Teórico de la noche, aprendo las coyunturas de lo quieto y de lo abrupto, el modo fatuo de una bocanada de estupor y denuedo.

Creo de una manera ciega y poco juiciosa en algunas formas atávicas de la magia y del concilio, en algunas de las formas del tono y la vibración;

Testigo como he sido del almanaque y la pocilga, biógrafo del silencio y de las muchas encarnaciones del fulgor y la entrepierna.

Se han ido formando sedimentos en mi ánimo casi siempre anhelante, breves grafías de inacción y contratiempo, mapas de arcilla y humo.

En otras épocas se dedicaba tiempo infinito para analizar toda forma de la coordenada, con la esperanza de hacernos llegar a tiempo

O de acercarnos a vibrantes puntos de naufragio y colisión, para ahorrarnos en cada empresa la necesidad del descubrimiento y el aplauso.

Éramos capaces entonces de prever nuestros aparatosos fracasos y de entender el carácter matemático de la virtud y la empatía.

No existían para nadie los rigores del amor o de la alegría, vocaciones inexistentes cuando es el flujo de la muerte el que deriva en nuestra costa.

Había en todo caso una tendencia a la restauración y al intelecto falaz, a la proclamación de alturas y a las sombras abismales.

Soy sin embargo actual y trágico. Carezco de la efusividad necesaria para el goteo y la humedad, así como para el tiempo contado y la premura.

He aprendido a ansiar en mí las marcas de la vejez y la decadencia de la mente y el espíritu, que son minuciosas y visibles.

Con mis hermanos, ansío la guerra y la cicatriz, la masturbación del camino consumado y de la vela consumida;

El rigor de lo impopular y de lo poco celebrado, de la omisión del propio nombre en la organización ficticia del calendario,

Y de lo opuesto por sistema al brillo de la sonrisa y de la entrega: carentes de volumen o de sombra, caer en la forma de la nube.

Todo libro publicado o por publicarse demuestra científicamente por qué vale la pena perder el tiempo en las más briosas conjeturas.

Todo sistema adscrito o por adscribirse acude a la espera de una eventualidad catastrófica que lo justifique en su timidez dialéctica.

En otras épocas se adornaban los caminos con flores y se les marcaba con procesiones de santos y metafísicas;

El magro sentido de la justicia se entendía como el resultado de la templanza, no como la puesta a punto de una maquinaria de esqueletos.

Había abono suficiente para la consecución de algarabías y para la formación de curias en la tierra que distinguieran a los cementerios de las escuelas.

Las manos de los niños alcanzaban a temprana edad la facilidad para evocar formas crepusculares, para inventar el arco y la rueda,

La música y la balanza, la peste y la concentración energética y solar de las religiones y las siembras, tan necesarias como inevitables.

Soy sin embargo actual y trágico, enemigo de los tiempos de la sencillez y la memoria, exiliado acaso del brillo fácil de lo bueno.

Me separan siglos del significado profundo y del encuentro con los otros; atado de manos y pies me mezo inmóvil sobre mi propio eje.

Y mi órbita se ha calculado sin accidentes ni consecuencias, arrebatada al recuento de la historia o las costumbres, a las que antes me ceñía.

Harto del rigor de esta insurgencia, de este reinicio de la historia, devoro como Saturno toda anatomía que me lleve al futuro o al tremor.

Permanezco entonces intacto entre los despojos de mis hijos y mis hijas, entre ruinas de carácter, de entereza, de jade y sal.

Gomorra yace meridional sobre la tierra, impulso de sombras, imperio de lo sabido por todos, orgía que nos vio nacer y morir.

Soy, sin embargo, actual y trágico. Faro de luz e inconsecuencia.

 

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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