qué pequeños los santos cuando se mueren. les cuelga saliva, la comisura de sus labios se vuelve un río entumecido de muerte y óleos y bastardos. abigarran su aureola con ese sentimiento pequeño del que muere, del que no es más, ese silencio de punto y aparte. los santos mueren como si ya hubieran resucitado mil veces, con esa carga de cruces y vigilias, con esa sonrisa de pasaporte al infierno, con esa cara de idiotas que sólo los santos saben hacer cuando mueren. los santos no mueren como muere un perro, sino más bien como muere una oración, como muere una línea de tren, como muere una película porno. qué verdosa es la muerte de un santo, qué multitud de estupideces se dicen al respecto, que agria la fé de los pecadores que le lloran, del interminable, irredento, famélico, jodido, perfectamente derrotado ejército de hijos de puta que le lloran y creen que eso les gana el cielo. “blank” diría alguien. una muerte perfectamente vacía en medio del vacío.

ojalá nunca mueras como un santo. ojalá mueras como una hoguera, como una actriz porno, como un ángel de la guardia en un baño de estación de camiones. como un traficante de sonrisas.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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