Triste, como una pestaña postiza.
Triste, como el sistema de transporte público.
Triste, como una puta virando en una esquina.
Triste, como cuando se vuelca una azucarera.
Triste; triste y porfiado y adecuado y fuera de lugar.
Triste, como la dueña de un café internet.
Triste, como una chuleta de cerdo en una biblioteca.
Triste, como una tanda de vodevil.
Triste, como una adolescente a la que nunca le han dicho “te amo” y que, sin embargo, cuando se lo dicen piensa “nunca lo suficiente”; sus dedos acarician cartas de amor y navegación, cartas de tarot, cartas de reclutamiento, cartas de años. Libros de horas.
Triste, como un libro autopublicado.
Triste, como una estación de radio comercial.
Triste, como el realismo mágico.
Triste; triste y derrotado y omitido y sin sexo anal.
Triste, como un oído tapado.
Triste como un capitán de barco del sultán, flotando en los ríos de sangre de Sinop; velas arrancadas a la furia de una noche de noviembre de 1853. Las tropas desembarcan con la brusquedad de una ciruela.
Triste, como una vuelta de tuerca.
Triste, como un partido de fútbol.
Triste como una criada a la que nunca le dijeron “eres el amor de mi vida” o “te ganaste la lotería turca”.
Triste, como la escena del rock nacional.
Triste como una fiesta sin marihuana; las risas se ausentan en ojos rojos, en personas, en hoyos negros. Las puertas cierran el paso. La salida se esfuma. Estamos atrapados como niñas de internado.
Triste, como una novia plantada.
Triste, como una enfermera en un asilo de ancianos.
Triste, como un calentador de agua.
Triste, como un menú de restaurante árabe.
Triste, como una silla de escritorio a la que se le salen las ruedas.
Triste; triste y silencioso y desviado y sin signo ni concierto.
Triste, como una casa de empeño.

Triste, como una hora tarde.
Ayer, triste.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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