Su cuerpo nunca está quieto, aún en la quietud de los albores: se destaca el devenir de una curva, la línea recta de una pregunta sin sentido, el vibrante devenir de su cabello como de medusa. En cada estadio del día hay movimiento, en cada movimiento una virtud o un enamoramiento.

Puede resolverse en un beso frente a la pantalla de un computador, o como una cornisa y un salto al vacío. Puede largarte un discurso enfebrecido y luego caer en tus brazos como la imagen exhausta del Ché. Abrirse como un libro de viaje o como una colección de sellos postales. Resolver una ecuación cualquiera siempre y cuando una de las incógnitas sea un sonido, un ritmo o una mujer abierta de piernas. Deslizarse en su propio cuerpo como un historiador en una tienda de antigüedades.

Ella puede, en virtudes, marcar tu rostro de defectos: la suave claridad de su guerra contra una memoria corta, contra la hipótesis de un cuerpo grande, contra la fiebre de un día domingo.

Su menstruo cae como una sala de urgencias desolada. Y duele.

Yo, lo miro caer.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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