Vivir con la convicción de un asesino. Asumir la querella, la delectación de un paraguas, asumir la sumisión a nadie, el amor calibrado de una máquina. Siento la voz de dios que recorre mis venas, con la calidez del vómito o la simplicidad del final de una fiesta: se apagan las luces, se queda flotando el olor del vino, de las risas, de los amores, de las conversaciones patéticas, de los besos de una pareja de adolescentes, del sueño de un reloj. Asimétrica, la vida se asume en lo que tiene de muerte, como las hojas que caen de un árbol con la certeza de su quebranto.

Mis dedos como las huellas de un niño en la alfombra del living: rebeldes, ofensivas, perpetuando algo como un eco de flores y presagios. Perpetuando todas las sumisiones, perpetuando su sombra en la sombra de los días por venir. Mis manos como el atavío de una tormenta cuyas oleadas circundan mi naufragio.

La espiral de esta vejez que envuelve mis ojos, mis rodillas, mi verga y la precisión matemática de mi incumbencia. Parto de mí hacia el desespero de las palabras, hacia la imprecisión de los relojes, hacia la latitud insular en la que vivo. Me fabrican la insolencia, la diatriba, la repetición inocente de un disco viejo.

Allí está la sombra que me alumbra, allí el sol que me consume.

Satisfago en mí esta fiesta de estupro.

The following two tabs change content below.
Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

Latest posts by Daniel Iván (see all)