Adiós A Las Vegas, John O’Brien, Océano/Muchnik editores, colección Para Estar En El Mundo/El Día Siguiente, México, 1996.

Las cenizas de O’Brien, se perdieron en la corriente ventosa del Valle de la Muerte, California; ya no quedaba nada, ni siquiera el embrujo violento de ese disparo a la cabeza con el que se quitó la vida, o el embrujo vital del contrato que dos semanas antes firmara para que su novela se convirtiera en película, o el embrujo emocional que significaba el hecho de que su novela comenzara a tener un inusitado éxito. Le cumplieron el último deseo y sus cenizas se fueron perdiendo, volátiles como alcohol, volátiles como esas palabras recurrentes en su novela: whisky, vodka, tequila, sexo, violencia, tristeza, derrota, Sera y Ben y Al y una amiga que ronda coqueta y deseada, ¿no adivinan?: la muerte o, para ser más precisos, la nada. Gilles Lipovetsky lo advirtió, lo adivinó, en su elocuentemente titulado estudio filológico La Era Del Vacío (Anagrama, Barcelona, 1994): el fin de siglo traerá una caída final y abrupta de todos los —pocos— valores que quedan, incluido el único que parecía incontrovertible y básico para la agreste supervivencia de los hombres… la felicidad, la búsqueda de la felicidad. Ya no tiene caso, parece gritar O’Brien a través de sus personajes, y ellos le responden un ¿porqué no?, que parecen contradecir con sus vidas. Porque no, se responde Ben, y se hunde en su plácida caída de alcohol; porque no, se dice Sera, y se sienta a verlo morir con los ojos de su amor y de su propia tragedia de puta; porque no, dice Al, y se pierde en su locura de padrote, en su paranoica huida de una vida criminal y estúpida. Bukowsky le daba a sus personajes la esperanza de parecer divertidos en su miseria, y la esperanza de estar conformes, de estar casi orgullosos de su permanencia al margen, lo cual ayudaba, ayudaba mucho. En Adiós A Las Vegas, O’Brien le quitó hasta eso a sus chicos, y el único sentimiento que queda después de eso es el de que estamos perdidos. ¿Qué importa que Sera sea una prostituta y que Ben sea un alcohólico fracasado? Podría ser cualquiera, nos gritaría John; cualquiera de nosotros, porque él se fue ya, como una botella de alcohol destapada. Usó un cliché, la puta y el alcohólico, para que podamos entenderlo; la tragedia, el aprendizaje de la tristeza y la experiencia de la nada, sin embargo, comienzan a ser universales y nos afectan a todos. O deberían afectarnos.

Un libro conmovedor, hermoso y crudo, conseguible en cualquier lado, espero, y asequible en precio. E imprescindible, sencillamente imprescindible.

1997
Publicado originalmente en el número del fanzine Yet Len Niis.

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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