La luz se va por horas y nos queda sólo un remedio infalible: torturar al gato. En esta ocasión, Momo se puso colaboracionista y posó mientras La Maga lo hipnotizaba con una pelota, y se balanceaba en la hamaca del comedor. Los gatos desafían la gravedad con una parsimonia que da envidia. Vuelan como embrujados.
Otras tomas de esa tarde de apagón:













