, vayan por lo universal.
Piensen subjetivamente, escriban objetivamente.
Imaginen largos pensamientos en frases cortas.
No vayan a talleres de poesía; pero si van, no vayan a aprender “cómo” sino a aprender “qué” (Qué es importante escribir).
No se dobleguen ante críticos que no hayan escrito grandes obras maestras.
Resistan mucho, obedezcan menos.
Liberen en secreto a cualquier ser que vean en una jaula.
Escriban poemas breves sobre la voz de la aves. Hagan realmente lírica su lírica. Los cantos de las aves no están hechos con máquinas. Den a su poema alas para que vuele sobre las copas de los árboles.
La multicitada máxima de William Carlos Williams, “No hay ideas sino en las cosas”, está bien para la prosa, pero le da un golpe de muerte a la lírica, ya que las “cosas” están muertas.
No contemplen su ombligo en la poesía y piensen que el resto del mundo pensará que es importante.
Recuerden todo, no olviden.
Trabajen en una frontera, si pueden encontrar alguna.
Vayan al mar, o trabajen cerca del agua, y remen su propio bote.
Júntense con poetas pensantes. Son difíciles de encontrar.
Cultiven la disidencia y el pensamiento crítico. “El primer pensamiento es el mejor pensamiento” es una idea que tal vez no funcione para la mejor poesía. El primer pensamiento podría ser el peor pensamiento.
¿Qué hay ahora en su mente? ¿Qué traman? Abran la boca y dejen de murmurar.
No sean tan “de mente abierta” que sus cesos se les salgan.
Cuestionen todo y a todos. Sean subversivos, confronten contantemente a la realidad y al estatus quo.
Sean poetas, no mercachifles. No abastezcan, no complazcan, especialmente no lo hagan con sus posibles audiencias, lectores, editores o publicistas.
Salgan del clóset. Ahí adentro está oscuro.
Levanten las persianas, abran las ventanas de par en par, desháganse de sus techos, desatornillen las chapas de las puertas, pero no pierdan los tornillos.
Comprométanse con algo que no sean ustedes mismos. Sean militantes. O extacíense.
Ser un poeta a los dieciseis años es tener dieciseis años, ser un poeta a los 40 es ser un poeta. Sean ambos.
Levántense y tiren una meada, el mundo está en llamas.
Tengan un buen día.
Leído por pirmera vez en el 17° Festival Anual de Poesía Preparatoriana de San Francisco, febrero 3, 2001.